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28 marzo 2011

El Dhunhd




El infierno está lleno de buenas intenciones...

24 marzo 2011

Ven conmigo

- ¿¿ COMO HAS PODIDO?? Yo te esperé

- Lo siento, tenia la bolsa preparada pero no pude...

- Pero... ¿porque? yo estaba dispuesto a llegar hasta el final

- Pero yo no puedo dejar a los demás fuera de mi vida no los volveríamos a ver nunca ...

- ¿Pero de verdad quieres seguir en esta vida insulsa y aburrida en que cada día es igual al anterior?

- NO pero ... me da miedo que nuestra aventura salga mal

- Pero...

- Imagina lo que pasaría si tubieramos que volver a esta vida después de un fracaso semejante

- Si no superas ese temor nunca seras capaz de avanzar en la vida 

- ... tienes razón he sido una tonta miedosa ¿me perdonas?

- Pues claro. Entonces ¿vendrás conmigo?

- Hasta el fin del mundo

- Muy bien .Esta noche pasare a buscarte con el coche y partiremos en busca de nuestro destino

- Te estaré esperando. Esta vez no te fallaré

20 marzo 2011

DER MORGEN DANACH

Buenas.
Después del pequeño parón por FALLAS, las fiestas de mi ciudad, e vuelto. Ahora tengo que recuperarme un poco y volver a dormir a horas normales (trasnochar tanto no es bueno ... )
También tengo que seguir escribiendo.
Por el momento os dejo esta canción traducida del fantástico grupo alemán LACRIMOSA.


11 marzo 2011

Capitulo 4. Los amantes

¡Hola! Este es el ultimo capitulo. Espero que os aya gustado la historia. Decídmelo por fa, y si se os ocurre algún titulo mejor para Agonhy y Flith comentadlo ^^


4. Los amantes.

Agonhy se vistió con ropa holgada: pantalones anchos negros y una camiseta simple que no tardaría en sudar. Su objetivo era el gimnasio, donde correría un poco o quizás practicara un poco su puntería.
Salió al pasillo sin la más mínima cautela, estaba harto de las hembras, estaba harto de huir de ellas, de esconderse, así que si alguna hembra se le acercaba en esos momentos lo más probable es que saliera despavorida al ver su cara. Mientras caminaba por el pasillo (que por cierto, no había ni rastro de ninguna hembra) decidió que pasaría de correr en una cinta que no te lleva a ninguna parte, practicaría con su arma tiro al blanco imaginando que la diana era una mujer, así descargaría tensión. Mientras caminaba recordó por que les tenía tanto odio.


Días después de su transición su padre le habían obligado a entrenar todos los días. Ahora que era un guerrero hecho y derecho tenía que estar siempre a punto. Ganó masa muscular, así como confianza en si mismo y talante. Se notaba a leguas que su sangre era guerrera.

No olvidó en ningún momento lo que pasó en su transición y no se iba a quedar de brazos cruzados, así que las reunió a las hembras en el cuarto donde pasó el cambio. Todas llevaban su vestido blanco que las definía en su cargo. Las siete se pararon ante él con la cabeza gacha y cara de avergonzadas arrepentidas. Agonhy no se iba a dejar ablandar por esas caritas de niña buena siendo castigada que ponían todas y al dar un par de vueltas al rededor de ellas con el ceño fruncido y el enfado patente en sus ojos empezó la función.

- Espero que sepáis el por qué os he traído aquí

Agonhy era un verdadero guerrero, su cuerpo, ahora musculado, imponía respeto y su voz sonaba tan dura y fría que a todas les asusto. Algunas asintieron contestando su pregunta, otras se quedaron mirando el suelo muertas de miedo.

- Nos hacemos una ligera idea... – dijo la del moño alto en un susurro, parecía ser la portavoz.

- ¿Una ligera idea? - reprimió las ganas de gritarle – que pensáis hacer al respecto

- Pues ...

Las mujeres se miraron entre ellas. La más joven, una hembra con el pelo negro corto levantó la cabeza hacia él.

- … p-perdón...

- ¿Perdón? - acerco su cara a al de ella - ¿me estas pidiendo perdón? - la hembra asintió cohibida – ¡Me violasteis en esa cama! ¿crees que un simple “perdón” basta?

Señaló la cama para darle más efecto al grito, la hembra estalló en lagrimas. Agonhy carraspeó, le daba igual se la había asustado con su grito o no. Se enderezó todo lo alto que era y dio un par de pasos para tomar tiempo a que las hembras se compusieran un poco.

- Quiero que os marchéis de aquí. Todas. No volveréis a ejercer en esta comunidad.

Se produjo un silencio.

- ¿y que vamos a decir a...

- ¡¡Me da igual lo que le digáis a los demás!! No quiero que mancheis mi nombre con vuestra depravación.

Al ver que después de unos minutos ninguna iba a levantar la mirada del suelo decidió retirarse.

- Os quiero fuera de aquí lo antes posible – y se fue

Esa misma noche las siete hembras con sus vestidos blancos dejaron la comunidad. Muchos les preguntaron el por qué. Agonhy lo vio todo ocultándose tras una esquita. Ellas siempre contestaban lo mismo: “Asistir a más transiciones las defraudaría como hembras porque habían sentido un placer inigualable”. Todo parecía marchar bien, a Agonhy no le desagradaba esa escusa, y quién sabe, quizá fuera cierto, aun que prefería no saberlo. Cuando se marcharon empezaron los rumores “Agonhy a nacido con el don del buen sexo” oyó decir a un grupo de mujeres por el pasillo. Empezó a molestarse, les dijo que no mancharan su nombre pero se le olvido decirles que no lo hincharan. Para entonces ya era demasiado tarde, por culpa de esas arpías viciosas media comunidad de hembras quería tenerlo entre sus sabanas. Fue al año siguiente, en el periodo de celo, cuando comenzaron a acecharlo.




Agonhy le dio un puñetazo a la pared. Malditas hembras... La pared quedó un poco dañada por su rabia pero daba igual, alguien se encargaría de arreglarlo. Caminó lento pasando puerta tras puerta hasta que tras una de ellas escucho unos sollozos que le dieron curiosidad. ¿quien estaría llorando con ese desconsuelo? Se dispuso a abrir la puerta.

- Vamos Elehanor, tranquilizate un poco

Agonhy se paro en seco. Era la voz de Flith. Flith estaba allí, en esa habitación. Entornó la puerta lo justo para que no le vieran y pegó la oreja.

- ¡Me rechazó!

Y tras ese grito ahogado lloró más fuerte.

- Llevaba mucho tiempo planeándolo, esperando el momento oportuno. Rezando para que saliera b...

La muchacha no pudo terminar la frase. Agonhy se llegó a sentir hasta un poco culpable por haberla rechazado. Se escuchó como se movían y no pudo aguantar más el no ver lo que pasaba ahí dentro, así que abrió un poco más la puerta, lo suficiente para verlos. Flith la estaba abrazando.

- No llores más por favor.

- ¡Pero es que tu no lo entiendes! - estalló – llevo toda la vida enamorada de él, desde el primer momento en que lo vi.

La dejó llorar.

- Te entiendo más de lo crees Elehanor – suspiro – más de lo que crees...

Elehanor cesó sus lloros, se incorporó para mirarlo con sus ojos llorosos. Él la miraba con unos ojos tristes pero profundos.

- ¿De quien estas enamorado tu?

- … eso no viene al caso – dijo poniéndose de pié – No entiendo como pudo rechazarte. Eres una hembra con muchas virtudes. Vienes de una buena familia, eres honrada, hermosa...

Ahora fue ella quien lo abrazó y el le devolvió el abrazo. A Agonhy se le atravesó la escena. Así que Flith estaba enamorado de ella... estuvo a punto de irse pero la voz de Elehanor le hizo quedarse.

- Muchas gracias Flith. Pero no hace falta que me animes.


Flith se separó de ella dejándola sentada otra vez en el banquito blanco, abrió su taquilla y sacó un delantal. En su interior ya no sabía ni como se sentía. Elehanor era el único vampiro en que confiaba desde que se metió en aquel infierno. Se habían hecho buenos amigos y confiaban el uno del otro, pero ahora deseaba que todo eso no fuera así. Así que ella había estado enamorada todo este tiempo de Agonhy igual que el. ¡Pero ella no tenía derecho a amarle!. Cerró su taquilla de un golpe. Con paso lento se dirigió a una pared donde apoyó la espalda, cruzó los pies y, con la mirada fija en ninguna parte, se puso a desplegar el delantal con parsimonia. Se alegraba de que la hubiera rechazado. Por dentro, una parte de él estaba dando saltos de alegría y gritando “jodete zorra” a pleno pulmón. Pero por otra parte estaba fatal por verla destrozada. Realmente no sabía como sentirse ahora pero había optado por animarla como “buen amigo” que era... siempre el buen amigo que debía ser...

- Flith – sus sollozos ya casi habían desaparecido - ¿quien es ella?

Flith entrecerró los ojos. “Ella”. Claro, tenia que ser una hembra. Nadie pensaría que podría ser un macho.

- Flith...

Flith levantó la mirada hacia ella, que lo estaba mirando aun con los ojos un poco llorosos. Formulando la pregunta con la mirada. Pero se limitó a negar con la cabeza rechazando la pregunta. Elehanor se acercó a el.

- Vamos, a mi puedes contármelo. No se lo contare a nadie. Incluso, si quieres, puedo intentar ayudarte.

Vamos a ver. Cómo pensaba esta mujer que le iba a poder ayudar cunado estaban los dos enamorados del mismo vampiro. A demás, ella no aceptaría su orientación. Elehanor se acercó más a él, casi aprisionándolo en la pared dejándole sin ninguna salida. La puerta se cerró de golpe, Flith miró hacia allí pero no había entrado nadie. Frunció el ceño.

- … - la miró – no hay ninguna “ella”.

Y al decir esto la aparto a un lado y salió por la puerta.
Tampoco había nadie cerca. Al final del pasillo creyó ver a Agonhy desaparecer a toda velocidad por la esquina. Nah, no puede ser, se dijo, pero entonces se escucho su gran “NO” seguido de los gritos de las hembras. Flith corrió hacia allí, era un grupo pequeño. Los últimos años las hembras en celo habían adoptado la costumbre de moverse en grupo. Las tres hembras lo acosaron a la vez, Agonhy se libro de sus manos y caminó deprisa, pero ellas no se dieron por vencidas y pronto empezaron a correr detrás de el llamándolo. Flith no aguantaba más. Estaba harto de ver como se lo intentaban llevar a la cama. Corrió, y en menos de lo que se esperaba llegó hasta ellos. Saltó a las hembras como si fuera una carrera de obstáculos y llegó hasta Agonhy. Le cogió la mano. Al instante se miraron, él tenía la cara desencajada por el miedo de que quien lo cogía de la mano fuera una de ella. Al encontrarse con él a su lado, le apretó la mano más fuerte y se dejó guiar. Flith lo llevó por otro largo pasillo donde entraron en una habitación con puertas de madera. “Atranca la puerta” fue lo único que le dijo. Agonhy lo hizo poniendo una silla de época contra el pomo de la puerta impidiendo el giro de la manivela. Pronto se escucharon a las hembras llamándolo al otro lado de la puerta intentando abrirla.

- La abrirán.

- No te preocupes.

Flith se dirigió directamente hacia el armario empotrado, abrió las puertas de par en par y giró una manivela que estaba oculta entre la ropa. Se escuchó el rechinar de unas bisagras. Flith lo volvió a coger de la mano y lo empujó dentro.



En el interior estaba completamente a oscuras. La mano de Flith se soltó de la suya, dejándolo solo en aquel lugar desconocido. A lo lejos vio aparecer una llama pequeña que amenazaba con apagarse. Flith estaba encendiendo unas velas para iluminar el lugar. Con un par de débiles llamitas más pudo ver que se encontraban en una habitación bastante antigua. Las paredes estaban recubiertas de un papel de época ya desconchado. La cama, una gran cama con columnas de piedra, estaba dispuesta justo en la mitad de la estancia. Las sabanas que la vestían parecían más nuevas que el resto del mobiliario, que no tardo en suponer que era de por lo menos dos o tres generaciones de vampiros más antiguos que ellos.

- Tranquilo. Aquí nadie te encontrara.

- Gracias Flith

Era la primera vez que estaban solos desde hacía muchos años, no sabía como comportarse. El silencio incomodo campó a sus anchas.
Agonhy había mirado con detenimiento cada uno de los detalles de la habitación esperando a que Flith hiciera o dijera algo, el silencio le estaba matando. Pero ya no le quedaba nada más que mirar y seguían igual. Flith estaba apoyado en una cómoda donde jugaba con una frágil vela. No pudo evitar mirarle con detenimiento. La vela le iluminaba cara y la llama se reflejaba en sus oscuros ojos. La escena con Elehanor se le vino a la cabeza. Agonhy se sentó en la cama. Acababa de acordase de que a la persona que menos quería ver en ese momento era Flith y ahora estaban los dos solos en esa oscura habitación... pues entonces no se iba a quedar con la duda, quería que se lo dijera él.

