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27 junio 2011

Lonely

Se humedeció sus rosados labios, se llevó a ellos la pajita negra que minutos antes había elegido y sorbió su granizado de fresa haciendo caso omiso a la sensibilidad de sus dientes.
Notó como el liquido helado bajaba lentamente por su garganta y cerró los ojos para disfrutar de la sensación y el frescor que le proporcionaba. La suave brisa marina hacía ondear su cabello oscuro y la luz de la luna llena resaltaba su blanca piel.

Ahí estaba ella, después de pasar mucho tiempo esforzándose sin descanso (sí, por exámenes importantes) después de estar mucho tiempo en un continuo estado de estrés y nervios ¡Al fin! Se terminó.
Había decidido que la primera noche sería solo para ella. Muchos la habían invitado a fiestas y celebraciones típicas de esa época estival pero no quiso ir a ninguna. Quería darse una recompensa a si misma, así que ahí estaba.
Después de andar tranquilamente por el paseo marítimo decidió tomar algo en una heladería con vistas al mar que tenía unas hamacas blancas en la terraza.
Cogió el vaso de tubo entre sus manos y se recostó, la hamaca era realmente cómoda. Dio otro sorbito corto y dejó que el aire fresco le acariciara la piel, haciendo que se le erizara.

- ¿Puedo acompañarte?

Ella se lo quedó mirando. Ya había rechazado a varios chicos que querían acompañarla en esa noche pero dudo un poco con este ultimo. Era bastante guapo, con su pelo oscuro y su mirada de miel pero aun así, tampoco le dejó unirse a ella. Si realmente tenían que conocerse se conocerían, el destino ya los volvería a cruzar en otra ocasión. Aquella noche era solo para ella. Quería disfrutar del olor a sal, de la tranquilidad, del silencio, de su soledad. Y no podía haber escogido una noche mejor.
Al terminarse su granizado lo dejó en la mesa y se paso una rebeca por los hombros. Volvió a recostarse para disfrutar de la caricia de la brisa en su rostro y relajarse escuchando romper las olas mientras miraba las estrellas. Qué mejor recompensa que aquello podía darse.

14 junio 2011

El pub



A la noche siguiente Ayana fue la encargada de abrir el pub. Siempre tenía que llegar alguien una hora antes para ponerlo todo en orden: arreglar los sillones y las mesas, comprobar la bebida y los aperitivos que quedan, hacer pruebas de sonido y luces en el escenario y todo eso de mantenimiento que se tiene que hacer.
Lucy llego media hora después y la ayudó en lo poco que quedaba. Se llevaba genial con ella, podría decirse que era su mejor amiga. Era divertida y agradable a la par que atenta y responsable. Además su nuevo color de pelo castaño clarito le daba un aspecto muy dulce. Cada día le agradaba más.

- Ayana ¿te pasa algo? - dijo risueña.

- ¿Qué? ah... no, tranquila – rió, se la había quedado mirando.

Cinco minutos antes de abrir, Megan llegó con un chico nuevo.

- Hola ¿qué tal va?

- Pues b...

- Si vale – la cortó, sólo era una pregunta rutinaria, no le importaba nada como estaban. Ayana refunfuñó – Chicas, este es Mor...

- ¡TÚ - le señaló con un dedo acusador.

- Hola preciosa, yo también me alegro de verte – seguía teniendo su sonrisa pretenciosa

- ¿Os conocéis?

- Nos conocimos ayer cuando vine para echar un vistazo. Quería ver como funcionaba la cosa antes de empezar.

- ¿Cómo que “empezar”? - No podía ser eso... “No, por favor” Suplicaba en su fuero interior.

- Es el nuevo camarero – dijo Megan con voz autoritaria.

- ¡No! - Pensó en voz alta y se llevó las manos a la boca al darse cuenta. Megan arrugó el entrecejo.

- Lucy, hazle un tour a Morgan. Ayana, a mi despacho.


Ayana bajó la cabeza y la siguió. No sólo estaba molesta porque el chico que tan mal le había caído fuese a ser su compañero, sino porque Megan acababa de decepcionarla.
Una vez dentro del despacho, que por cierto, con esa decoración parecía más una sala de estar con escritorio, Megan ocupó su lugar en el sillón con reposa brazos e instó a Ayana para que se sentara en una silla cutre.

- Esc...

