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08 febrero 2011

Sueños...

Inauguro el bolg con este pequeño drama. La historia es un poco básica pero bueno es la primera, ya iré subiendo el nivel.

Aquí os la dejo, espero que os guste^^


Ella tenía un amor imposible. Estaba enamorada de un hombre que nunca sería suyo. Lo deseaba como a ningún otro había deseado jamas. Era él el que invadía su mente a todas horas. Pero él, simplemente, ya estaba con otra...


Un día llamaron a su puerta pero cuando fue a abrir no vio a nadie, el rellano estaba vacío. Bajó la mirada desilusionada y vio una carta de color escarlata sobre su felpudo.
Se extrañó. ¿Una carta? ¿para mí?...
Ya tranquila sentada en su sofá la examinó. El sobre era de un rojo intenso. No tenía remitente ni ninguna marca ni nada. Un poco nerviosa abrió el sobre para descubrir una tarjeta negra. Dentro de la tarjeta habían unos pétalos de rosa que perfumaban el papel.
No leyó ningún “Querida...” ni ningún escrito por el estilo. Revisó la tarjeta de arriba a bajo y escrito en letras blancas solo había el nombre de un hotel, un numero de habitación y un poco más abajo un frase: “no te preocupes por el dinero, es un regalo”.
¿un regalo? ¿para mi?... Debían de haberse equivocado de puerta. Pero por otra parte era una suit de lujo gratis... Pero no era para ella... Aun que, bueno, la invitación estaba en sus manos...
Tras mucho meditarlo y darle vueltas, decidió ir.

Salió del cuarto de baño después de haberse dado un baño muy relajante en una bañera llena de pétalos de rosa. Llevaba puesto el albornoz de la suit.
La habitación era muy espaciosa, suaves alfombras grises cubrían el suelo y unas sabanas de satén negro vestían la cama. Un brisa fresca hacia que las lisas cortinas bailaran así que fue a cerrar la ventana. Al darse la vuelta se sorprendió.
Sobre la cama descansaba un vestido color rojo pasión de palabra de honor para llevar sin sujetador ya que la parte de arriba era como un corsé.
Se puso en tensión. Alguien había entrado en la habitación mientras estaba bañándose. Se cerró la bata y registró el cuarto... no había nadie.
El vestido era de su talla y le quedaba como anillo al dedo. Era ceñido al cuerpo y le resaltaba el escote. La falda caía lacia hasta los pies y tenía una abertura que llegaba hasta el muslo en la parte derecha. Dio unas vueltas frente al espejo. Nunca se había visto tan hermosa. Se soltó el pelo que le cayó en hondas de un brillante caoba sobre los hombros.
Decidió que la luz era demasiado fuerte y rompía el encanto frente el espejo así que apagó todas las luces menos la lamparita que había en la mesita de noche que, como era regulable, le bajó la intensidad al mínimo creando un mágico ambiente sensual.

Minutos después la puerta de la habitación se abrió sobresaltándola. Ella estaba sentada sobre la alfombra en frente de la puerta teniendo así una visión privilegiada ante la maravillosa vista que se le presentaba.
Un camarero le traía la cena en un carrito plateado. Se levantó dispuesta a decirle que se marchara y entonces lo vio. Era él. Era su amor.
Vestía un elegante traje negro con una camisa blanca que tenía dos o tres botones desabrochados. Su pelo negro caía sobre sus ojos color esmeralda dándoles un toque misteriosos y un tanto seductor. Se quedó sin aliento con solo mirarlo.
Sobre el carrito solo había una botella de champán, dos copas y unas fresas con nata.
Por un momento ella solo pudo observar como abría el champán y llenaba las copas. Se miraron solo un instante pero... ella frunció un poco el ceño y él, sintiéndose rechazado, fue a la ventana.
Ella no quería rechazarlo pero... era todo tan extraño...
Junto a las copas vio un sobre escarlata exactamente igual al que encontró en su puerta. Y dentro estaba también la tarjeta negra perfumada con los pétalos de rosa, solo que esta vez las letras blancas solo eran dos palabras: “dejate llevar”

