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06 marzo 2011

Capítulo 3. La maldición de Agonhy

ADVERTENCIA: 
Este capitulo contiene escenas eróticas YAOI (macho x macho) y también otra escena de la que solo puedo decir: ¡Exageración al poder! ... así que si no os gusta este tipo de lectura ya sabéis ...   
Solo queda un capitulo más para que la historia llegue a su fin.
Bueno aquí os lo dejo.
  1. La maldición de Agonhy.
De todas las puertas que había en ese pasillo había ido a entrar en la cocina. De todos los cocineros que tenían tenía que estar él. Lo había tenido tan cerca... tan cerca y a la vez tan lejos. Tan cerca que le habría podido decir que le echaba de menos, que lo deseaba, que cada noche gritaba su nombre. Tan cerca que le habría podido acariciar ese sedoso pelo mientras le acercaba para besarle. Pero no se atrevió. El recuerdo de aquella hembra llenándose de él no le dejó. Se desvistió en la oscuridad dejándose los boxers puestos, se tumbó en la cama y tiro de las cortinas. Más de una vez se había asomado a verlo pero ahora lo había tenido entre sus brazos, había sentido su cuerpo, su corazón acelerado, su aliento... y sus labios eran tan suaves... Se dio la vuelta apoyando toda la espalda en el colchón y se echó una fina sabana por encima. Agonhy cerró los ojos.

“Fliht jugaba con él. Su juego favorito era el de sumisión. Le encantaba ser el sumiso y que Agonhy fuera su señor pero últimamente había cambiado el juego; ahora él era el sumiso.
Cuando Agonhy salio del baño parecía que su cuarto estuviese vacío así que se encaminó hacia el armario para ponerse ropa limpia. Abrió las puertas al mismo tiempo que unas manos le acariciaron el torso. Flith. Le dio la vuelta hacia él y puso sus labios lentamente sobre los suyos. Lo fue besando mientras lo conducía por la habitación hasta la cama, donde lo tiro de espaldas y gateó sobre él a horcajadas.

- ¿Qué vas a hacer? - dijo con un tono de anticipación

Flith sacó del bolsillo trasero del pantalón unos pedazos de seda negra con los que le ato las muñecas al cabezal de la gran cama con dosel. Una muy suavemente, demorando los dedos en su piel, dejando que la seda cayera sobre su antebrazo con gracia. La otra, suave al principio, probando la suavidad de su piel con los labios y fuerte al final, apretando el nudo con los dientes casi cortándole la circulación para que no pudiera escapar.

- Ya lo veras – dijo con la lujuria en la mirada mientras se dirigía al armario de las armas.

Cogió algo y, aprovechando que se dio la vuelta para cerrar el armario mientras lo miraba con la misma mirada lujuriosa, lo guardo bajo su pantalón. Se acercaba despacio, casi contoneándose como lo haría una mujer, para hacerle esperar. A pie de cama se quitó la camiseta dejándole ver su cuerpo de guerrero. Le quitó la toalla que llevaba puesta en la cintura de un tirón y se acercó para rozarle con los labios. Agonhy respondió al instante endureciéndose.

- Voy a divertirme – dijo mientras hacia un camino de besos hacia arriba - ¿ves esto? - le enseñó una daga del tamaño de un abrecartas – quiero que te estés quieto – su labios seguían subiendo por su cuello – no vas a poner resistencia mientras me divierto – su mejilla – no vas a hacer nada – su oído – o la usare.

El aliento caliente en su oído lo hizo estremecer dándole a entender que estaba a su merced. Flith le hizo un corte en el labio y lo besó después de lamerle la deliciosa sangre que corría barbilla abajo.
Agonhy estaba indefenso. Tendido en la cama boca arriba, desnudo, con las muñecas atadas. Intentó acatar las ordenes de Flith, aguantó los caricias lascivas y el roce frío del metal por todo su cuerpo concentrándose para no dejarse llevar, escondiendo cada escalofrío que le proporcionaba. Se lo quería poner difícil, no iba a darle la satisfacción de mostrarle lo bien que hacia el papel de “señor” y mientras contraía los músculos para que no se movieran iba liberando lentamente la mano izquierda de sus ataduras mal apretadas con ligeros movimientos de muñeca. Flith estaba demasiado ocupado intentando arrancarle aunque fuera un misero suspiro a su esclavo.

- Estas muy obediente... - la impaciencia resonaba en su voz mientras deslizaba una mano por el interior de sus muslos

- ¿No querías que fuera obediente? - dijo apretando los dientes

- Oh si, pero no tanto.

Agonhy alzó los ojos al cielo al notar su mano que subía por uno de sus muslos hasta llegar a su destino y Flith no lo paso por alto. Pudo ver su sonrisa satisfecha mientras le acercaba el filo al vientre.