- ¿Cómo has podido contratarle? - le soltó de repente. Era la segunda vez que hablaba sin pensar. Megan arrugó tanto el ceño que se le juntaron las dos cejas. Se parecía a Blas, el de barrio sésamo. Si no hubiera estado tan centrada en su indignación hubiera tenido que reprimir una risita.

- Es la segunda vez que cuestionas a tu jefa en menos de cinco minutos – dijo muy seria – Necesitamos un empleado más para que el negocio prospere y Morgan es lo mejor que he encontrado. Me da igual que fuera del pub os matéis, pero estando aquí trabajareis codo con codo.

Ayana se quedó mirándola un rato.

- Así que ya no te acuerdas de tu promesa... - dijo con un hilo de voz

- ¿Qué promesa?

- ...Déjalo...Trabajaré bien con Morgan, descuida – se levantó de la silla para irse.

- Una cosa más. - la retuvo – Morgan ocupará tu puesto en la barra, a partir de ahora tu te encargaras de llevar las copas a las mesas.

- … Esta bien

No estaba de acuerdo pero no iba a replicarle, no tenía ganas.
Ayana se dirigió directamente al almacén, cerró la puerta y se sentó en el suelo cogiéndose las rodillas y poniendo la cabeza entre ellas. A su mente vino el día en que decidieron montar el pub.

Quedaban pocos días para acabar la universidad. Como todas las noches, la cuadrilla se había juntado en el cuarto de Lucy, que por entonces llevaba el pelo corto ondulado y de color verde, vestía un poco hippie y siempre estaba fumando maría.

Ayana sólo tenía cabeza para su querido Hiroshi, que hacía poco que había vuelto a japón. Lo añoraba tanto que últimamente sólo hacía cosas relacionadas con su cultura. Había empezado a leer manga y a escuchar rock japones. ¡Hasta se había cortado el pelo de la misma manera que Azumi! (La heroína del manga preferido de Hiroshi) Megan estaba celosa de que la cultura nipona la tuviera tan absorbida. Desde que conocieron al japones ya no le hacía tanto caso, así que para llamar su atención había decidido tontear con su hermano gemelo.
Por su lado, Rob era un seductor elegante, discreto y muy selectivo. Era consciente de que todas se morían por un simple cumplido suyo pero él no derrochaba su encanto con cualquiera. No era tonto, sabía perfectamente lo que pretendía Megan al tontear con él y no le hacía mucha gracia, pero ella siempre le había hecho algo de tilín. Era como “la mejor amiga de tu hermana que esta buenísima” que salen en las pelis americanas y, claro, no podía dejar pasar esa oportunidad. Decidió seguirle el juego aún que se haría el difícil.
Aquella noche era especial. Megan les había dicho que tenía algo importante que decirles y estaban todos muy intrigados.

Vamos Megan suéltalo ya – decía Lucy al tiempo que soltaba el humo de la calada.

- Mmm esta bien, ya os e hecho esperar mucho – intentaba disimular una sonrisa de oreja a oreja pero no tubo éxito – Escuchad – esperó a que todos tomaran posición expectante, Ayana se estiró en la cama para estar más cerca y apoyo la cabeza en las dos manos como si fuera a escuchar un cuento. Era la primera vez en mucho tiempo que tenía toda su atención así que Megan estaba encantada. Prosiguió sonriendo aún más – Hace un tiempo se me ocurrió una gran idea y he decidido que voy a hacerlo.

Pausa. Todos esperaron a que Megan soltara de una vez qué era. Ella hizo ademán de abrir la boca y los tres amigos se echaron hacia delante agachando la cabeza un poco, instándola a que hablara.

Esperad – suspiro profundamente. Los tres empezaron a abuchearla en broma con “venga hombre, dilo ya” y cosas por el estilo. Se rió, estaba muy emocionada. Abrió la boca otra vez y sus amigos volvieron a echarse hacia delante – cha-cha-cha-cha-cha-cha-cha-cha-chan... - le silbaron el redoble, estaban impacientes y contagiados de su emoción. Al fin, lo dijo – ¡Voy a montar un pub!

- ¡Wohuu! - grito Lucy levantando los brazos.

- ¿Pero uno de esos pub para los chavales “modernillos”? - preguntó Ayana un poco contrariada.

