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14 diciembre 2011

Fanfic Siempre juntos


¡Hola! Después de un tiempo vuelo con un fanfic de uno de mis juegos favoritos ^^
 Kingdom Hearts 

Es un "one-shot" (creo que se dice así xD) sobre Riku, Sora y Kairi cuando son pequeños e inocentes y aun no 
saben nada de los otros mundos.

Espero que os guste ^^ 


La brisa salada entraba por mi ventana semi abierta. Hacia un tiempo muy bueno, soleado pero no muy caluroso, típico de los primeros días del verano.
Hacia unos días había tenido una idea genial que seguro que a los chicos les iba a encantar, así que empecé a bajar todas las mañanas a la playa a recoger las conchas que traían las olas a la orilla. Justo esta mañana termine de llenar el cubo de conchas bonitas así que ahora había que ponerse a trabajar. Nada más terminar de comer me encerré en mi cuarto, saqué del armario el cubo de conchas y el costurero y me puse manos a la obra.
Seleccioné las conchas más bonitas para unirlas con hilos entre sí formando una estrella, me llevó bastante tiempo pero no me quedó nada mal. Una vez acabado el primer regalo, lo miré sonriente y lo dejé encima de la mesa con cuidado. Ese era para Sora, y el siguiente sería para Riku.
Cogí dos conchas para empezar a unirlas con el hilo cuando de pronto una chinita impactó contra mi ventana. Al asustarme dejé caer las conchas al suelo con tan mala suerte que una de ellas se rompió. Las recogí y apretando los pequeños pedazos en el puño me asomé a la ventana para ver quién me llamaba. Era Sora, que me esperaba sonriente bajo mi ventana.

- ¡Ven a jugar Kairi! - gritó con energía nada más verme.

- No, hoy no puedo – su sonrisa desapareció levemente.

- ¿Por qué no? Yo quiero que vengas a jugar conmigo.

Su suplica no hizo más que ensanchar mi sonrisa y animarme a terminar los regalos.

- Es que ahora no puedo ir, ves a jugar con Riku

- Riku se ha ido a la isla sin mí y mi papá no me deja ir solo – me explicó dándole patadas a la arena – además, yo quiero jugar contigo – confesó sonrojándose.

- Ahora estoy ocupada pero luego más tarde iré a jugar contigo

- ¡¿De verdad?! - dijo entusiasmado

- ¡Sí! Y seguro que Riku ya habrá vuelto,  jugaremos los tres juntos  – a Sora se le volvió a escurrir la sonrisa.

- Vaaale – dijo mientras se metenía las manos en los bolsillos y se marchaba.

Me quedé un rato en la ventana mirando como mi amigo se alejaba hacia la playa mientras me daba el fresco aire marino en la cara haciendo revolotear mi pelo rojizo. Entonces noté un dolor punzante en la palma al apretar un poco el puño y recordé que las conchas de Riku se habían roto. Abrí la mano para encontrar los pedazos desperdigados por mi palma. Tenia que poner todo mi empeño en hacer su regalo. Volví a la mesa, dejé los pedazitos amontonados cerca del cubo y empecé de nuevo con el regalo de mi amigo. Escogí las conchas para que tuvieran todas el mismo tono y me fije en cada detalle a la hora de unirlas con el hilo. Tardé un poco más pero el resultado fue inmejorable. Ahora tocaba hacer el mio, escogí las conchas que tuvieran tonos más rosados. Esta vez no me fije tanto en los detalles y tarde menos pero igualmente me gustó mucho el resultado.
Junte los tres regalos en la mesa y me los quedé mirando un rato. La verdad, se veían geniales, me habían quedado muy bien para ser la primera vez que hacia algo parecido y estaba segura de que les iba a encantar. Esa misma tarde cuando estuvieramos juntos se los daría.

- Kairi, a venido Riku a verte.

Antes de que terminaran la frase ya estaban llamando a la puerta.

- E-espera un momento – dije para ganar tiempo.

Corriendo, busque una bolsa para guardar los regalos y la deje en el escritorio detrás de un marco de una foto de la playa de forma que no se viera. Luego, me arregle la ropa y el pelo y abrí la puerta de mi habitación.

- Hola Riku

- Hola kairi, has tardado un rato en abrirme

- ¿Eh? Que va, es que estaba... er... cambiándome de ropa

Se me da muy mal mentir, lo se, pero esta vez Riku se sonrojó un poco así que parecía que había colado.

- Sora me ha dicho que has ido solo a la isla – me apresuré a cambiar de tema.

- Si, es que tenía una cosa que hacer allí. ¿Sabes las frutas en forma de estrella que crecen en el árbol de la isla?

- Paopu, dicen que quienes la coman estarán siempre unidos.

- Kiari – Riku me tendió la fruta estrellada – comamos junt...

- ¡Riku! ¡Has traido el paopu! Es una idea genial, busquemos a Sora y comámosla los tres.

- ¿Qué? No... esp...

Cogí la bolsa escondida de los regalos y arrastré de la mano a Riku fuera de casa mientras balbuceaba alguna cosa que no logré escuchar. Estaba muy emocionada, con el paopu mis regalos tendrían mucho más efecto. Seguro. Encontramos a Sora cerca de su casa así que lo cogí de la mano y los llevé a los dos al muelle donde estaba la barquita que cogíamos siempre para ir a la isla.
Ya estaba anocheciendo y las primeras estrellas ya saludaban desde el cielo. Los chicos me miraban expectantes. Riku estaba muy serio, parecía algo desilusionado y Sora estaba desconcertado pero ambos pusieron cara de asombro cuando les mostré lo que había en el interior de la bosa.

- Esto son amuletos “siempre juntos” - les di a cada uno su amuleto en forma de estrella – Si los tres las llevamos no nos separaremos nunca.

Sora abrio mucho la boca, como queriendo decir algo pero no le salían las palabras, solo lo cogió y lo miró como quien contempla un gran tesoro.

- Es precioso Kairi – dijo Riku.

- Así que esto es lo que estabas haciendo esta tarde ¿verdad?

- Sip. Y ahora se que van a funcionar de verdad, Riku a traido la fruta con forma de estrella de la isla.

Durante unos segundos los dos amigos se miraron con los ojos entrecerrados, como discutiendo sin mediar palabra.

- La tomaremos los tres juntos

- ¡¿Qué?! - dijeron a lo unisono.

- Nos la comeremos los tres juntos. Morderemos a la vez, cada uno por una punta.

Los dos se miraron de nuevo pero esta vez sonreían. Me puse entre los dos ofreciendo la fruta. Yo mordería la punta de arriba y ellos cada uno la de un lado.

- A la de tres. ¡Tres!

Los tres mordimos a la vez. Nuestras cabezas se juntaron en el centro con la fruta. Tenía un sabor maravilloso, dulce y fresco y de pronto, una sensación de agradable calidez se instaló en mi corazón. Miré a uno y a otro y supe que ellos también la estaban sintiendo. Los tres nos abrazamos con fuerza y supimos, que pasara lo que pasara, siempre estaríamos juntos.



25 octubre 2011

Dance with the devil



Me llevé a la nariz la copa con el liquido transparente. Parecía agua pero no me fiaba así que la dejé en la mesa. Estaba aturdida. Sentía el cuerpo entumecido y me costaba pensar. No entendía nada, me había despertado sentada en esa silla y nada más. No recordaba nada.
Miré a mi alrededor. Era una sala de baile poco iluminada y abarrotada de personas con ropas y peinados elegantes. Imperaban el color negro, blanco y gris. Solo esos tres colores por todas partes. La música era melodiosa y un tanto tétrica pero no sabía de donde salía, miré por todas partes pero no veía ningún músico ni ningún aparato que la reproduciese. Tan solo veía a gente riendo de forma siniestra y parejas bailando dando vueltas sobre si mismas en un eterno vals.

Me di cuenta que llevaba puestos unos guantes negros al apartarme un oscuro mecho de la frente. Me los quité al instante ya que no eran míos y entonces me fije que llevaba un vestido que no recordaba haberme puesto. Era de seda negra, largo hasta más abajo de las rodilla y ceñido al cuerpo. De cuello de camisa redondo y mangas cortas un poco abombadas. Al ser ceñido resaltaba mis pechos y una cinta también negra apretaba mi cintura. Tanto las mangas como la falda terminaban en encajes con motivos florales. La verdad es que me pareció un vestido precioso pero me desconcertaba cómo podía llevarlo puesto. Calzaba unos zapatos con un poco de tacón que me parecieron de esos que llevan las niñas buenas y en mis muslos notaba la goma de las medias blancas. Me llevé las manos a la cabeza. Viendo el estilo de las personas del baile esperaba encontrarme con un complicado recogido pero solo llevaba puesta una diadema y mi pelo caía lacio sobre mis hombros. La elegancia también puede encontrarse en la simpleza de una diadema, pensé, y me alegré de ello.

Aún me encontraba indispuesta y por mucho que me esforzara por intentar recuperar aunque fuera un vago recuerdo de cómo había llegado hasta ahí o de quién me había arrastrado hasta ese oscuro baile era inútil. Mi mente estaba vacía y agotada.
Me sentía realmente cansada y tan solo quería marcharme de aquel extraño lugar. Localicé las puertas dobles que me sacarían de la sala y me levanté con decisión, pero fuertes manos me agarraron por los brazos y me retuvieron en la silla. Barios hombres y mujeres hicieron un corrillo a mi al rededor mientras reían y decían cosas que no lograba entender. Iban enmascarados. Todos tenían puestas mascaras venecianas. Unas más simples, otras más elaboradas pero todas en tonos oscuros. Y a mi cansada mente se le ocurrió una pregunta más que añadir a mi mar de dudas. Si era un baile de máscaras, ¿por qué yo era la única que no llevaba una? No me molesté en buscar una respuesta, solo quería salir de ahí cuanto antes. Los enmascarados seguían haciéndome corrillo pero ahora ya no estaban pendientes de mi, reían y hablaban entre ellos así que decidí aprovechar la ocasión. Me volví a levantar y los sorteé, pero no llegué mucho más lejos de tres míseros pasos. Un hombre me cogió por la cintura arrastrándome a la pista de baile. El contacto de nuestras manos me reveló que sus guantes blancos también eran de seda, al igual que su chaleco negro sobre la camisa gris oscuro con las mangas remangadas. Intenté escabullirme pero no estaba lo suficientemente lúcida y mis movimientos eran lentos. A cada torpe intento me cogía otro hombre para dar vueltas al son de la música. Sin darme cuenta bailé la pieza entera de vals cambiando de pareja en cada giro. Me encontraba mareada. Por la situación y por haber pasado los últimos tres minutos dando vueltas, y las risas y las máscaras no me ayudaban nada. Me agarré al hombre con el que había terminado la ultima vuelta para no caer de bruces al suelo. Éste rió, y su risa me heló la sangre. Sin duda había algo extraño en esas personas, algo oscuro y peligroso.
La música cesó y los enmascarados se quedaron quietos como estatuas de sal. No más música, no más risas, no más parloteo. Por unos instantes todo quedó en silencio. El hombre me soltó y se alejó de mi en dirección a las puertas dobles, todos los demás lo siguieron. Les imité, pero nadie me dejó llegar a la salida, nadie me dejó avanzar un solo paso hacia las puertas. Una marea de vestidos elegantes y mascaras venecianas abandonó el lugar dejándome totalmente sola en esa sala grande, oscura y fría.

Estaba apunto de desplomarme cuando el sonido de una manivela me alertó. Alcé la vista para encontrarme con unas escaleras en las que no había reparado hasta el momento. Mármol, sin duda. Unas escaleras anchas de frío mármol blanco, y arriba del todo una mujer cerraba una puerta con delicadeza tras su espalda. Era alta, y llevaba un vestido de seda negra. Sin vuelo, la falda caía lacia hasta sus pies ocultando unas largas piernas de las que solo se podía advertir su blanca piel por el corte lateral de su vestido que se abría al caminar. El contoneo de sus curvas al bajar los escalones era hipnótico y sus generosos pechos se balanceaban levemente con cada paso. Se acercaba, y todo apuntaba a que tenía que huir de ese lugar, de esa mujer. Sin embargo, atraída por una fuerza extraña, fui a su encuentro en mitad de la pista. Su máscara ocultaba la mitad de su rostro pero supe que era hermosa. De rasgos afilados enmarcados por mechones claros de su corta cabellera y unos labios finos, bien dibujados.

La música volvió a sonar desde cuál fuese el lugar del que salía. Otro vals. La mujer hizo una reverencia y esperó a que la correspondiera. Sin ser dueña de mis actos, recogí mi falda y bajé la cabeza. Deslizó suavemente sus dedos por la palma de mi mano hasta estrecharla y posó la otra mano sobre mi espalda. Asintió a mi expresión desconcertada, desconcertándome aún más. Comenzamos nuestro baile dando vueltas y vueltas sobre nosotras mismas. Las notas de piano hacían que se movieran mis pies en pequeñas y lentas zancadas y la belleza de la mujer y el poder oscuro que desprendía en cada movimiento se encargaron de poner mi mente en blanco, dejándome totalmente a su merced.

