Traductor

English French German Spain Italian Dutch Russian Portuguese Japanese Korean Arabic Chinese Simplified

this widget by www.AllBlogTools.com

28 febrero 2011

Capitulo 2. Flith

Una gota de aceite le salpicó en el antebrazo, pero eso no le sacó de sus pensamientos. Agonhy. Una y otra vez, por mucho que intentara pensar en cualquier otra cosa, lo único que aparecía en su mente era él. Con su cuerpo de guerrero, su voz poderosa, su cabello oscuro... su... su cabello oscuro acababa de pasar por la puerta de la cocina. Flith parpadeó un par de veces para asegurarse de que lo estaba viendo de verdad, y sí, era él de verdad. Agonhy había entrado corriendo en la cocina para esconderse detrás de los fogones sin darse cuenta de que estaba allí. Flith lo miró desde lo alto. Nunca lo había visto esconderse. Él nunca se escondía, decía que no era un comportamiento digno. Por lo que se ve, había cambiado de opinión. Flith se alteró un poco, prácticamente Agonhy estaba arrodillado a sus pies y... una de sus “fantasías”, por llamarlas de alguna manera, era tenerlo arrodillado entre sus piernas, y bueno... ahora el estaba de rodillas... así que no pudo evitar que el corazón se le acelerara. Otra gota de aceite le salpico, ahora en el dorso de la mano, y soltó una queja. De repente las piernas se le aflojaron al ser golpeadas detrás de las rodillas y al caer al suelo lo inmovilizó con una llave. Antes de que pudiera decir nada, una mano grande le tapo la boca.
Nunca había estado tan cerca de él. Notaba como sus brazos y sus piernas lo sujetaban con fuerza para que no se moviera y como su mano estaba puesta sobre su boca. Flith apoyó la cabeza en su pecho y escucho sus latidos. Estaban acelerados. Agonhy no lo miró, estaba demasiado ocupado afinando el oído para escuchar lo que pasaba en el pasillo. Flith aprovechó la ocasión para observarle, para notar su calor.

        Agonhy ¿donde te metes? – gritó una hembra desesperada

        ¡Agonhy! Ven conmigo por favor – gritó otra con la promesa del placer en la voz.

Las hembras gritaban su nombre con la esperanza de ser contestadas

        Agonhy, te daré placer bajo el calor de mis sabanas

        ¡Ah! ¡sanguijuela descarada!
Hembras desesperadas con lengua viperina peleaban entre sí por el calor del mismo macho. Agonhy suspiró con alivio cuando, unos minutos después, ya no se escuchaban los gritos de las hembras. Fue bajando la mirada hasta encontrarse con la del que tenía entre sus brazos. Sus ojos color esmeralda se agrandaron, su respiración se entrecortó y sus labios se separaron.

        Flith... – dijo en un susurro

Flith quedó libre de la llave que lo inmovilizaba pero se quedó paralizado al notar como la mano de Agonhy se deslizaba lentamente por su mejilla demorando los dedos en sus labios, acariciándolos hasta que apartó la mano del todo. Tardó un poco en reaccionar pero se levantó y le tendió una mano para ayudarlo a levantarse.

        Lo siento si te he asustado

        ah, no te preocupes tío – le dio una palmada en el hombro y volvió a su sartén – nunca pensé que vendrías aquí. Y menos a esconderte.

Agonhy bajó la cabeza avergonzándose de su acto de cobardía

        ya, yo tampoco pensé que me escondería pero... – se paso una mano por la cabeza dejando que suaves mechones de pelo le pasaran entre los dedos – no quiero imaginar lo que me harían esas hembras si me cogen, y ahora han estado a punto de atraparme.

        debe de ser duro. Pero tú no tienes la culpa de ser uno de los machos más deseados de la comunidad.

        Lo sé...

Flith no sabía que decirle. Agonhy no tenía la culpa. No tenía la culpa que desde su transición circularan esos rumores.
El día que su amigo pasó la transición él aun era pequeño y le prohibieron acercarse si quiera a la habitación en donde estaba agonizando, pero le dio igual. Se escondió en el cuarto contiguo y vio como una hembra con el pelo recogido en un moño alto y vestida con un vestido blanco entró en la habitación de Agonhy, después escucho autentico gritos de dolor que le atravesaron el alma dejándole destrozado por escucharlo sufrir de esa manera. Cuando los gritos cesaron la hembra salió de la habitación con mucha prisa y, tras barios minutos, volvió a entrar con seis hembras vestidas con el mismo vestido blanco tras ella. Flith era muy joven así que no sabía demasiado de las transiciones pero sí sabía, por lo que había oído decir a los demás vampiros, que tras la transición el deseo sexual es muy elevado. Ver siete hembras entrar en su cuarto hizo que a Flith se le partiera el corazón. Eso significaba que el deseo sexual de Agonhy era tan fuerte que no le bastaba solo con una hembra. Flith, que estaba enamorado de Agonhy desde su niñez, tenía esperanzas de que al pasar su propia transición fuera Agonhy quien saciara su deseo, es más, el propio Agonhy le había infundido esas esperanzas desde que eran unos pequeños e inocentes niños. Flith siguió agudizando el oído, tras unos cuantos forcejeos se volvieron a escuchar gritos, pero esta vez no eran de dolor, eran los gritos de satisfacción de las hembras. FlithAgonhy había llegado a la edad adulta con el don del buen sexo. Agonhy no tenía la culpa de saber dar placer a las hembras. No tenía la culpa de.... Flith no pudo continuar con ese pensamiento. Agonhy se había puesto a examinar las estanterías llenas de alimentos de primera calidad.

        ¿sabes algo de Elehanor? – preguntó sosteniendo un bote de tomate

        la ultima vez que la vi fue ayer después de la ultima comida, y no tenía buena cara ¿por?