- ¡No! Mi pub sera un sitio agradable. Lo tengo todo pensado – levantó la cabeza en “mode soñador on” - tendrá mesas con sillones cómodos para que la gente este a gusto mientras bebe y ríe con sus amigos, y también tendrá pista de baile con sus luces y sus láseres... ¡Y pondré un escenario para los conciertos! Sí... - lo visualizó en su mente - organizaré conciertos con las jóvenes promesas de la buena música.... - se quedó mirando el techo mientras soñaba. Se estaba colocando por el humo del canuto de Lucy, ella era un poco “floja” y le subía todo en seguida.

- ¡Eso es genial! - gritó Ayana, devolviéndola a la tierra.

- ¿Entonces os gusta la idea?

- Si – dijeron todos a lo unísono

Megan se echó encima de los tres para abrazarlos, estaba más que contenta.

Bueno, bueno – se sentó, retomando la “calma” - yo seré la jefa, y necesito empleados así que... ¿cuento con vosotros? - contuvo la respiración y miró primero a Lucy.

- Claro, trabajo seguro y en familia. De cabeza.

- ¡Sí! - ahora miró a Ayana

- ¡Por supuesto que si! - dijo súper contenta

Megan no pudo contener la emoción y las abrazó a las dos otra vez, luego recuperó la compostura, se acercó a Rob y le preguntó con un tono bajo:

- Y tú, Rob ¿Qué dices?

El chico se puso las manos en la cabeza, se apoyó en la pared (en plan pasota) y la miró con los ojos entornados.

Yo paso.

- Oh... – no era la respuesta que esperaba pero no la desanimó – bueno, ya te convenceré – le guiñó un ojo discretamene

- Podría hacer un esfuerzo y ayudaros a montarlo – le devolvió el guiño – pero no trabajaré con vosotras.

- Mmm bueno, tendré que conformarme con eso. Por el momento.

- ¡Geniaaal! - Grito Ayana sacándoles de la burbuja del coqueteó en la que habían entrado. La chica se había emocionado un montón con la idea – Sera nuestro pub, sólo nosotros cuatro, y nadie más.

Megan le pasó el brazo por los hombros y juntaron cabezas.

Sí – rió – sólo nuestro

- ¿Lo prometes?

- Te lo prometo.

Sólo ellos, nadie más. Esa es la promesa que le hizo y que ahora acababa de romper... ¡Ni si quiera se acordaba! “Estúpida zorra” maldijo.
Desde aquella noche en el cuarto de Lucy, Megan se fue centrando cada vez más en el pub y en su gemelo y se fue olvidando de ella. Hasta llegar a hoy... Esa promesa era lo único que quedaba de su amistad, y ahora...

La puerta se abrió de pronto y ella, del susto, pegó un bote y se calló de lado.

- Pero... ¿Qué haces tirada en el suelo? - preguntó risueño

Morgan le tendió la mano para ayudarla a levantarse y ella la aceptó de mala gana.
Dentro del pub debemos llevarnos bien” dijo en su mente en tono de burla.

- ¿Qué hacías en el suelo? - insistió

- Estaba mirando los estante de abajo – mintió – y me has asustado.

- Perdona – siempre con esa sonrisa ladeada – Te asustas con facilidad.

Morgan le colocó uno de sus negros mechones de pelo detrás de la oreja, ella se apartó para que no la tocase. Podía fingir que se llevaban bien, pero tenía un límite.

- Vamos, acabamos de abrir – recuperó su sonrisa – Empieza la diversión, preciosa.



05 junio 2011

Un chico nuevo


Este es el segundo capítulo de ¡Hay Ana!
Intento que tenga toques cómicos, así que espero sacaros alguna sonrisilla xD 
Sería interesante saber qué personaje es el que más os gusta, así que a la derecha he puesto una pequeña encuesta. Votad por fa, que solo es un momentito.
Si te has perdido el primer capítulo puedes leerlo pinchando aquí
Ala, a disfrutar ^^



Ayana trabajaba por las noches en un pub. Era bastante modernillo con sus sillones cómodos, sus mesas bajitas, sus luces de ambiente. Bueno... todo eso se veía un poco pijo para su gusto pero luego desviaba la visa al lado de la pista de baile con sus láseres y su escenario. Le encantaba esa parte del pub.  