No podía apartar la mirada de esa boca perfecta, extrañamente de color carmín intenso, rompiendo con la estética oscura. Ella sonrió y se relamió dejando ver una lengua puntiaguda que, muy lejos de horrorizarme, me excitó. Paró nuestro baile ¿se habría dado cuenta? Me sonrojé ligeramente al pensar en esa posibilidad y ella volvió a relamerse. Con parsimonia, se deshizo de su máscara dejando al descubierto unas largas pestañas y unos ojos negros sin pupila. Acortó las distancias entre nuestros labios y sin darme opción introdujo su lengua en mi boca. El rubor encendió mis mejillas al sentir su jugueteo. Bajó las manos lentamente hasta posarlas en la parte baja de mi espalda y me apretó contra su cuerpo. Nuestros pechos se juntaron y al moverse crearon una fricción deliciosa entre la seda y la piel. La mujer se separó unos centímetros para contemplar mis ojos brillantes y mi boca entre abierta pidiendo más de ella entre suspiros. Su amplia sonrisa me volvió loca. Bailamos la pieza de vals dando furiosas vueltas hasta que mi trasero dio contra un altar sobre el que me tumbó. La lujuria en su mirada hizo que mi rubor se concentrara en más partes a demás de en mis mejillas. Sus besos y sus caricias eran las más fogosas que había sentido jamás. No tardó en levantarme la falda y tirar de la goma de mis medias. El dolor en mis muslos me resultó terriblemente placentero y algo me decía que todo con ella iba a ser así.


18 septiembre 2011

Harley soul


El viento árido me pega en la cara y el sol destella en mis gafas de sol. El cuero de mis guantes cruje al acelerarla. Suerte que en ese desierto del infierno no este la pasma para tocarme las narices.
Hago un giro brusco para no despeñarme barranco abajo y el derrape levanta una nube de polvo bestial. La adrenalina corre rápida por mis venas y mi grito se alza triunfal por haberme reído de la muerte una vez más. “Algún día te mataras de verdad” es lo que me decía a menuda esa zorra de mi mujer. “Tranquila nena, no tendrás esa suerte” es lo que yo le contestaba siempre. Cuanto más me lo decían más disfrutaba de mis escapadas, más me acercaba al borde, más vivo me sentía. ¿Rebelde sin causa? Yo creo que sentirse vivo y libre es una causa más que buena. Me la suda que no lo entiendan. Solo mi pequeña me comprende, y yo la comprendo a ella. Gasolina de la mejor calidad, cuero del bueno para el asiento y un buen mantenimiento que la dejara siempre brillante y apunto. A nadie le dedico tanto tiempo como a mi harley.
You could be mine” sonaba en mi cabeza mientras sorteaba los cactus y volaba con los cambios de altura. Me encanta que este terreno hostil no sea llano. Es jodidamente perfecto. Aunque le pasa factura a la harley, no escatimo en mecánicos. Tengo a los mejores trabajando en mi pequeña. La gente dice que quiero más a mi moto que a mis propios hijos. Je, no saben cuanta razón tiene. Amenazaron con quitármela, cabronazos, han salido todos a su puñetera madre, de ahí que no les tenga demasiado aprecio. Su única misión es sacarme toda la pasta que gano en el taller de este maldito pueblucho dejado de la mano de Dios. Y mi única vía de escape es jugármela en este precipicio.
El sol se perdía entre las montañas. Hora de volver a casa. Aceleré una ultima vez antes de llegar a la carretera donde la pasma, que me tenían fichado, estarían esperando que tuviera un desliz para ponerme entre rejas.

Al llegar limpié la moto pero esta vez no la cubrí con la sabana para esconderla. La deje bien a la vista. Me sacudí el polvo de mi chaleco sin mangas y me pasé un trapo por las botas. De vuelta al hogar, si señor. Algo me decía que hoy iba a ser la noche definitiva. Abrí la puerta de una patada pero nadie se inmutó. Encontré a mi mujer y a mi hijo pequeño durmiendo en el comedor entre botellas de alcohol barato. Sin duda habían estado toda la tarde bebiendo mano a mano. Los gemidos de una extraña llegaban desde el dormitorio del mayor, no me hizo falta asomarme al pasillo para saber que se la estaba tirando a cuatro patas con la puerta abierta. Esa era la canción de todos los días. Me pregunté donde estaba el mediano y no tarde mucho en encontrarlo. No debió de escuchar mis botas entrar por la puerta y eso me dio la ventaja. El cabrón había abierto mi caja fuerte y estaba guardando los fajos en una funda de almohada. El muy canalla no tenía ni para una bolsa decente. Le cogí por la camisa y le descargue toda mi ira en la cara. Lo tumbe de un solo puñetazo.

Era cierto. Esa noche era la definitiva. Sin pensármelo dos veces llené el petate con mi ropa y guarde mis efectos personales y el dinero en los bultos de la harley. Me largaba de allí para siempre.

Podrías ser mía, pero estas fuera de linea. Con tus palabritas de puta y tu lengua de cocaína no tienes nada echo... Dije que tu... podrías ser mía”
You could be mine” Gran canción, aun seguía en mi mente sonando con más fuerza que nunca mientras me preparaba.

Debí hacer esto hace mucho tiempo pero bueno, mejor tarde que nunca. Al fin viajaría libre con mi pequeña sin estar atado a nada ni a nadie. Me apreté la bandana en la cabeza, me ajuste los guantes y la acelere un par de veces. Me daba igual que se despertaran y salieran a ver mi partida o que se quedan en casa como si yo no fuera nadie para ellos por que para mi ya no eran nada.

Encendí el faro y me alejé por el horizonte en busca de mi destino dejando volar alto mi alma de motero.  


29 agosto 2011

Nueva finalidad

¡Hola a todos!

Como dice el titulo, he decidido darle a este blog una nueva finalidad. 
¿Os acordáis que en la primera entrada dije que mi intención era publicar historias de vampiros y algún que otro drama? Pues bien, yo quería publicar sobre cosas paranormales y el único apartado que ha ido creciendo es de drama romántico... Me había ido del tema principal completamente y ya es hora de remediarlo.
Me he dado cuenta de que no puedo publicar sobre vampiros por que todo lo que tengo son historias largas que, o bien no continuo o no están bien montadas. Es una lástima pero es así y me niego a seguir siendo mono temática. Es un royo... A demás de que no me gustaba nada el tono que le estaba dando.

Aún así, después de meditar si dejarlo de lado o no, he decidido continuar. Aunque no sea muy comentado si que lo visitáis y eso me anima un poco. 
A partir de ahora publicare relatos cortos de cualquier cosa que escriba y continuaré subiendo capítulos de ¡Ay Ana! 

Y como he cambiado la finalidad también he cambiado el diseño y la distribución. Estaba un poco harta de verlo todo tan oscuro aunque sigo manteniendo la estética de negro y rojo. ¿Os gusta? 

En fin, espero que disfrutéis del blog ^^ 
Aprovecho también para traeros mi nuevo blog de temática fantástica "Bajo el ala de mi dragón" 


Gracias por leer ^^

26 agosto 2011

Premio al seguidor más fiel

Athenea me otrogó este premio desde su blog Fight For Rock por ser seguidora fiel desde el comienzo de la historia. Muchisimas gracias ^^

4. El mundo contra mi


- ¡Increible! - suspiró.