Realmente no quería saber la respuesta, pues imaginaba que su amigo había elegido hembra.

        hace dos noches vino a mi dormitorio e intentó seducirme

Flith agachó la cabeza concentrándose en el sofrito a punto de quemarse que tenía en la sartén. Sabía perfectamente que lo que iba a escuchar le haría daño, pero, como buen amigo que pretendía ser, le preguntó.

        ¿y bien?

        La rechacé

Flith miró a Agonhy sorprendido, esa respuesta no era la que esperaba oír.

        ¿porque?

        … - Agonhy permaneció callado por un momento – no lo se...

Y tras decir eso se marchó de la cocina dejando a Flith pasmado.
Elehanor era una buena hembra, superaba las expectativas para ser la hembra de un guerrero. ¿Y la había rechazado? No tenía sentido. Eso lo mataba. Que Agonhy no escogiera hembra significaba que no podía odiar a una en concreto... Se había dicho miles de veces que ese pensamiento era horrible, no tenía derecho a odiar a ninguna por el simple hecho de que Agonhy las prefiriera.
Flith venía de una familia de guerreros. En parte, esa relación con la lucha es la culpable de que hubiera conocido a Agonhy. Las dos familias habían sido compañeras de armas y era lógico que los dos pequeños se hicieran amigos. Tal fue la traición que sintió en su corazón que decidió no volverlo a ver nunca más. Cuando se recuperó un poco emocionalmente, se reunió con su padre para comunicarle que rehusaba de su cargo de guerrero. Flith ya no sería el compañero de armas de Agonhy, ya no lo vería más. Necesitaba una ocupación para su vida adulta. La verdad es que no había mucho en donde elegir, solo había unos cuantos cargos importantes más y luego lo demás eran trabajos de clase baja. Lo estuvo meditando unos cuantos días. Agonhy, como consecuencia de la transición y el entrenamiento, había adquirido un físico de autentico guerrero, y eso hacía que Flith lo deseara aun más a pesar de todo el daño que le había hecho. Al final se decidió por la cocina. Cocinar para los más de doscientos comensales de la comunidad sería su cargo a partir de ahora y para toda la eternidad. Flith estaba empeñado en que había escogido la cocina porque cocinando también servía a su gente, no de la misma forma que los sirve un guerrero pero también los sirve. Pero en realidad, el verdadero motivo por el cual se había decantado por la cocina era por que estaba en el mismo pasillo que Agonhy. Solo tendría que asomarse un poco y lo vería. En realidad no quería reconocer el autentico motivo por que se había jurado a sí mismo no volverlo a ver pero es que, simplemente, no podía cumplir su palabra. Tras haberse hecho ese juramento volvió a hacer vida normal, esperando a pasar su propia transición. El problema es que Agonhy también hacía vida normal, seguía comportándose como si no hubiera pasado nada, como si la transición hubiera sido un mero resfriado del que ya se había curado y ahora ya podía seguir jugando con su amigo. Los primeros días Flith se mostró molesto, se escondía, a veces no salía de su cuarto durante días solo para no verlo, pero Agonhy se dio cuenta de que lo estaba evitando y fue a recuperarlo. Flith llevaba casi dos días encerrado es su cuarto, había bloqueado la puerta y solo dejaba entrar a su madre para que le diera la comida. Agonhy llegó al anochecer y tocó a su puerta pero no le contesto, sabía que no era su madre porque le había hecho aprenderse una manera especial de llamar. Agonhy siguió insistiendo, hablándole desde el otro lado de la puerta pero no le contestó. Los golpecitos suaves pasaron a ser golpes fuertes y secos hasta que cesaron. Flith, pensando que Agonhy se había marchado, salió de debajo de las sabanas para aproximarse a la puerta y entonces ésta se abrió de par en par. Agonhy la había abierto en el primer empujón dejando la cerradura hecha añicos. Se quedaron mirándose, en silencio, uno frente al otro. Agonhy se arrodilló ante él y lo abrazó.
        no se lo que te pasa, no se porque me rehuyes... pero no quiero que siga así...
Flith se quedó de piedra, en todos esos años en que se conocían esta era la primera vez que se abrazaban. El abrazo no fue como el había imaginado que serían y aun así, solo con ese gesto hizo que lo tuviera a sus pies de nuevo.

        no te preocupes más, Agonhy – le dijo al devolverle el abrazo, aunque un poco distante.

Las cosas volvieron a ser como antes aunque Flith tenía el rencor guardado. Doce años después, justo antes de la transición de Flith, se volvieron a escuchar rumores sobre Agonhy. Flith, que se negaba a aceptarlo esta vez, decidió ir a pedirle explicaciones a Agonhy pero antes de llegar si quiera a la mitad del pasillo vio como una hembra salía de los aposentos de su amigo con el pelo revuelto y la ropa mal puesta. Flith la persiguió con la mirada hasta que desapareció por una esquina. Sin darse cuenta de lo que estaba haciendo, se asomó por las puertas entre abiertas y lo vio tumbado en su cama con los brazos extendidos, como si estuviera exhausto. Flit no quería verlo nunca más, ahora en serio, pero su transición le golpeó de lleno sin que el se lo esperase y Agonhy insistió en acompañarlo así que no le quedaba otra que la venganza personal. Después de beber la sangre de la hembra no se alegró demasiado por haber sobrevivido al cambio. Lo miró, retándolo a que se acercara a la cama, a que fuera él quien le saciara, pero Agonhy solo permaneció allí, de pie. Al ver que no reaccionaba, Flith tomó a la hembra, sintiendo su placer y el suyo propio al entran en ella.

“Ella debías de haber sido tu” dijo en su mente cuando lo miró al haber terminado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario