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11 marzo 2011

Capitulo 4. Los amantes

¡Hola! Este es el ultimo capitulo. Espero que os aya gustado la historia. Decídmelo por fa, y si se os ocurre algún titulo mejor para Agonhy y Flith comentadlo ^^


4. Los amantes.

Agonhy se vistió con ropa holgada: pantalones anchos negros y una camiseta simple que no tardaría en sudar. Su objetivo era el gimnasio, donde correría un poco o quizás practicara un poco su puntería.
Salió al pasillo sin la más mínima cautela, estaba harto de las hembras, estaba harto de huir de ellas, de esconderse, así que si alguna hembra se le acercaba en esos momentos lo más probable es que saliera despavorida al ver su cara. Mientras caminaba por el pasillo (que por cierto, no había ni rastro de ninguna hembra) decidió que pasaría de correr en una cinta que no te lleva a ninguna parte, practicaría con su arma tiro al blanco imaginando que la diana era una mujer, así descargaría tensión. Mientras caminaba recordó por que les tenía tanto odio.


Días después de su transición su padre le habían obligado a entrenar todos los días. Ahora que era un guerrero hecho y derecho tenía que estar siempre a punto. Ganó masa muscular, así como confianza en si mismo y talante. Se notaba a leguas que su sangre era guerrera.

No olvidó en ningún momento lo que pasó en su transición y no se iba a quedar de brazos cruzados, así que las reunió a las hembras en el cuarto donde pasó el cambio. Todas llevaban su vestido blanco que las definía en su cargo. Las siete se pararon ante él con la cabeza gacha y cara de avergonzadas arrepentidas. Agonhy no se iba a dejar ablandar por esas caritas de niña buena siendo castigada que ponían todas y al dar un par de vueltas al rededor de ellas con el ceño fruncido y el enfado patente en sus ojos empezó la función.

- Espero que sepáis el por qué os he traído aquí

Agonhy era un verdadero guerrero, su cuerpo, ahora musculado, imponía respeto y su voz sonaba tan dura y fría que a todas les asusto. Algunas asintieron contestando su pregunta, otras se quedaron mirando el suelo muertas de miedo.

- Nos hacemos una ligera idea... – dijo la del moño alto en un susurro, parecía ser la portavoz.

- ¿Una ligera idea? - reprimió las ganas de gritarle – que pensáis hacer al respecto

- Pues ...

Las mujeres se miraron entre ellas. La más joven, una hembra con el pelo negro corto levantó la cabeza hacia él.

- … p-perdón...

- ¿Perdón? - acerco su cara a al de ella - ¿me estas pidiendo perdón? - la hembra asintió cohibida – ¡Me violasteis en esa cama! ¿crees que un simple “perdón” basta?

Señaló la cama para darle más efecto al grito, la hembra estalló en lagrimas. Agonhy carraspeó, le daba igual se la había asustado con su grito o no. Se enderezó todo lo alto que era y dio un par de pasos para tomar tiempo a que las hembras se compusieran un poco.

- Quiero que os marchéis de aquí. Todas. No volveréis a ejercer en esta comunidad.

Se produjo un silencio.

- ¿y que vamos a decir a...

- ¡¡Me da igual lo que le digáis a los demás!! No quiero que mancheis mi nombre con vuestra depravación.

Al ver que después de unos minutos ninguna iba a levantar la mirada del suelo decidió retirarse.

- Os quiero fuera de aquí lo antes posible – y se fue

Esa misma noche las siete hembras con sus vestidos blancos dejaron la comunidad. Muchos les preguntaron el por qué. Agonhy lo vio todo ocultándose tras una esquita. Ellas siempre contestaban lo mismo: “Asistir a más transiciones las defraudaría como hembras porque habían sentido un placer inigualable”. Todo parecía marchar bien, a Agonhy no le desagradaba esa escusa, y quién sabe, quizá fuera cierto, aun que prefería no saberlo. Cuando se marcharon empezaron los rumores “Agonhy a nacido con el don del buen sexo” oyó decir a un grupo de mujeres por el pasillo. Empezó a molestarse, les dijo que no mancharan su nombre pero se le olvido decirles que no lo hincharan. Para entonces ya era demasiado tarde, por culpa de esas arpías viciosas media comunidad de hembras quería tenerlo entre sus sabanas. Fue al año siguiente, en el periodo de celo, cuando comenzaron a acecharlo.




Agonhy le dio un puñetazo a la pared. Malditas hembras... La pared quedó un poco dañada por su rabia pero daba igual, alguien se encargaría de arreglarlo. Caminó lento pasando puerta tras puerta hasta que tras una de ellas escucho unos sollozos que le dieron curiosidad. ¿quien estaría llorando con ese desconsuelo? Se dispuso a abrir la puerta.

- Vamos Elehanor, tranquilizate un poco

Agonhy se paro en seco. Era la voz de Flith. Flith estaba allí, en esa habitación. Entornó la puerta lo justo para que no le vieran y pegó la oreja.

- ¡Me rechazó!

Y tras ese grito ahogado lloró más fuerte.