- Estas enamorado de Elehanor

Su voz retumbo un poco en las desconchadas paredes

- ¿Qué?

- Estas enamorado de Elehanor ¿verdad?

- ¿Por qué dices eso?

Flith lo miró con el ceño fruncido.

- Respóndeme

- ¿De donde has sacado eso? No estoy enamorado de ella

- No me mientas – dijo levantándose de la cama

- No estoy enamorado de ella, es más, pesaba que tu la elegirías hasta que me dijo que la rechazaste

- ¿Elegirla? No podría elegir a ninguna

- Claro que no, es mejor tenerlas a todas a tu disposición – dijo más para si

Flith se volvió hacía su vela dándole la espalda. Agonhy no lo culpó por el puñal que le acaba de clavar.

- Si supieras a todas las hembras que he rechazado por ti...

Lo dijo en voz alta, cuando se dio cuenta ya era demasiado tarde. Flith lo miraba con los ojos muy abiertos.

- Qué acabas de decir

- …

- A-acabas de decir que...

Flith estaba confundido, todos estos años pensando que el las prefería, que se acostaba con ellas... y ahora le acababa de decir que... que las rechazó. Por él. Realmente Flith estaba confundido. Agonhy se acerco a él decidido y le atrapo la cara entre las manos.

- Las rechacé a todas – le dijo clavándole sus ojos esmeralda – por ti.

Flith se quedó sin habla. Había soñado todas las noches con escuchar esa frase y ahora... Agonhy bajó la mirada hacia su boca y no tardo en ir allí. Sus labios eran suaves y cálidos, tal y como se los había imaginado. Flith lo correspondió apretandose contra él y enredando los dedos en su pelo. Un escalofrío recorrió toda su espalda al sentir su lengua, que acariciaba la suya. Se miraron profundamente disculpandose por todos esos años de lejanía y al mismo tiempo dejando ver lo que se deseaban el uno al otro. Sin mediar palabra se fueron acercando a la cama entre besos y caricias hasta que los dos cayeron en el mullido colchón donde los muelles chirriaron un poco a causa de su vejez. Flith estaba encima de él, mirándolo con ojos brillantes mientras que Agonhy le dibujaba el contorno de sus labios con el dedo. No tardaron mucho más. La ternura y la pasión fusionaron sus cuerpos. Y allí, bajo las sabanas de satén negro, desaparecieron dando rienda suelta a sus deseos.

06 marzo 2011

Capítulo 3. La maldición de Agonhy

ADVERTENCIA: 
Este capitulo contiene escenas eróticas YAOI (macho x macho) y también otra escena de la que solo puedo decir: ¡Exageración al poder! ... así que si no os gusta este tipo de lectura ya sabéis ...   
Solo queda un capitulo más para que la historia llegue a su fin.
Bueno aquí os lo dejo.
  1. La maldición de Agonhy.
De todas las puertas que había en ese pasillo había ido a entrar en la cocina. De todos los cocineros que tenían tenía que estar él. Lo había tenido tan cerca... tan cerca y a la vez tan lejos. Tan cerca que le habría podido decir que le echaba de menos, que lo deseaba, que cada noche gritaba su nombre. Tan cerca que le habría podido acariciar ese sedoso pelo mientras le acercaba para besarle. Pero no se atrevió. El recuerdo de aquella hembra llenándose de él no le dejó. Se desvistió en la oscuridad dejándose los boxers puestos, se tumbó en la cama y tiro de las cortinas. Más de una vez se había asomado a verlo pero ahora lo había tenido entre sus brazos, había sentido su cuerpo, su corazón acelerado, su aliento... y sus labios eran tan suaves... Se dio la vuelta apoyando toda la espalda en el colchón y se echó una fina sabana por encima. Agonhy cerró los ojos.