“Sí, increiblemente estúpido” Pensó Ayana. 
Lucy y ella salían del almacén con un par de botellines cada una cuando el espectáculo que se estaba dando en la barra las hizo parar en seco. Morgan estaba preparando combinados haciendo malabares con las botellas de alcohol. Nunca habían visto algo parecido tan de cerca. Sus admiradoras, una panda de fans consumadas que lo seguían de local en local (chicas who, en opinion de Ayana), no paraban de gritar y saltar, animándolo.
Ayana puso los ojos en blanco. Había estado rezando todas las noches para que Megan lo despidiera hasta que se enteró de que justamente lo contrató porque ya sabía que era un camarero de éxito. La jefa no paraba de repetir que haber contratado a alguien tan profesional, guapo y experto era lo mejor que había echo hasta el momento. Y es que, por muy mal que le cayera y por muy pretencioso que fuera, Ayana tenía que reconocer que era todo un profesional y muy bueno en su materia. En casi un mes que llevaba trabajando allí había duplicado la popularidad y las ganancias del pub y se había integrado a la perfección. Tampoco dejaba que se le subiera a la cabeza el echo de tener fans. En eso le recordaba a su hermano: seductor y selecto. No le extrañó nada que se hicieran amigos tan rápido. A pesar de todo aún albergaba esperanzas.... que poco a poco se iban debilitando cada vez que veía a Megan haciendo planes de futuro que lo incluían. Ya tenia en mente cambiar el sistema de sonido por uno mejor y estaba decidiendo qué grupo contratar para el primer concierto. De todos era sabido que organizar conciertos era una de las cosas que mas deseaba y hasta el momento no había podido hacerlo. Los grupos decentes eran caros y no podía permitirselo pero ahora que había llegado Morgan eso iba a cambiar. Estaba muy ilusionada. 
El chico se giró hacia ellas y les dedicó una breve sonrisa. Lucy suspiró otra vez.

- Como sigas así se te va a salir el alma por la boca 

- Que se la quede, es toda suya – dijo más para si misma que para su compañera.

“¡Increíble!” bufó. Lucy estaba totalmente embobada mirándole. Desde hacia ya una semana se pasaba el día en su mundo fantástico de unicornios rosas y arco iris soñando con el chico y no podía culparla. La había atrapado en sus redes de miradas verde intenso y sonrisas profident. 
Ayana lo miró con los ojos entrecerrados. Morgan, que ya había terminado el espectáculo y despachado a sus chicas, la estaba escaneando de arriba a abajo hasta que se dio cuenta de que lo había pillado con las manos en la masa y clavó sus bonitos ojos verdes en los de su compañera. Ella le echo la mirada más asesina que pudo esperando que se cortara un poco pero nada más lejos de la realidad, él le dedico su sonrisa más descarada, desarmandola. 
Ayana, indignada, se marchó antes de poder ver lo celosa que se había puesto Lucy. 

“Guaperas descarado...” Maldecía Ayana más tarde, mientras recogía una mesa. Unas palmadas en el hombro la asustaron, sacándola súbitamente de sus pensamientos.

- Acompañame – dijo solamente.

Nunca había visto a Megan tan seria. Su mirada era dura y sus voz sonaba amenazante. Ayana, muy desconcertada, dejó la bandeja en la barra y la siguió. “Qué pasa...” Su jefa andaba rígida y con los puños apretados, sen silencio. Incluso una vez sentadas en el despacho, una enfrente de la otra, seguía sin decir nada creando una tensión en el ambiente que se podía cortar con cuchillo, o en el caso de Ayana, con mini katana. Megan seguía callada, con los dedos entrelazados delante de la boca y la mirada perdida, quieta, muy quieta. Parecía que estuviera meditando cuál era la mejor manera de dar una mala noticia. Que estuviera escogiendo las palabras adecuadas. La chica, muy nerviosa, rompió el silencio.

- ¿Q-qué pas...? 

- Ayana – la corto – ¿sabes por que te he llamado? - ella negó con la cabeza sin atreverse a abrir la boca, se quedó helada. Megan hizo una pausa antes de hablar – Hemos levantado este local con mucho esfuerzo. Trabajando sin descanso, dejándonos la piel. Hemos tenido que trabajar el doble... por ti. Eres torpe – sintió como si la acabara de abofetearla – no se te ha dado bien ninguno de los cargos que te encargaba. Se que te esfuerzas. Te he dado muchas oportunidades porque no quería recurrir a lo peor – los ojos se le anegaron de lágrimas. Iba a hacerlo. Iba a despedirla... – y ahora... 

Ayana empezó a balbucear cosas inteligibles mientras las lágrimas le rodaban mejilla abajo sin poder contenerlas pero Megan no las vio. Había saltado de la silla para tirar confeti por los aires.

- ¡Eres una buena camarera! - gritó muy efusiva. Todo el teatro de jefa enfadada había desaparecido para dar paso a la Megan loca de siempre - ¡Felicidades! 

- ¿Qué? - se quedó en shock 

- ¡Lo haces genial! - la abrazó fuerte pero Ayana no se movió – Camarera. ¿Cómo no se me ocurrió antes? No tienes que tocar cables ni botellas, ¡es perfecto para ti! - estaba emocionada y hablaba deprisa - ¿Y sabes qué? tienes un admirador, mira. - Abrió la puerta y metió en el despacho de un tiró a un chico rechoncho, feo y con gafas gruesas. Antes de que el nerd pudiera decir hola lo sacó de allí de un empujón – Bueno ya se que no es como las admiradoras de Morgan pero por algo se empieza. Eres guapa y tienes tu tipito, las camareras como tu son las que atraen a los clientes y eso es fantástico para el negocio. 

Ayana aún estaba perdida así que tras el discurso de la chica analizó la situación. Primero la iba a despedir. La había echo llorar, ofendiendola con palabras duras y luego le tiraba confeti... ¿Pero qué narices era eso? Por un momento vio el símbolo del dólar dibujado en los ojos de la despiadada Megan y no pudo más. Se levantó de golpe tirando la silla, estaba rabiosa pero se recordó que la que tenía delante era su jefa.

- Así que es eso... - dijo controlándose – Así que te alegras de que hayas encontrado algo en lo que te pueda dar más dinero. 

- Ayana, que est... 

- Me ibas a despedir – levantó la voz – me has dicho en pocas palabras que no sirvo para nada... 

- Mujer, era para darle dramatismo – se excusó – No te enfades 

- … y luego me tiras confeti a la cara ¡¿acaso te estas riendo de mi?! 

- Ayana... 

- No, Megan … - abrió la boca pero se lo pesó mejor y la volvió a cerrar, solo quería salir de ese despacho. 

- Espera, no te vayas 

- Tengo trabajo que hacer – fue lo único que dijo.

Ayana salió del despacho sin darle oportunidad de decir nada más. Estaba rabiosa. Morgan la sacaba de sus casillas y Megan se reía de ella. El cabreo era monumental pero no se dejaría llevar. El portazo había llamado la atención del personal, sus compañeros la miraban con curiosidad y ella los desafió a que le tocaran más las narices. Morgan bajó la cabeza y se concentró en los vasos que estaba secando, le había echo perder la sonrisa y eso la reconfortó por dentro de una forma perversa. Luego miró a Lucy para ver si aceptaba su desafío pero ésta hizo algo aun peor. La miró con odio y le dio la espalda. Un jarro de agua fría cayó sobre ella congelando su enfado, y, abatida, recuperó la bandeja y empezó a servir mesas. Tenía trabajo que hacer y una larga noche por delante.