- Ah, no eres tan duro guerrero – dijo más para sus adentros

No le dedico mucho tiempo a esa herida pues tenía otro objetivo en mente. Bajó la boca y saludo a su amante con un lametón. Ahonhy, ciertamente no era tan duro y Flith le hizo nuevos cortes de los que brotaba sangre caliente.
En un abrir y cerrar de ojos Flith se encontró tumbado con Agonhy sobre el. Se había desatado. Entonces en la cama se libro una pequeña pelea para ver quien era el sumiso. Flith lo empujaba mientras intentaba tocarlo para que se le fueran las fuerzas y así tomar otra vez el control pero AgonhyAgonhy prefería usar sus colmillos.

- Quiero venganza – dijo en tono peligroso mirándolo a los ojos 

Fue directo al cuello sin ninguna piedad, le clavó los colmillos directamente en la vena y succionó con fuerza.

- ¿Esta es tu toda tu venganza?

Agonhy no podía responder, estaba saboreando su deliciosa sangre, pero sabía que lo estaba provocando. Sacó los colmillos y lamió las heridas. Flith volvió a sus empujones y a intentar soltar sus manos pero no pudo. Agonhy mordisqueó su cuello, fue bajando por la clavicular y se quedó en sus pezones donde Flith perdió la batalla. La cálida lengua rozando en el punto justo le hizo perderse. Lo siguió lamiendo y mordisqueando hasta que notó que algo presionaba justo donde estaba sentado así que llevó la mano allí y pronto lo hizo gemir.”

Se despertó con la desagradable sensación de que se caía. Lo odiaba. Lo odiaba con todas sus fuerzas. Todas las noches, desde que empezó a soñar con el, se despertaba de la misma manera. Nunca los veía terminar, siempre se despertaba antes de tiempo. Deslizó una mano por debajo de las sabanas donde le estaba esperando su polla para ser saciada, aunque fuera, de esa manera. Primero con movimientos lentos. ¿Por qué? ¿Por qué razón no podía quedarse dormido para siempre? Era mil veces más feliz en sus sueños que en la realidad. En sus sueños estaba con él. Fue subiendo el ritmo poco a poco. En sus sueños lo besaba. En sus sueños tocaba su piel. En sus sueños podía amarlo sin ningún reparo. Echo la vista al cielo poniendo los ojos en blanco. Es sus sueños podía recorrerlo entero con las manos, con la boca, con la lengua... Agonhy gritó su nombre a viva voz, como había hecho tantas noches atrás desde que se enamoró de él. Se levantó y fue directo a la ducha. Ya desnudo en la ducha dejó que el agua helada cayera por su piel un buen rato. No quería salir de ahí, estaba seguro que nada más pusiera un pie fuera de su cuarto las hembras lo acosarían. Ah Dios, cuanto odiaba la época de celo, y como aborrecía a las hembras. Antes de su transición le daba igual, pero después...



Su transición fue horrible. Todas las transiciones son horribles pero la suya... El dolor es más que insoportable. El cuerpo te arde, los huesos se rompen uno a uno y crecen.. A algunos les crecen más rápido a otros más lento. A Agonhy le crecieron muy lento. Siete horas desde que su cuerpo comenzó a arder. Al principio es como una ligera fiebre, luego va subiendo hasta que el cuerpo te quema, la vista te falla, las piernas no te responden. A esas alturas su padre lo llevo a un cuarto un poco pobre y llamo a una de las hembras especializadas, después se fue, dejándole solo con aquella mujer. Cuando empezó el sufrimiento ella no hizo nada. Intentó aguantar, “eres un guerrero, no debes mostrar dolor” se decía una y otra vez para resistir el dolor, pero llegó un momento en que le era imposible aguantar y dio los gritos más fuertes que daría en toda su vida. Quería morirse. Notó como, lentamente, los caninos se le desprendían de las encías, la boca le sabía a sangre pero no le gusto. Tardaron siglos en caer del todo y cuando los escupió pensando en que aquello ya estaba por terminar soltó otro grito de dolor. Los colmillos le desgarraban abriéndose paso por las encías con aquellas puntas tan afiladas. Mientras que colmillos se formaban en su boca su huesos empezaron a quebrarse. Aun por encima de sus gritos de dolor podía escuchar como cada uno de sus huesos se rompían, lentos, uno a uno. La mujer de blanco seguía sin hacer nada, permanecía sentada con las piernas cruzadas en una silla al otro extremo de la habitación, solo le faltaba estar leyendo una revista. Las lágrimas le recorrían las mejillas quemándole aun más. No podía moverse, no le quedaba ni un solo maldito hueso sano. Cuando su boca ya estuvo bien su piel le empezó a tirar. Le dolía todo de una manera insoportable. Su piel se estiraba, sus huesos crecían. Para entonces ya habrían pasado unas horas y por fin la mujer se levantó. Le quitó el pelo de la cara y se mordió la muñeca. Agonhy no estaba demasiado consciente y no se entero de que la hembra estaba a su lado hasta que esta no le derramó la sangre por la cara. Al principio pensó que era sudor pero entonces una gota entró en su boca. Un delicioso sabor a sangre le lleno la boca y la garganta, maravilloso, pensó en su ya perdida mente. La hembra puso la muñeca entre sus labios en vano porque Agonhy ya no podía hacer nada. No la mordía, ya no gritaba, no tenía fuerzas. La hembra se dio cuenta. Lo estaba perdiendo. Derramó la sangre directamente en su garganta. Por encima del sonido de sus huesos, que ya estaban empezando a soldarse, Agonhy escuchaba unos sonidos casi imperceptibles. Eran los lamentos y las palabras de animo de la mujer que le decía que bebiera, que no se fuera. Pero Agonhy fue perdiendo la audición, ya no escuchaba nada. Su vista también dejó de funcionarle, por lo que cerró los ojos. Su conciencia se iba perdiendo hasta que pronto ya no sentía ni el dolor, ni su cuerpo y entonces... Lo siguiente que recuerda es el agua fría caer por su cuerpo. Estaba medio desnudo y la hembra le limpiaba con un paño mojado. Tenía la piel muy sensible y el paño le raspaba pero el helor del agua lo aliviaba.