“Fliht jugaba con él. Su juego favorito era el de sumisión. Le encantaba ser el sumiso y que Agonhy fuera su señor pero últimamente había cambiado el juego; ahora él era el sumiso.
Cuando Agonhy salio del baño parecía que su cuarto estuviese vacío así que se encaminó hacia el armario para ponerse ropa limpia. Abrió las puertas al mismo tiempo que unas manos le acariciaron el torso. Flith. Le dio la vuelta hacia él y puso sus labios lentamente sobre los suyos. Lo fue besando mientras lo conducía por la habitación hasta la cama, donde lo tiro de espaldas y gateó sobre él a horcajadas.

- ¿Qué vas a hacer? - dijo con un tono de anticipación

Flith sacó del bolsillo trasero del pantalón unos pedazos de seda negra con los que le ato las muñecas al cabezal de la gran cama con dosel. Una muy suavemente, demorando los dedos en su piel, dejando que la seda cayera sobre su antebrazo con gracia. La otra, suave al principio, probando la suavidad de su piel con los labios y fuerte al final, apretando el nudo con los dientes casi cortándole la circulación para que no pudiera escapar.

- Ya lo veras – dijo con la lujuria en la mirada mientras se dirigía al armario de las armas.

Cogió algo y, aprovechando que se dio la vuelta para cerrar el armario mientras lo miraba con la misma mirada lujuriosa, lo guardo bajo su pantalón. Se acercaba despacio, casi contoneándose como lo haría una mujer, para hacerle esperar. A pie de cama se quitó la camiseta dejándole ver su cuerpo de guerrero. Le quitó la toalla que llevaba puesta en la cintura de un tirón y se acercó para rozarle con los labios. Agonhy respondió al instante endureciéndose.

- Voy a divertirme – dijo mientras hacia un camino de besos hacia arriba - ¿ves esto? - le enseñó una daga del tamaño de un abrecartas – quiero que te estés quieto – su labios seguían subiendo por su cuello – no vas a poner resistencia mientras me divierto – su mejilla – no vas a hacer nada – su oído – o la usare.

El aliento caliente en su oído lo hizo estremecer dándole a entender que estaba a su merced. Flith le hizo un corte en el labio y lo besó después de lamerle la deliciosa sangre que corría barbilla abajo.
Agonhy estaba indefenso. Tendido en la cama boca arriba, desnudo, con las muñecas atadas. Intentó acatar las ordenes de Flith, aguantó los caricias lascivas y el roce frío del metal por todo su cuerpo concentrándose para no dejarse llevar, escondiendo cada escalofrío que le proporcionaba. Se lo quería poner difícil, no iba a darle la satisfacción de mostrarle lo bien que hacia el papel de “señor” y mientras contraía los músculos para que no se movieran iba liberando lentamente la mano izquierda de sus ataduras mal apretadas con ligeros movimientos de muñeca. Flith estaba demasiado ocupado intentando arrancarle aunque fuera un misero suspiro a su esclavo.

- Estas muy obediente... - la impaciencia resonaba en su voz mientras deslizaba una mano por el interior de sus muslos

- ¿No querías que fuera obediente? - dijo apretando los dientes

- Oh si, pero no tanto.

Agonhy alzó los ojos al cielo al notar su mano que subía por uno de sus muslos hasta llegar a su destino y Flith no lo paso por alto. Pudo ver su sonrisa satisfecha mientras le acercaba el filo al vientre.

- Ah, no eres tan duro guerrero – dijo más para sus adentros

No le dedico mucho tiempo a esa herida pues tenía otro objetivo en mente. Bajó la boca y saludo a su amante con un lametón. Ahonhy, ciertamente no era tan duro y Flith le hizo nuevos cortes de los que brotaba sangre caliente.
En un abrir y cerrar de ojos Flith se encontró tumbado con Agonhy sobre el. Se había desatado. Entonces en la cama se libro una pequeña pelea para ver quien era el sumiso. Flith lo empujaba mientras intentaba tocarlo para que se le fueran las fuerzas y así tomar otra vez el control pero AgonhyAgonhy prefería usar sus colmillos.

- Quiero venganza – dijo en tono peligroso mirándolo a los ojos 

Fue directo al cuello sin ninguna piedad, le clavó los colmillos directamente en la vena y succionó con fuerza.

- ¿Esta es tu toda tu venganza?

