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21 febrero 2011

Capítulo 1. Agonhy

La habitación estaba a oscuras. Agonhy estaba decepcionado. Él ya sabía que era imposible, pero no le importaba. Se sentía decepcionado y maldito. Flith. Lo conocía desde que tenía doce años, cuando Flith nació. Pero qué era esa pequeña deferencia de edad para dos vampiros adultos que llegarían a vivir mas de mil años. Aun así, esa no era la única diferencia entre ellos dos, Agonhy se había convertido en uno de los vampiros más admirados en toda la comunidad vampírica por sus grandes hazañas con las armas. Flith se había convertido en el nuevo cocinero de la encomienda. No tenía ya bastantes problemas, tenía que añadirse la época de celo de la mayoría de las hembras que ,por desgracia, estaban más que interesadas en él. Esa era la razón principal por la que hoy se había ido corriendo a sus aposentos. Las hembras en celo lo traían de cabeza, todo el día corriendo detrás de él, intentando llevárselo a la cama para calmar sus ansias. Estaba harto. Flith ,el pobre, rara vez salía de la cocina. A los vampiros como él, los trataban como esclavos. Más de una vez le preguntó porqué se había metido allí, y él siempre le respondía lo mismo: “Siempre he tenido vocación por la cocina, además tenía enchufe y no podía decir que no”. Pero Agonhy sabía que era mentira, siempre que le decía eso adoptaba inconscientemente la misma expresión, bajaba un poco la cabeza, se ruborizaba creando un bello contraste entre sus mejillas y su tez pálida mientras entornaba sus oscuros ojos. Esos ojos que lo trastornaban. Nunca se olvidaría del momento en que Flith pasó la transición. Aunque no era necesario, él estuvo allí ,viéndolo sufrir, escuchando como sus huesos se quebraban para dar lugar a un intensivo crecimiento y después volverse a soldar. Nunca olvidaría cómo le saltaron los caninos de la boca e,instantes después, asomaron unos colmillos blancos y afilados por sus labios. Deseaba poder darle su sangre, pero entonces lo mataría. La hembra que estaba a su lado se rajó la muñeca y se la puso en los labios, de inmediato Flith la cogió y la mordió. En ese momento sintió rabia y envidia por la hembra, porque deseaba que esos labios estuvieran en su muñeca y esos colmillos estuvieran penetrando su vena. Nunca olvidaría su mirada en el momento en que la sangre tocó su lengua. Flith agarró con las dos manos la muñeca de la hembra, succionando su sangre con voracidad. Como por fuerza de un imán, Flith giró la cabeza en su dirección y sin soltar la muñeca de la hembra abrió los ojos de par en par atravesando los suyos. Esa oscura mirada le caló en lo más hondo de su ser. Su transición acababa de finalizar, su cuerpo semi desnudo estaba perlado de una fina capa de sudor, su pelo lacio de color ceniza estaba mojado y le caía en mechones bien definidos por la frente y su mirada desafiante lo estaba invitando a cubrir esa necesidad ardiente que imploraba ser satisfecha debajo de los apretados boxers negros que estaban a punto de romperse. Lo que vino después de eso es lo que lo dejó destrozado. Flith soltó la muñeca la hembra al mismo tiempo que apartaba los ojos de el para ponerlos en ella sin cambiar su expresión desafiante. La hembra tan solo llevaba puesto un fino vestido vaporoso de tela blanca abotonado por la parte de delante hasta la mitad del pecho, Flith subió con la mano por su brazo y luego bajó quitándole el tirante. La hembra, especializada en transiciones y en lo que pasa después, se fue desabrochando los botones lentamente abriendo las solapas a cada botón desabrochado, dejando ver esa suave parte de piel que tienen las hembras. Flith no cambió su expresión, le quito del todo el tirante dejando al descubierto la mitad de su cuerpo y cogió uno de sus pechos. Una montaña bien definida de piel blanca y rosada en la punta quedó cubierta por su mano que empezó a acariciarla. La hembra puso cara de satisfacción, y le arrancó el boxer ,que ya estaba medio roto porque no se estiraba más, dejando ver la enorme virtud de su amigo. Eso excitó a Agonhy pero su alma se partió en dos cuando ella se subió encima de el a horcajadas levantándose la falda y empezó a moverse a un ritmo constante que hizo que a Flith se le pusieran los ojos en blanco. Agonhy no quería estar más allí, no quería presenciar eso, sin embargo sus pies no le respondían y sus ojos se apartaban de la escena. Se partió del todo cuando Flith le dio la vuelta a la hembra poniéndola bajo él, cogió una de sus largas piernas y la apoyó en su hombro y con la otra hizo que le rodeara la cintura, y entonces empezó a arremeter. Tanto la hembra como él gritaron... y gritaron y gritaron hasta que llegaron al final, entonces ella quedó exhausta, tendida encima de la cama donde minutos atrás había estado su amigo agonizando. Flith lo miró con la misma mirada desafiante y sin dejar de mirarlo se limpió con el pulgar la punta y luego lo lamió, solo entonces, Agonhy, logró moverse y salir corriendo de allí para que nadie pudiera ver su gran decepción reflejada en su rostro.
Agonhy no soportaba ese recuerdo, hacía que los ojos se le humedecieran, pero por más que lo intentara esas imágenes se le venían a la mente torturándole en esos malditos momentos difíciles. Agonhy se puso de lado en su gran cama con dosel, con una mano enjugaba las lágrimas impidiendo que salieran y con la otro agarraba las sabanas encerrando la seda negra en su puño. Flith. Y lo que más le torturaba es que, al estar Flith a cargo de la cocina, podía verlo más a menudo, ya que, por errores arquitectónicos, el gimnasio estaba en el mismo largo pasillo que el área de los trabajadores del lugar. Con tan solo asomarse podía verlo ... como se preparaba poniéndose las ropas que definían su cargo, como actuaba, como hablaba... y como le gritaban sus superiores. Más de una vez estuvo a punto de sacarlo de allí a la fuerza, pero se contuvo. No sabía si seguir haciendo eso sabiendo que Flith nunca le desearía era bueno para él, pero siempre que se decidía a no volver a mirarle, al día siguiente sucumbía a la necesidad de hacerlo.
Unos golpecitos tímidos en el portón le hicieron incorporarse a tal velocidad que la cabeza le dio un par de vueltas haciéndole perder el equilibrio y obligándolo a apoyar todo su peso en sus brazos estirados en el colchón.
- ¿quién es? - dijo con voz atronadora
El portón se abrió en una rendija por donde apareció una cabecita precedido de un cuerpo pequeño de mujer que se mostraba cautelosa a cada paso.
- Agonhy, ¿puedo pasar? 
- ¿que ocurre? - dijo tras meditarlo un poco
La hembra cerró la puerta tras de sí, su melena rizada era una cascada por su espalda a falta de dos palmos para llegar a la cintura. Se quedó parada allí, con las manos ocultas tras su espalda y la mirada fija en el suelo, con esa cara angelical llena de duda y admiración por él.
- Elehanor, habla
Ella fue levantando la mirada hacía él y tras un momento, en el cual estaba cogiendo fuerzas seguramente, comenzó su contoneo modesto hacia su cama.
- veras, te vi corre por el pasillo y me figuré que debía de haberte pasado algo ¿estas bien? 
- si tranquila, solo quería llegar aquí lo antes posible, no es nada
Agonhy estaba confundido, conocía a Elehanor desde el año siguiente de su transición y ella siempre lo había tratado como a un superior, con respeto. Nunca antes había entrado en su habitación y nunca le había mostrado ese coqueto contoneo al andar. ¿Estaba seduciéndolo?

- me alegro de que no sea nada, llevas unos días en que estas como ido y me estaba preocupando 
- gracias por preocuparte pero no hace falta, de verdad. Ahora si no te importa...
Estaba a punto de pedirle que se marchara cuando ella llegó a su cama. No fue directamente delante de él, si no que se acercó a las columnas que sujetaban el dosel y fue corriendo las cortinas lentamente, hasta que la cama quedó cubierta por los laterales atrapando a Agonhy en el interior de su propia cama. Solo le quedaba correr la ultima cortina, antes de hacerlo enrolló una pierna en la columna haciendo que se le subiera el vestido de color café por la parte indicada, provocándolo.

- Elehanor ¿se puede saber qué...? tu no estas en celo, puedo olerlo
- Ya se que no estoy en celo – la duda y el miedo al rechazo estaban reflejados en sus ojos pero eso no le impidió continuar – Agonhy... - se acerco a él de la manera más sensual que pudo, puso las manos en su pecho y lo tumbo despacio en la cama – tu solo relajate – ya estaba encima de él, lo que siempre había deseado desde que lo conoció, y con sus labios le rozó la oreja – Te deseo – le dijo en un susurro.
“Te deseo” hizo eco en la cabeza de Agonhy pero con la voz de Flith. Imaginó que las manos que recorrían su cuerpo eran las de él, que los labios que rozaban su pecho eran los de él, que el pelo que descansaba en su piel era el de él... pero entonces escucho un gemido de anticipación y no era de él. Agonhy se incorporó de repente, aturdido por la situación. Ella intentó tumbarlo otra vez pero él la agarró por los hombros apartándola y la miro a los ojos, dándose cuenta, con una punzada de dolor, de que los que estaba viendo, no eran los oscuros ojos de Flith.
- marchate por favor – dijo con un hilo de voz
Elehanor salió corriendo de la habitación y creyó haber visto lágrimas en sus ojos. Agonhy se quedó sentado en su cama mirando la puerta por la que había desaparecido la mujer que, por un momento, había imaginado que era él.


Espero que os haya gustado, no olvideis que hay que ponerle un buen titulo a esta historia. Espero vuestras sugerencias ^^
Próximo capitulo dentro de unos dias.

4 comentarios:

  1. ohh me encanto!! Como no voy a promocionar tu blog x ahi si me encanta???
    Un besoo!! me encanto la entrada ^^

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  2. Eyy :D! me ha gustado mucho la historia :D me ha recordado el principio a The vampire diaries, ¿conoces esa serie?:D

    Uhm si que le ví un error y es que no me agrada demasiado que a las mujeres las denomines como hembras porque da tintes machistas pero bueno :D.
    Si quieres pásate por mi blog ^^

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  3. Gracias Kradyta, no conocía esa serie pero le echaré un ojo xD
    No pretendo ser machista pero la historia esta inspirada en los libros de J. R. Ward y en ellos las denominan así.

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