- Llevaba mucho tiempo planeándolo, esperando el momento oportuno. Rezando para que saliera b...

La muchacha no pudo terminar la frase. Agonhy se llegó a sentir hasta un poco culpable por haberla rechazado. Se escuchó como se movían y no pudo aguantar más el no ver lo que pasaba ahí dentro, así que abrió un poco más la puerta, lo suficiente para verlos. Flith la estaba abrazando.

- No llores más por favor.

- ¡Pero es que tu no lo entiendes! - estalló – llevo toda la vida enamorada de él, desde el primer momento en que lo vi.

La dejó llorar.

- Te entiendo más de lo crees Elehanor – suspiro – más de lo que crees...

Elehanor cesó sus lloros, se incorporó para mirarlo con sus ojos llorosos. Él la miraba con unos ojos tristes pero profundos.

- ¿De quien estas enamorado tu?

- … eso no viene al caso – dijo poniéndose de pié – No entiendo como pudo rechazarte. Eres una hembra con muchas virtudes. Vienes de una buena familia, eres honrada, hermosa...

Ahora fue ella quien lo abrazó y el le devolvió el abrazo. A Agonhy se le atravesó la escena. Así que Flith estaba enamorado de ella... estuvo a punto de irse pero la voz de Elehanor le hizo quedarse.

- Muchas gracias Flith. Pero no hace falta que me animes.


Flith se separó de ella dejándola sentada otra vez en el banquito blanco, abrió su taquilla y sacó un delantal. En su interior ya no sabía ni como se sentía. Elehanor era el único vampiro en que confiaba desde que se metió en aquel infierno. Se habían hecho buenos amigos y confiaban el uno del otro, pero ahora deseaba que todo eso no fuera así. Así que ella había estado enamorada todo este tiempo de Agonhy igual que el. ¡Pero ella no tenía derecho a amarle!. Cerró su taquilla de un golpe. Con paso lento se dirigió a una pared donde apoyó la espalda, cruzó los pies y, con la mirada fija en ninguna parte, se puso a desplegar el delantal con parsimonia. Se alegraba de que la hubiera rechazado. Por dentro, una parte de él estaba dando saltos de alegría y gritando “jodete zorra” a pleno pulmón. Pero por otra parte estaba fatal por verla destrozada. Realmente no sabía como sentirse ahora pero había optado por animarla como “buen amigo” que era... siempre el buen amigo que debía ser...

- Flith – sus sollozos ya casi habían desaparecido - ¿quien es ella?

Flith entrecerró los ojos. “Ella”. Claro, tenia que ser una hembra. Nadie pensaría que podría ser un macho.

- Flith...

Flith levantó la mirada hacia ella, que lo estaba mirando aun con los ojos un poco llorosos. Formulando la pregunta con la mirada. Pero se limitó a negar con la cabeza rechazando la pregunta. Elehanor se acercó a el.

- Vamos, a mi puedes contármelo. No se lo contare a nadie. Incluso, si quieres, puedo intentar ayudarte.

Vamos a ver. Cómo pensaba esta mujer que le iba a poder ayudar cunado estaban los dos enamorados del mismo vampiro. A demás, ella no aceptaría su orientación. Elehanor se acercó más a él, casi aprisionándolo en la pared dejándole sin ninguna salida. La puerta se cerró de golpe, Flith miró hacia allí pero no había entrado nadie. Frunció el ceño.

- … - la miró – no hay ninguna “ella”.

Y al decir esto la aparto a un lado y salió por la puerta.
Tampoco había nadie cerca. Al final del pasillo creyó ver a Agonhy desaparecer a toda velocidad por la esquina. Nah, no puede ser, se dijo, pero entonces se escucho su gran “NO” seguido de los gritos de las hembras. Flith corrió hacia allí, era un grupo pequeño. Los últimos años las hembras en celo habían adoptado la costumbre de moverse en grupo. Las tres hembras lo acosaron a la vez, Agonhy se libro de sus manos y caminó deprisa, pero ellas no se dieron por vencidas y pronto empezaron a correr detrás de el llamándolo. Flith no aguantaba más. Estaba harto de ver como se lo intentaban llevar a la cama. Corrió, y en menos de lo que se esperaba llegó hasta ellos. Saltó a las hembras como si fuera una carrera de obstáculos y llegó hasta Agonhy. Le cogió la mano. Al instante se miraron, él tenía la cara desencajada por el miedo de que quien lo cogía de la mano fuera una de ella. Al encontrarse con él a su lado, le apretó la mano más fuerte y se dejó guiar. Flith lo llevó por otro largo pasillo donde entraron en una habitación con puertas de madera. “Atranca la puerta” fue lo único que le dijo. Agonhy lo hizo poniendo una silla de época contra el pomo de la puerta impidiendo el giro de la manivela. Pronto se escucharon a las hembras llamándolo al otro lado de la puerta intentando abrirla.

- La abrirán.

- No te preocupes.