Agonhy no podía responder, estaba saboreando su deliciosa sangre, pero sabía que lo estaba provocando. Sacó los colmillos y lamió las heridas. Flith volvió a sus empujones y a intentar soltar sus manos pero no pudo. Agonhy mordisqueó su cuello, fue bajando por la clavicular y se quedó en sus pezones donde Flith perdió la batalla. La cálida lengua rozando en el punto justo le hizo perderse. Lo siguió lamiendo y mordisqueando hasta que notó que algo presionaba justo donde estaba sentado así que llevó la mano allí y pronto lo hizo gemir.”

Se despertó con la desagradable sensación de que se caía. Lo odiaba. Lo odiaba con todas sus fuerzas. Todas las noches, desde que empezó a soñar con el, se despertaba de la misma manera. Nunca los veía terminar, siempre se despertaba antes de tiempo. Deslizó una mano por debajo de las sabanas donde le estaba esperando su polla para ser saciada, aunque fuera, de esa manera. Primero con movimientos lentos. ¿Por qué? ¿Por qué razón no podía quedarse dormido para siempre? Era mil veces más feliz en sus sueños que en la realidad. En sus sueños estaba con él. Fue subiendo el ritmo poco a poco. En sus sueños lo besaba. En sus sueños tocaba su piel. En sus sueños podía amarlo sin ningún reparo. Echo la vista al cielo poniendo los ojos en blanco. Es sus sueños podía recorrerlo entero con las manos, con la boca, con la lengua... Agonhy gritó su nombre a viva voz, como había hecho tantas noches atrás desde que se enamoró de él. Se levantó y fue directo a la ducha. Ya desnudo en la ducha dejó que el agua helada cayera por su piel un buen rato. No quería salir de ahí, estaba seguro que nada más pusiera un pie fuera de su cuarto las hembras lo acosarían. Ah Dios, cuanto odiaba la época de celo, y como aborrecía a las hembras. Antes de su transición le daba igual, pero después...



Su transición fue horrible. Todas las transiciones son horribles pero la suya... El dolor es más que insoportable. El cuerpo te arde, los huesos se rompen uno a uno y crecen.. A algunos les crecen más rápido a otros más lento. A Agonhy le crecieron muy lento. Siete horas desde que su cuerpo comenzó a arder. Al principio es como una ligera fiebre, luego va subiendo hasta que el cuerpo te quema, la vista te falla, las piernas no te responden. A esas alturas su padre lo llevo a un cuarto un poco pobre y llamo a una de las hembras especializadas, después se fue, dejándole solo con aquella mujer. Cuando empezó el sufrimiento ella no hizo nada. Intentó aguantar, “eres un guerrero, no debes mostrar dolor” se decía una y otra vez para resistir el dolor, pero llegó un momento en que le era imposible aguantar y dio los gritos más fuertes que daría en toda su vida. Quería morirse. Notó como, lentamente, los caninos se le desprendían de las encías, la boca le sabía a sangre pero no le gusto. Tardaron siglos en caer del todo y cuando los escupió pensando en que aquello ya estaba por terminar soltó otro grito de dolor. Los colmillos le desgarraban abriéndose paso por las encías con aquellas puntas tan afiladas. Mientras que colmillos se formaban en su boca su huesos empezaron a quebrarse. Aun por encima de sus gritos de dolor podía escuchar como cada uno de sus huesos se rompían, lentos, uno a uno. La mujer de blanco seguía sin hacer nada, permanecía sentada con las piernas cruzadas en una silla al otro extremo de la habitación, solo le faltaba estar leyendo una revista. Las lágrimas le recorrían las mejillas quemándole aun más. No podía moverse, no le quedaba ni un solo maldito hueso sano. Cuando su boca ya estuvo bien su piel le empezó a tirar. Le dolía todo de una manera insoportable. Su piel se estiraba, sus huesos crecían. Para entonces ya habrían pasado unas horas y por fin la mujer se levantó. Le quitó el pelo de la cara y se mordió la muñeca. Agonhy no estaba demasiado consciente y no se entero de que la hembra estaba a su lado hasta que esta no le derramó la sangre por la cara. Al principio pensó que era sudor pero entonces una gota entró en su boca. Un delicioso sabor a sangre le lleno la boca y la garganta, maravilloso, pensó en su ya perdida mente. La hembra puso la muñeca entre sus labios en vano porque Agonhy ya no podía hacer nada. No la mordía, ya no gritaba, no tenía fuerzas. La hembra se dio cuenta. Lo estaba perdiendo. Derramó la sangre directamente en su garganta. Por encima del sonido de sus huesos, que ya estaban empezando a soldarse, Agonhy escuchaba unos sonidos casi imperceptibles. Eran los lamentos y las palabras de animo de la mujer que le decía que bebiera, que no se fuera. Pero Agonhy fue perdiendo la audición, ya no escuchaba nada. Su vista también dejó de funcionarle, por lo que cerró los ojos. Su conciencia se iba perdiendo hasta que pronto ya no sentía ni el dolor, ni su cuerpo y entonces... Lo siguiente que recuerda es el agua fría caer por su cuerpo. Estaba medio desnudo y la hembra le limpiaba con un paño mojado. Tenía la piel muy sensible y el paño le raspaba pero el helor del agua lo aliviaba.