10 agosto 2011

Sephyr, mi dragón.


También puedes leer este relato aquí.


Estaba tumbado en mi prado favorito con los brazos en cruz entrelazando los dedos con la hierba alta. El viento soplaba hacia el este, llevándose los dientes de león consigo.
Eso era paz. Silencio y armonía acompañados por un agradable viento que te susurraba al oído. Lejos de la aldea. Lejos de la obligaciones y las preocupaciones...
Una llamarada pasó justo encima de mi quemando las puntas de la hierba que estaba tocando. Suspiré. Ese dragón no se cansaba nunca.

- Veo que ya has encontrado el mineral – dije aun tumbado. 

Sephyr, mi dragón, masticó sonoramente la roca en respuesta afirmativa. Luego resopló haciendo que el azufre de su aliento reaccionara con el mineral provocando una llamarada. 
Me levanté y puse lo brazos en jarra frunciendo el ceño, haciendo que estaba enfadado, Sephyr me miraba expectante con sus grandes ojos amarillos. 

- Tendré que esconderlo mejor, ya sabes que no quiero que me chamusques 

Sephyr gruño a mi comentario, pues es un dragón y por mucho que entendiera mi miedo al fuego su habilidad seguía siendo escupirlo. Aun que ya estaba medio acostumbrado a que lo hiciera aun seguían poniéndome los pelos de punta. Agachó la cabeza como disculpándose y luego aleteó un par de veces burlándose de mi. No pude mas que sonreír, ese dragón me toma el pelo cada dos por tres. 
Los dragones tienen fama de bestias feroces y asesinas, pero todo cambia cuando te crías con uno. Se crea un lazo muy fuerte entre los dos. 
Hice el amago de ir a por ella y sephyr me imitó, desafiándome. Salí corriendo hacia donde estaba pero el dragón ya trotaba prado abajo. Sabía que no la alcanzaría facilmente y menos con el flato que me estaba dando al reírme. Shepyr aminoró la marcha, ya la estaba alcanzado. Entonces paró en seco y me empotre contra su ala. Ella me cogió el tobillo con la cola y me levantó. 

- Muy graciosa – Sephyr lanzo pequeñas llamitas en señal de que se estaba riendo – ¡Bajame ya! 

Liberó mi tobillo dejándome caer al suelo. “Era peligroso eso de ser amigo de un dragón” me recordé sonriendo para mis adentros.

- Demos una vuelta. 

Al instante, Sephyr se tumbo boca abajo para que pudiera montar y desplegó las alas. Unas alas de dos metros cada una, ya que aun no era adulta, echas de tejido membranoso que acaban en unas afiladas garras en cada extremo. Eran maravillosas.
Cuando comprobó que estaba bien asegurado entre sus cuernos las batió y el vértigo se me atravesó en la garganta y me cerró el estomago. Odiaba despegar, pero me encantaba volar. El dragón lo sabía, por eso siempre emprendía el vuelo lo más rápido posible.
En un abrir y cerrar de ojos estábamos entre las nubes, cortando el aire. Le di un par de toques en el costado con el tobillo y ella captó el mensaje. Batió las alas con mas fuerza para coger velocidad. Eso me recordó que la próxima vez me tendría que coger las gafas de aviador. Entorné los ojos para protegerlos del aire, me agarre fuerte a sus cuernos y volví a darle un toque en el costado. Sin previo aviso Sephyr plegó las alas y caímos en picado. De mi garganta salió un grito que no quise reprimir y el dragón me acompañó con un rugido. A escasos centímetros del suelo las desplegó de golpe y planeó sobre la hierba alta donde había estado tumbado. Luego ganó altura y empezó a dar vueltas en el aire poniéndonos boca abajo y haciendo acrobacias. Me encantaban esos momentos, esa sensación. El cielo era nuestro. 
Después, más tranquilos, sobre volamos el prado, el bosque y el mar. A Sephyr le encantaba volar sobre el mar más que en ningún otro sitio. De vez en cuando se pegaba un chapuzón pero cuando volaba conmigo se limitaba a cortar la superficie del agua con las garras o a cazar algún pez que otro (solo por diversión, claro, ya que su raza era carnívora) así que me relajé. Me acomodé entre sus cuernos y cerré los ojos disfrutando del aire y el agua que salpicaba, ya que volábamos a poca altura. Estaba apunto de quedarme dormido cuando me tiró al agua. Cuando emergí Sephyr ya no estaba. A ese dragón travieso le encantaba jugar y me había vuelto a hacer una de las suyas. Nadé hacia la orilla y la busque entre las rocas pero tampoco estaba. 
A mi espalda escuche un crujido y luego una llamarada pasó rozarme la pierna. Sephyr me dio pequeños empujones en la espalda con el morro, acercándome a la hoguera que acababa de encender para mi. Me quité la ropa mojada y la puse en una roca cerca del fuego para que se secara, pues no podía volver a la aldea empapado y arriesgarme a que descubrieran mi secreto. En sus escamas se reflejaba el hipnotizante baile de las llamas. Apoyé la espalda en una de sus patas y ella me resguardó entre sus alas. 
Para mi no había nada mejor que pasar el tiempo con mi dragón. 









  
                                                                   Sephyr...

05 agosto 2011

Empieza la revolución



¡Hola a todos! 
Bueno estoy un poco harta del tono romántico-melancólico que ha adquirido este blog y como últimamente no puedo escribir nada decente he decidido publicar un capitulo de una novela larga que "intenté" escribir el año pasado (sin éxito) y que dudo mucho que vaya a continuar. Este capitulo es uno de los pocos que tengo terminados y corresponde más o menos al final de la historia. 
Espero que os guste. 



- Por todos los Dráculas ¿es ella?

- Ernet no blasfemes. Hola soy Kaia – le dio la mano – y este es Ernet...

- Dejaos de tonterías esto es serio, acabamos de escapar de los ancianos y ahora nos estarán buscando.

- ¡¿Qué?! - saltó Ernet - ¿Y cómo se te ocurre traerla aquí? Podrían descubrir el campamento.

- ¿Y a donde quieres que vayamos?

- ¡Eh eh! calmaos los dos, no hay tiempo para esto, ya discutiréis luego ahora lo importante es que las tropas de los ancianos no nos encuentren – dirigiéndose a Rosette – dime ¿tienes buena puntería?

- Si

- Bien entonces sígueme, vosotros dos poned en alerta a los demás, que sellen todas las entradas subterráneas. Vamos.