- Has estado al borde de la muerte

Le dijo la hembra que había visto como abría los ojos, pero Agonhy no pudo decirle nada, no tenía fuerzas.

- No se que es lo que te aferra a la vida – continuo – pero me alegra de que estés bien

… Algo le aferraba a la vida. Pensó en Flith inmediatamente. Cuanto deseaba que estuviera con el en esos momentos. Lo que le aferraba a la vida era él. El volver a ver su rostro, el escuchar su voz, el deseo de tocar su piel... eso es lo que le aferraba a la vida. De pronto notó como la hembra le quitaba los boxers, intentó pedirle explicaciones pero no pudo, estaba tan débil que no le salía la voz. Al enfocar en dirección a la hembra vio como su polla estaba erguida en toda su longitud. La ultima vez que la vi no era tan grande, pensó. Levantó la cabeza para ver mejor el rostro de la mujer que estaba lleno de sorpresa y de una pizca de lujuria. Agonhy no pudo más, el cansancio hizo mella en él,. Dejó caer su cabeza y se le cerraron los ojos. Lo ultimo que escuchó antes de quedarse dormido fue la puerta al cerrarse. Poco después, muy poco después, los gritos de “Oh santa Diosa” le despertaron. Siete hembras estaban paradas frente a él con cara de vicio y la mirada fija en su entrepierna. A Agonhy se le paso el cansancio en lo que tarda en caer un relámpago. ¿que le iban a hacer? Aquello no era para ellas, era solo para Flith. Abrió la boca pero no salió nada coherente, solo gruñidos producidos por sus doloridas cuerdas vocales. Entonces una de ellas lo apresó. Como no podía hablar intento levantarse de la cama pero las hembras lo sujetaron, una le cogió por los tobillos y otras dos le sujetaron los brazos. No pudo librarse de ellas, estaba muy débil. La que lo agarraba, una mujer de cabello castaño comenzó a mover la mano de arriba a bajo mientras las demás soltaban algunas risitas. Agonhy no podía liberarse, no sabía que hacer. Notó la húmeda lengua de la mujer rozar su punta y, lejos de sentir placer, grito.

- Fli...

Una de las mujeres que le sujetaba el brazo le tapó la boca, sofocando el grito, impidiéndole pedir ayuda. Las otras tres mujeres no tardaron en ponerse manos a la obra. Se metían mano entre ellas y a las que le estaban sujetando, deleitándose con el espectáculo y los gemidos que daba la mujer de pelo castaño que se llenaba la boca con su erección. Pero no jugo solo ella. Lo cabalgaron todas. Fueron horas de intensa orgía que inundaron la estancia de gemidos y de olor a sexo. No pararon hasta que todas y cada una de ellas quedaron exhaustas y satisfechas. Mientras las hembras dormían agotadas Agonhy se murió de vergüenza. Lo acababan de violar siete hembras. Contempló su pene, que ahora descansaba agotado. Estaba recubierto de los fluidos de sus acosadoras y de su propio fluido. Aunque él no lo hubiera disfrutado, su amiguito lo había pasado la mar de bien. Por algo estaban adiestradas en el arte amatorio.

Agonhy giro la manivela de la ducha para cerrar el agua, se colocó la toalla color granate al rededor de la cintura y se puso con sus sabanas. Las retiro de la cama y las tiró por el conducto de la ropa sucia. No tenía ganas de poner unas limpias así sacó de los estantes de arriba del armario un juego de sabanas limpias en tonos grises y las dejó encima de la cama. Aun se hizo el animo y las estiró un poco pero realmente no tenía ganas de hacer nada así que las dejó a medio estirar. Seguramente las encontraría bien puestas cuando llegara a la habitación más tarde.

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