Flith se dirigió directamente hacia el armario empotrado, abrió las puertas de par en par y giró una manivela que estaba oculta entre la ropa. Se escuchó el rechinar de unas bisagras. Flith lo volvió a coger de la mano y lo empujó dentro.



En el interior estaba completamente a oscuras. La mano de Flith se soltó de la suya, dejándolo solo en aquel lugar desconocido. A lo lejos vio aparecer una llama pequeña que amenazaba con apagarse. Flith estaba encendiendo unas velas para iluminar el lugar. Con un par de débiles llamitas más pudo ver que se encontraban en una habitación bastante antigua. Las paredes estaban recubiertas de un papel de época ya desconchado. La cama, una gran cama con columnas de piedra, estaba dispuesta justo en la mitad de la estancia. Las sabanas que la vestían parecían más nuevas que el resto del mobiliario, que no tardo en suponer que era de por lo menos dos o tres generaciones de vampiros más antiguos que ellos.

- Tranquilo. Aquí nadie te encontrara.

- Gracias Flith

Era la primera vez que estaban solos desde hacía muchos años, no sabía como comportarse. El silencio incomodo campó a sus anchas.
Agonhy había mirado con detenimiento cada uno de los detalles de la habitación esperando a que Flith hiciera o dijera algo, el silencio le estaba matando. Pero ya no le quedaba nada más que mirar y seguían igual. Flith estaba apoyado en una cómoda donde jugaba con una frágil vela. No pudo evitar mirarle con detenimiento. La vela le iluminaba cara y la llama se reflejaba en sus oscuros ojos. La escena con Elehanor se le vino a la cabeza. Agonhy se sentó en la cama. Acababa de acordase de que a la persona que menos quería ver en ese momento era Flith y ahora estaban los dos solos en esa oscura habitación... pues entonces no se iba a quedar con la duda, quería que se lo dijera él.

- Estas enamorado de Elehanor

Su voz retumbo un poco en las desconchadas paredes

- ¿Qué?

- Estas enamorado de Elehanor ¿verdad?

- ¿Por qué dices eso?

Flith lo miró con el ceño fruncido.

- Respóndeme

- ¿De donde has sacado eso? No estoy enamorado de ella

- No me mientas – dijo levantándose de la cama

- No estoy enamorado de ella, es más, pesaba que tu la elegirías hasta que me dijo que la rechazaste

- ¿Elegirla? No podría elegir a ninguna

- Claro que no, es mejor tenerlas a todas a tu disposición – dijo más para si

Flith se volvió hacía su vela dándole la espalda. Agonhy no lo culpó por el puñal que le acaba de clavar.

- Si supieras a todas las hembras que he rechazado por ti...

Lo dijo en voz alta, cuando se dio cuenta ya era demasiado tarde. Flith lo miraba con los ojos muy abiertos.

- Qué acabas de decir

- …

- A-acabas de decir que...

Flith estaba confundido, todos estos años pensando que el las prefería, que se acostaba con ellas... y ahora le acababa de decir que... que las rechazó. Por él. Realmente Flith estaba confundido. Agonhy se acerco a él decidido y le atrapo la cara entre las manos.

- Las rechacé a todas – le dijo clavándole sus ojos esmeralda – por ti.

Flith se quedó sin habla. Había soñado todas las noches con escuchar esa frase y ahora... Agonhy bajó la mirada hacia su boca y no tardo en ir allí. Sus labios eran suaves y cálidos, tal y como se los había imaginado. Flith lo correspondió apretandose contra él y enredando los dedos en su pelo. Un escalofrío recorrió toda su espalda al sentir su lengua, que acariciaba la suya. Se miraron profundamente disculpandose por todos esos años de lejanía y al mismo tiempo dejando ver lo que se deseaban el uno al otro. Sin mediar palabra se fueron acercando a la cama entre besos y caricias hasta que los dos cayeron en el mullido colchón donde los muelles chirriaron un poco a causa de su vejez. Flith estaba encima de él, mirándolo con ojos brillantes mientras que Agonhy le dibujaba el contorno de sus labios con el dedo. No tardaron mucho más. La ternura y la pasión fusionaron sus cuerpos. Y allí, bajo las sabanas de satén negro, desaparecieron dando rienda suelta a sus deseos.

3 comentarios:

  1. muy original la idea de los vampiros gays, me gusta! enhorabuena un saludo!

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  2. Bueno acabo de terminar de leerme la historia entera, me ha encantado la verdad y se me ha hecho hasta corta T.T!! La transición me ha encantado!! Lo de que se rompian los huesos y crecían.. no sé, ha estado muy bien! Lo que me hace preguntarme que clase de sociedad vampirica es, como mencionabas también lo de la cocina y que cocinan con aceite, pues me hace pensar que las hembras son humanas ¿y solo los hombres son vampiros?
    Me leí un libro, el beso del vampiro, que mantenía esa estructura y fue bastante interesante!! En fin, que voy a por el de AY ANA!
    Y porcierto no se si al final le pusiste nombre al libro, pero algo que me ha parecido sensual y clave hasta el final del relato es lo de la seda negra, tal vez se te ocurra algo =)

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