Kaia salió de la habitación con Rosette pisandole los talones. El campamento era como una ratonera de hierro y hormigón armado, los pasillos eran muy estrechos y la única iluminación que tenían era una lampara de tubo fluorescente a cada cinco metros. A los lados habían puertas o cortinas que llevaban a las habitaciones, o simplemente agujeros que daban a más pasillos. 


- ¿A donde vamos? 

- A un espacio abierto, quiero comprobar lo que has dicho de tu puntería. 

- ¿No te fías de mi? 

- No es eso, solo quiero ver tus habilidades, vas a tener a todo un ejercito detrás tuyo. 

- Eso me asusta un poco 

- Eso esta bien. Seria raro si no lo estubieras.


Kaia intimidaba, ese ultimo “eso esta bien” con ese tono de voz... Siguieron andando un poco más hasta llegar al sitio. 
El lugar: Un gran, enorme, agujero. Era casi tan grande que cabía una casa de campo allí. Estaba medio destruido. Se podían ver las entradas a mas pasillos por lo alto de la pared, el agujero tenia que tener tres pisos de altura por lo menos. Los escombros estaban tirados por todas partes y había un gran charco de agua en el centro, que bien podría pasar por un pequeño lago por culpa de las cañerías rotas. 
Según Kaia eso era el espacio abierto. 
Las paredes y los escombros estaban, en su mayoría, agujereados. Rosette miraba incrédula cada rincón de ese lugar, pisando con cuidado como si pudiera saltar por los aires en cualquier momento. Kaia se dio cuenta. 


- Este lugar es uno de los más antiguo. Hay muchas teorías sobre para qué se construyó, una prisión, un refugio... sea lo que sea para lo que se construyó lo único que sabemos cierto es que nunca se usó. Hasta este momento. Con el paso de los años la estructura se fue deteriorando y – levanto las manos señalando el lugar – este es el resultado, esta parte se derrumbó. Pero no te preocupes, no se nos caerá encima. Cuando llegamos aquí, lo primero que hicimos fue habilitarlo así que ahora esta en perfectas condiciones. Además es el campamento perfecto, tiene acceso directo a la mansión de los soberanos y como tiene tantos siglos la gente no se acuerda de este lugar y por si acaso nos encargamos de que hubiera un registro en que constara que quedó destruido. 

- Y si existe ese registro ¿porque pensáis que los ancianos encontraran este lugar? 

- Los viejos no son estúpidos. 


Llegaron a una mesa que estaba instalada en medio de ese caos de escombros, encima habían armas y espadas, entre otras cosas. 


- Por lo que veo usáis este lugar para los entrenamientos 

- Que lista eres – cogió una pistola y se la entrego – toma ¿Sabes usarla? 

- Eem... me se la teoría – se sonrojo un poco. 

- Bien entonces prueba a disparar a ese ladrillo rojo de allí – señalo la pared que estaba mas alejada. 

- Esta muy lejos 

- No tenemos tiempo así que nos saltaremos lo básico y empezaremos con la diversión, si tu puntería es como dices acertaras. 

- Esta bien.


Dudando, levanto el arma cogiéndola con las dos manos. Kaia se puso detrás de ella. Apuntó al diminuto ladrillo y disparo, la fuerza del disparo la tiro hacia atrás y Kaia la sujeto por los hombros. 


- Parece que no soy muy buena – dejo el arma en la mesa. 

- Oh no te preocupes, a todos nos pasa lo mismo la primera vez que disparamos – cogió unos prismáticos para ver de más cerca el ladrillo y sonrió – perfecto. 

- ¿Perfecto? 

- Bueno tanto como perfecto no pero le diste, por ahora eso servirá – le dio un cuchillo 

- Esto solo es un poco mas grande que los dardos, podría lanzarlo a... - esquivó la espada de Kaia por auto-reflejo – eh, ¿Estas loca? - Kaia la volvió a atacar pero esta vez se defendió con el cuchillo que no aguanto en su mano al recibir el golpe - ¿pero que te pasa, quieres matarme? 

- También tienes buenos reflejos, toma – le lanzo una espada y ella la cogió sin ninguna dificultad – la lucha a espada es la más antigua y noble de la raza vampirica, no dudes de que los viejos lucharan a espadazos. 


***


En la otra punta del campamento cuatro de las siete entradas ya estaban selladas. 


- Vamos Vlad, esta ya esta. 

- Bien, ¿donde esta la siguiente? 

- ¿Ya te has olvidado de cómo es el campamento? 

- Oye no te metas conmigo, he estado mucho tiempo fuera y tu prácticamente vives aquí 

- Ya, tienes razón – los dos rieron – solo hay que subir, no esta lejos. 


Recorrieron el pasillo en un tiempo récord y llegaron a unas escaleras que, sorprendentemente, estaban en muy buenas condiciones. Nada más llegar arriba los recibieron un grupo de revolucionarios. 


- Señor, la entrada cinco ya esta sellada 

- Bien hecho ¿Y la entrada seis? 

- Están en ello 

- Bien, vamos Ernet hay que... 

- Señor... nada más sellar la entrada cinco escuchamos un golpe desde el otro lado 

- No... 


Un grupo de cinco vampiros llegaron corriendo. 


- Señor, la entrada seis esta sellada... 

- Uff – puso los ojos en blanco – gracias Dracula 

- Pero tuvimos muchas dificultades, las tropas empujaban la puerta desde el otro lado y tuvimos que pedir refuerzos. 

- Oh Dios nos han descubierto. 

- ¡Corre Vlad, hay que sellar la ultima entrada! 


Ernet, Vlad y los ocho tipos salieron como alma que lleva el diablo hacia la ultima entrada, por desgracia era la que estaba más lejos. A mitad de pasillo escucharon ruido. 


- Joder creo que están entrando 

- ¿Vais armados? 

- Siempre señor 

- Bien, este es el plan: llegar a la entrada y disparar a todo lo que se mueva 

- Muy inteligente Ernet 

- ¿Se te ocurre algo mejor? 


Llegaron al agujero en la pared del pasillo que daba a la entrada siete. 


- ¿Estáis preparados? 

- Si 

- A la de tres... ¡TRES! !!AAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHH!! 


Los diez entraron en el agujero pero … estaba vacío. Miraron por todas parte pero no había nadie. 


- Eso ha sido aun mas inteligente, gracias a tu “grito de guerra” ahora ya seguro saben que estamos aquí. 

- Si no hay nadie es porque ya sabían que estábamos aquí. Deben habernos oído antes. 

- Y si no habían llegado aún ¡¿Qué!? ¿Eh? Gilipollas 

- ¡Estas llamando gilipollas a tu superior imbécil de... 

- Eh ¡EH! - los separo – calmaos, creo que he oído algo 


Por supuesto que había oído algo, ocho soldados de las tropas de los viejos armados hasta los dientes salieron de la entrada pegando tiros. Gracias a Dracula, esa entrada era una de las que estaban en peor estado y habían pedazos enormes de hormigón tirados por el suelo, por suerte, cuando habilitaron el campamento decidieron no quitarlos. Los diez se escondieron tras los pedazos de hormigón, pero uno no llego a tiempo y lo alcanzaron, no se volvió a levantar del suelo. 