- Has estado al borde de la muerte

Le dijo la hembra que había visto como abría los ojos, pero Agonhy no pudo decirle nada, no tenía fuerzas.

- No se que es lo que te aferra a la vida – continuo – pero me alegra de que estés bien

… Algo le aferraba a la vida. Pensó en Flith inmediatamente. Cuanto deseaba que estuviera con el en esos momentos. Lo que le aferraba a la vida era él. El volver a ver su rostro, el escuchar su voz, el deseo de tocar su piel... eso es lo que le aferraba a la vida. De pronto notó como la hembra le quitaba los boxers, intentó pedirle explicaciones pero no pudo, estaba tan débil que no le salía la voz. Al enfocar en dirección a la hembra vio como su polla estaba erguida en toda su longitud. La ultima vez que la vi no era tan grande, pensó. Levantó la cabeza para ver mejor el rostro de la mujer que estaba lleno de sorpresa y de una pizca de lujuria. Agonhy no pudo más, el cansancio hizo mella en él,. Dejó caer su cabeza y se le cerraron los ojos. Lo ultimo que escuchó antes de quedarse dormido fue la puerta al cerrarse. Poco después, muy poco después, los gritos de “Oh santa Diosa” le despertaron. Siete hembras estaban paradas frente a él con cara de vicio y la mirada fija en su entrepierna. A Agonhy se le paso el cansancio en lo que tarda en caer un relámpago. ¿que le iban a hacer? Aquello no era para ellas, era solo para Flith. Abrió la boca pero no salió nada coherente, solo gruñidos producidos por sus doloridas cuerdas vocales. Entonces una de ellas lo apresó. Como no podía hablar intento levantarse de la cama pero las hembras lo sujetaron, una le cogió por los tobillos y otras dos le sujetaron los brazos. No pudo librarse de ellas, estaba muy débil. La que lo agarraba, una mujer de cabello castaño comenzó a mover la mano de arriba a bajo mientras las demás soltaban algunas risitas. Agonhy no podía liberarse, no sabía que hacer. Notó la húmeda lengua de la mujer rozar su punta y, lejos de sentir placer, grito.

- Fli...

Una de las mujeres que le sujetaba el brazo le tapó la boca, sofocando el grito, impidiéndole pedir ayuda. Las otras tres mujeres no tardaron en ponerse manos a la obra. Se metían mano entre ellas y a las que le estaban sujetando, deleitándose con el espectáculo y los gemidos que daba la mujer de pelo castaño que se llenaba la boca con su erección. Pero no jugo solo ella. Lo cabalgaron todas. Fueron horas de intensa orgía que inundaron la estancia de gemidos y de olor a sexo. No pararon hasta que todas y cada una de ellas quedaron exhaustas y satisfechas. Mientras las hembras dormían agotadas Agonhy se murió de vergüenza. Lo acababan de violar siete hembras. Contempló su pene, que ahora descansaba agotado. Estaba recubierto de los fluidos de sus acosadoras y de su propio fluido. Aunque él no lo hubiera disfrutado, su amiguito lo había pasado la mar de bien. Por algo estaban adiestradas en el arte amatorio.

Agonhy giro la manivela de la ducha para cerrar el agua, se colocó la toalla color granate al rededor de la cintura y se puso con sus sabanas. Las retiro de la cama y las tiró por el conducto de la ropa sucia. No tenía ganas de poner unas limpias así sacó de los estantes de arriba del armario un juego de sabanas limpias en tonos grises y las dejó encima de la cama. Aun se hizo el animo y las estiró un poco pero realmente no tenía ganas de hacer nada así que las dejó a medio estirar. Seguramente las encontraría bien puestas cuando llegara a la habitación más tarde.