Cuando fue a darse la vuelta él ya estaba detrás de ella. Acarició sus brazos mientras le besaba en el hombro. Entonces le tendió la copa y brindaron. Ella estaba inquieta así que cogió una fresa y se la llevó a la boca. Él la imitó sin quitarle los ojos de encima. Cogió otra y él hizo lo mismo. La tercera se la dio él. Cogió una fresa pequeña entre sus dedos, la mojó en la nata y se la acerco a la boca lentamente. Al morderla se manchó un poco con la nata. Ella levantó la mano para limpiarse pero no la dejó. Él le pasó el pulgar por el labio inferior muy lentamente limpiándole la nata y luego lo lamió. Un intenso calor se apoderó de sus mejillas. Él esta con otra... Se decía a si misma una y otra vez. Él se puso justo detrás de ella, la agarró por la cintura mientras que con la otra mano le apartaba el cabello para besarle el cuello. Ella se rindió a sus besos. Tan seductores. Tan deseados. Él sonrió de satisfacción sin que ella se diera cuenta. Le bajó la cremallera de la espalda lentamente sin dejar de derretirla con sus cálidos besos y dejó que el vestido cayera y le rebelara su hermosos cuerpo. La tumbó sobre la cama y la beso en los labios tan intensamente que cuando se separaron notó como le había cortado la respiración.
La camisa le molestaba. También se deshizo de los pantalones.
Hizo un camino de besos por la mitad de sus espalda hasta llegar a la goma de la fina prenda que le quedaba puesta. Cogió la nata y la extendió allá por donde habían pasado sus labios para después quitarla con su lengua saboreándolas a ambas a la vez.

Pero a ella le entraron remordimientos. Él estaba con otra. No podía hacer esto. Por mucho que lo amase. Por mucho que lo deseara, simplemente, no podía.
Recogió su vestido mientras una lágrima se precipitaba por su mejilla.
Él no daba crédito a lo que veía, ella se marchaba. Y entonces lo comprendió.
La cogió por la muñeca para retenerla y tiro de ella con la suficiente fuerza para que cayera sobre él.
Le seco la lágrima con el pulgar. La busco con la mirada pero ella no quería mirarle así que la abrazó y le susurró al oído:

- Perdoname, pensé que así sería más fácil... La he dejado. No estaré con otra mujer que no seas tu. Te quiero.

Y ella lo besó.
Había esperado ese momento desde siempre. Había esperado escuchar eso desde hace tanto tiempo que nunca pensó que lo escucharía, y ahora que esas dos palabras habían llegado a sus oídos y resonaban dentro de ella no pudo hacer más que besarle.
Un beso tierno, dulce. Un beso que delataba todo el tiempo de espera. Y él lo recibió como si también lo hubiera estado esperando desde hace tiempo.
Poco a poco los besos fueron pasando de suaves y dulces a intensos y desesperados. Sin separar sus labios cayeron sobre la almohada e hicieron el amor durante toda la noche bajo aquellas sabanas de satén.

El despertador sonó. Su almohada volvía a estar mojada. Los rayos de sol que entraban por la ventana lastimaron sus ojos hinchados por las lágrimas.
El día volvía a empezar. Triste y agonizante otra vez. Debía de ir a la rutina de la oficina con el corazón encogido en un puño por el temor a encontrárselos besándose a escondidas por las esquinas. Debía de ir a la rutina de la oficina a ver a su amado en brazos de otra.
Vivía esperando la noche para poder soñar con él y ser feliz durante escasos minutos, pero hacía tiempo ya que hasta sus sueños eran perturbados por la otra...  

1 comentario:

  1. joder que bonito, el final casi me hace llorar... pobrecica, que malo es el amor no correspondido, me ha llegado porque yo me senti asi una vez...

    muy bonito sigue asi que no lo haces nada mal, me gusta como escribes^^

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