- ¡¡¡Garben!!! - salió de su escondite para socorrer inútilmente a su hermano 

- NO ¡¡¡VUELVE AQUI!!! 


Al tipo también lo alcanzaron. Mal herido, se arrastro hacia un pedazo de hormigón para ponerse a salvo pero una bala le alcanzo en la cabeza. Los otros disparaban contra las tropas, pero es difícil atacar cuando las balas vuelan hacia ti sin descanso. 


- Vlad tu no vas armado, ten cuidado 

- Descuida 


Esperó a que alguien parara de disparar para recargar su arma porque así habrían menos balas en el aire, entonces rodó hasta el pedazo de hormigón del otro lado y en el camino cogió el arma de su compañero caído, apoyo la espalda contra el hormigón y comprobó el arma. Una nueve milímetros, bueno, no estaba en posición de pedir más. Miró por encima del hormigón y se agachó justo a tiempo, casi le alcanzan en la cabeza a él también. Las tropas van muy bien equipadas pero eso no supone un problema. Mientras el tiroteo seguía entre sus compañeros y las tropas, Vlad se levantó lo suficiente para sacar el arma y disparó a uno de ellos. Justo en el cuello. Calló al suelo. Sus compañeros se habían cargado a la mitad, miro el cargador. Tres balas, sobra. Se volvió a levantar y disparó a otro, también calló. Miro a Ernet, su pistola estaba en el suelo y se estaba agarrando el brazo, mierda lo habían alcanzado. Quedaban dos, se levanto y le disparó a uno pero esta vez no se agachó, apuntó al último y... 


- ¿Rayner? 


Su hermano mayor estaba allí, apuntándole con una pistola. Lo miró durante un suspiro y huyó cuando casi lo alcanza una bala. El pequeño asalto acabó. Los ocho salieron de detrás de los pedazos de hormigón. 


- Garben, ¡Garben despierta! - lo zarandeó un poco – Oh joder esta muerto. 

- Su hermano también. 


Dios, su hermano. Su hermano lo había visto. Había estado a punto de disparar a su hermano y él lo había visto. Ahora sabia que es de la revolución. 


- Aparte de ellos dos ¿Estáis todos bien? 

- Si 

- Bien, llevadlos con DOC – señalo a Garben y su hermano – él sabrá que hacer. 

- Nosotros sellaremos la entrada. 

- Vale, después quiero que registréis el campamento entero, puede que tengamos intrusos. 

- Enseguida señor. 


Ernet se acercó a Vlad, que aun seguía parado mirando la entrada. 


- Hey ¿Cómo estas? 

- Rayner... estaba aquí 

- ¿Qué? ¿Tu hermano? 

- Sí, ahora sabe a quien le debo lealtad 

- Ahora tendrán un buen motivo para buscarte – le puso la mano en el hombro 

- Eso no me consuela...


Ernet no sabía que decirle. El enfrentamiento con su familia se daría tarde o temprano, eso no se podía evitar, pero que lo haya visto su hermano... es como recordarle a alguien que esta a punto de morir que le quedan pocas horas de vida. 


- No te preocupes por mí, estoy bien. Esto iba a pasar igual 

- Ya... oye me sorprende que no hayas perdido practica con la pistola, ibas a bala por tío 

- Claro ¿Acaso dudabas de mi? 

- Oh si, mucho, ya pensaba que tendría que protegerte – los dos rieron 

- ¿Con un brazo herido? No lo creo 

- A... te has dado cuenta... 

- Dejame verlo 


Ernet quitó la mano de la herida, la manga de la camisa estaba ensangrentada y rota por el hombro. 


- Solo es un rasguño 

- No le digas nada a Kaia 

- Aunque no le diga nada se enterara igual 

- Ya... tu no se lo digas. 

- Esta bien – le dio una palmada en el brazo herido 

- ¡¡AAAHH!! cabrón – Vlad rió 


***


Kaia lanzó un ataque directo que Rosette interceptó con la espada por encima de su cabeza. 


- Yo no se luchar con espada – esquivó otro ataque 

- No te preocupes la mayoría de los movimientos los harás por auto-reflejo como estas haciendo ahora – ataque lateral, ataque frontal, cinta, ataque lateral. Todos esquivados – solo necesitas aprender a atacar, busca un punto dedil en tu oponente, concentrate, y cuando ese punto este desprotegido ataca – le ataco las piernas y lo esquivo saltando. 


Rosette se concentro, su mirada captaba los movimientos de Kaia. No sabia bien lo que estaba haciendo pero confió en si misma. Un momento de duda en la lucha puede decidir el final. Kaia no paraba de atacar por todos los ángulos alternando los movimientos, era muy rápida. 


- Vamos atacame, no puedes defender todo el tiempo. 


Eso era cierto, le defensa esta bien pero también hay que atacar. Kaia la aprisionó contra la mesa, la ataco con la misma estocada de antes y Rosette lo volvió a interceptar por encima de su cabeza. Antes de que Kaia retirara su espada, cogió una de las dagas de encima de la mesa y le dio una puñalada directa al medio del pecho, lo esquivo saltando hacia atrás. 


- Muy bien, a eso me refería, encontraste un punto dedil en mi ataque pero no pensé que lucharías a dos manos 

- No lo pensé, solo la cogí – dijo disculpándose 

- Eso esta bien pero ten cuidado, a veces seguir los impulsos no es la mejor idea. - cogió otra espada de la mesa para igualar a Rosette. 


Había poca distancia entre las dos así que, Kaia giró sobre si misma con la espada apuntando hacia delante para darle a la altura del estomago a lo largo, ella bloqueó la espada con sus dos armas y luego salto hacia atrás. La lucha a dos manos es muy intensa. El eco de las espadas chocando resonaba por todo el lugar. Kaia lo volvió a intentar con su ataque favorito. En respuesta, Rosette la imitó levantando su espada a la misma altura bloqueándola a mitad de ataque, la segunda espada de Kaia intento un ataque directo aprovechando la poca distancia pero Rosette lo paro con la hoja de la daga. Se miraron la una a la otra, tenían el mismo resultado una y otra vez: atacar, bloquear, atacar, esquivar. Las dos estaban más o menos al mismo nivel y, el nivel de Kaia es muy alto. 
Forcejearon un poco pero ninguna cedió. Cuando Kaia hizo el ademan de retirar las espadas, Rosette ataco bajando su espada con fuerza en diagonal. Kaia no lo esquivo a tiempo y le rasgo la camiseta. 
Rosette, con los ojos muy abiertos, tiro las espadas al suelo y corrió hacia ella. 


- ¡Oh dios! Lo siento, podía haberte matado 


La aparto con una mano y con la otra pasó los dedos por donde estaba el corte. 


- Cierto, eres la fuerza de la raza – susurro 

- ¿Qué? 