Ponían música decente, nada del horrendo tecno. Era un estilo de música que le gustaba a Megan y que aún no había podido calificar de algún estilo. Ella nunca puso ninguna de las canciones que le gustaban a Ayana. Habían hecho algunas noches temáticas a petición de Lucy, la segunda camarera, y también había puesto en práctica algunas de las ideas de Rob pero cuando Ayana le dio el CD de música japonesa que le había dedicado Hiroshi para poner alguna canción, ésta le dio un no rotundo.

Una cosa más para apuntar en la lista de por qué odio a Megan” Pensó ella al recordarlo.
Esa noche era normalita. La gente bebía, reía, bailaba... en fin, se divertían.
Lucy estaba atareada atendiendo a los clientes, algunas de las bebidas que le habían pedido llevaban una rodajita de limón así que cuando Ayana terminó de secar los vasos se puso a cortar unos cuantos. Lucy le cogió una rodaja con prisa y cuando la coloco en el borde de un vaso de tubo a modo de decoración vio que estaba fatal cortado.

- Ayana ¿qué haces con los …? - se calló al ver la minikatana y puso los ojos en blanco “cómo no”, suspiró – oye deberías hacerlo con un cuchillo

- Sabes que no

- Entonces deberías afilarla, ya está bastante desgastada

- No sé si es buena idea... ya lo hice una vez y...

- Va no seas tonta, trae eso – Lucy le cogió la minikatana y la pasó por el afilador – ya está, ahora cortarás bien

Lucy se la devolvió, estaba muy afilada y cortaba mucho. Ayana la cogió desconfiada y empezó a cortar con cuidado. No eran cortes rectos (de hecho, en un sólo corte se llevó medio limón) pero cortaba bien y poco poco fue perdiendo cuidado. Cuando Lucy le dio la espalda ella gritó. Se había hecho un profundo corte en el dedo corazón.

- ¡Ves! Te dije que no era buena idea – se tapó el dedo con un trapo – ha pasado lo mismo que la última vez que la afilé – lloriqueaba

Una tirita y diez minutos después, Lucy le enseñó cómo cortar bien sin sufrir ningún accidente: escondiendo los dedos.

- Gracias Lucy, eres un cielo – ella le sonrió y siguió atendiendo clientes.

Puso en práctica lo que su amiga le había dicho, la verdad es que tenía razón, así era más seguro.

- Ayanaa – la saludó Rob mientras llegaba a la barra.

- Hola Rob – le sonrió

- Hey... ¡Uf! tu cortando, ten cuidado

- Ya, mira lo que me ha pasado – le enseño el dedo

- No seas grosera – Ayana se percató del corte de mangas accidental que le estaba haciendo y se apresuro en levantar todos los dedos, él le cogió la mano – Mmm... te hiciste un corte

- Lucy la afiló

- Mala idea, ni que no te conociera

- ¡Rob!

Megan lo llamó desde la puerta. Se había puesto otra vez esa falda abierta por el lateral. Apoyada como estaba se le veía el muslo, solo le faltaba llevar liguero para parecerse del todo a una putilla “otra cosa más para la lista” Pensó y se le calló la mandíbula al suelo cuando vio que su hermano le pasaba el brazo por los hombros y entraba en su despacho.

- Disculpa...

Un cliente pedía su atención. Lo último que vio antes de atenderle fue la melena cobriza de su ex-amiga. Estaba que echaba humo pero tenía que ser simpática cara al publico así que puso su mejor sonrisa.

- ¿Si?

- Eh eh tranquila – el chico levantó las manos – baja eso ¿quieres?

Ayana puso cara de póquer al comentario del chico, que por cierto era bastante guapo, y miró hacia donde él miraba. Le estaba apuntando con la minikatana, debía haberla dejado levantada al girarse. La dejó junto a los limones y se deshizo en disculpas.

- ¿Es así como tratas a los clientes?

- Discúlpame por favor … - empezó a hacer bucles con un mechón de pelo, como hacía siempre que se ponía nerviosa

- No te preocupes preciosa – rió – solo me estaba quedando contigo.

Ayana dejó de hacer bucles y le sostuvo esa mirada de ojos verdes, no le gustaba que la llamaran “preciosa” 

- Me llamo Morgan – dijo sin apartar la mirada de la suya

- Yo Ayana

- Encantado preciosa

Morgan se lanzó a darle dos besos y por cortesía se los dio, pero sólo por cortesía porque estaba empezando a caerle un poco mal. Sobretodo esa sonrisilla pretenciosa que no se le quitaba de los labios y la manera en que pronunciaba “preciosa”.