Kaia se sacó una placa de metal de debajo de la camiseta 


- Nunca bajes le guardia de esa manera ni corras hacia tu oponente a no ser que sea para atacar. 

- ¿De donde has sacado eso? 

- Me lo puse mientras mirabas las paredes. Escucha, estas preparada para luchar, tu fuerte nato no son las armas, pero con las espadas eres la mejor que e visto. 

- Gr-gracias. 

- Si, tienes que dármelas y siéntete honrada con lo que te e dicho, no e visto a nadie mejor con la espada que yo, hasta ahora. 


Rosette se quedó muda, en todo este tiempo nunca imaginó que seria capaz de luchar así, y menos a dos manos. Kaia le puso una mano en el hombro. 


- Sé lo que estas pensando, no te preocupes. Este y otros talentos los llevas en la sangre, eres descendiente directa ni más ni menos que del más grande vampiro jamas conocido... 

- Am... ya 


Rossete bajo la mirada al suelo, aún no sabía que pensar sobre eso. Kaia le de puso la mano en el hombro y lo apretó para reconfortarla. Ella la entendía muy bien. 


- Anda vamos necesitas descansar. 


No sabia adonde la llevaba esta vez pero la siguió por los pasillos sin hacer ninguna pregunta. La verdad es que si que estaba cansada, no solo por el entrenamiento si no por todo en conjunto ¿Cuanto había pasado desde su cambio? ¿2, 3 días? Y ya había huido a toda velocidad, disparado un arma y luchado con espadas. Las nuevas dimensiones de su cuerpo no le habían dado demasiados problemas, aunque sus piernas eran mas largas seguía teniendo buen equilibrio y sus nuevos brazos habían soportado bien la lucha con espadas, se había acostumbrado muy rápido ¿Sería esa una de las habilidades que llevaba en la sangre? 
Debía de estar poniendo mala cara otra vez por que Kaia le dijo: 


- Escucha, no quiero que tengas miedo, no solo Ernet, Vlad y yo, si no que la revolución entera te protegerá así que no tienes de que preocuparte ¿vale? 

- Vale 

- Ven 


La atrajo hacia ella y la abrazo fuerte. Eso era justo lo que necesitaba. Las dos apretaron fuerte liberando tensión igual que si estuvieran gritando. Cuando la soltó se sintió mucho mas tranquila. 


- Gracias Kaia 

- No hay de que – le sonrió 


Siguieron andando por el pasillo. Así que después de todo Kaia no era tan temible, se intenta poner en el pellejo de los demás y se preocupa por lo que pasa. Entraron en otro pasillo donde encontraron a los chicos yendo en su dirección. Vlad estaba distraído y tenia aspecto un poco sombrío pero cuando levanto la mirada y la encontró le cambio la expresión, luego vio a Kaia y llego hasta ellas corriendo. 


- ¿Que ha pasado Kaia? ¿Estáis bien? 

- ¿Que?... ahh, lo dices por esto – se señalo el corte en su ropa – tranquilo no es nada, solo estábamos entrenando. 

- Entrenando. ¿tanto te emocionas que te rompes la ropa? Voy a tener que empezar a entrenar contigo – un brillo de lujuria cruzó la mirada de Ernet. 

- Corta el royo. 

- No, ahora en serio ¿Que ha pasado? 

- Eso. Rosette y yo estábamos entrenando. Lucha con espada. 

- ¿En serio? ¿Y te ha ganado? 


Ernet soltó un “JA” de burla hacia Kaia pero ella estaba demasiado ocupada sintiéndose orgullosa de Rosette así que no le hizo caso. 


- sí, enserio 

- Felicidades – Vlad le puso la mano en el hombro y le sonrió 

- Bien hecho Rosette 


Ernet la abrazó. Primero se quedo un poco parada de la sorpresa pero luego le devolvió el abrazo. 


- Gracias – le dijo divertida 


Cuando Ernet se separo de ella, por el rabillo del ojo, vio como Kaia movía un poco la nariz. 


- Hueles a sangre...

- ¿... que? - se puso blanco 


Kaia le arranco le manga de la camiseta dejando al descubierto una herida a la que le habían puesto chapuceramente un par de puntos, después, sin ni siquiera pestañear, le soltó una ostia. 


- ¡Pensabas que no me iba a enterar! 

- Kaia... 

- ¿Que ha pasado? 

- Kaia por favor tran... 

- Le apretó la herida - ¿Quien te a disparado? 


Ernet frunció los labios para que no saliera ningún quejido de ellos. Kaia se encaro a Vlad. 


- Vlad ¿que ha pasado? 

- Nos atacaron, las tropas han encontrado las entradas de la planta de arriba. 

- ¡Joder!... 

- Puede que tengamos algunos intrusos, ya he mandado hacer un barrido del campamento 

- Bien... si encontráis a alguien traédmelo 

- De acuerdo 


Les hecho una mirada a todos con cara grave. 


- Preparaos. Atacaremos al amanecer 

- ¿Al amanecer? 

- Eso reducirá el campo de batalla, y así los civiles no se enteraran. 

- Se enteraran igual cuando mat... AAAAH – Kaia le volvió a apretar la herida 

- Callate, te llevare con Doc. 

- NO. Kaia por favor, si ya esta curado 

- Callate 


Apretó otra vez y se lo llevo a rastras. 
Nota para el futuro: No cabrear a Kaia.


27 julio 2011

La daga

Pasó la mano por la alfombra. Era suave, de hilos rojos de lana gorda que iba apresando entre sus dedos. Rojo como el color del vino que se había servido minutos antes en la copa que había tirado con furia al suelo. Rojo como el vestido que llevaba puesto.
Pasó la mano por la suave seda de sus rizos negros y recordó lo suave que puede ser la caricia de un hombre... Luego pasó la mano por su rostro áspero a causa de las lágrimas ya secas que habían corrido por sus mejillas y recordó lo áspero que puede llegar a ser el trato de un hombre hacia una mujer cuando las cosas se tuerce, que, por desgracia, tarde o temprano siempre sucede.

¿Por qué amar? ¿Por qué sentir? Por qué entregarse a algo que en el fondo sabes que te destruirá, que será tu perdición... Por qué dejar que te deje vulnerable. Abrir los brazos de par en par a la daga que acabará contigo... Carece de sentido, pero aun así lo hacemos, lo deseamos, lo anhelamos en cada respiración, en cada suspiro, en casa mirada que echamos a nuestro alrededor y vemos esa fatídica daga en manos de todos menos en las nuestras...
¿A caso nos gusta el dolor tanto como para desear nuestra propia perdición? ¿A caso vale la pena clavarse a voluntad esa daga en el corazón sólo por unos cuantos momentos felices? Esos mismos momentos que al recordarlos no dejaran sanar la herida cuando la daga nos haya hecho pedazos y nos deje tirados al borde del abismo...

La respuesta, por desgracia, es sí.

Sí, vale la pena” Se recordó a si misma mientras yacía moribunda en el suelo al lado de la daga aún ensangrentada que le acababa de asestar el golpe final.