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14 junio 2011

El pub



A la noche siguiente Ayana fue la encargada de abrir el pub. Siempre tenía que llegar alguien una hora antes para ponerlo todo en orden: arreglar los sillones y las mesas, comprobar la bebida y los aperitivos que quedan, hacer pruebas de sonido y luces en el escenario y todo eso de mantenimiento que se tiene que hacer.
Lucy llego media hora después y la ayudó en lo poco que quedaba. Se llevaba genial con ella, podría decirse que era su mejor amiga. Era divertida y agradable a la par que atenta y responsable. Además su nuevo color de pelo castaño clarito le daba un aspecto muy dulce. Cada día le agradaba más.

- Ayana ¿te pasa algo? - dijo risueña.

- ¿Qué? ah... no, tranquila – rió, se la había quedado mirando.

Cinco minutos antes de abrir, Megan llegó con un chico nuevo.

- Hola ¿qué tal va?

- Pues b...

- Si vale – la cortó, sólo era una pregunta rutinaria, no le importaba nada como estaban. Ayana refunfuñó – Chicas, este es Mor...

- ¡TÚ - le señaló con un dedo acusador.

- Hola preciosa, yo también me alegro de verte – seguía teniendo su sonrisa pretenciosa

- ¿Os conocéis?

- Nos conocimos ayer cuando vine para echar un vistazo. Quería ver como funcionaba la cosa antes de empezar.

- ¿Cómo que “empezar”? - No podía ser eso... “No, por favor” Suplicaba en su fuero interior.

- Es el nuevo camarero – dijo Megan con voz autoritaria.

- ¡No! - Pensó en voz alta y se llevó las manos a la boca al darse cuenta. Megan arrugó el entrecejo.

- Lucy, hazle un tour a Morgan. Ayana, a mi despacho.


Ayana bajó la cabeza y la siguió. No sólo estaba molesta porque el chico que tan mal le había caído fuese a ser su compañero, sino porque Megan acababa de decepcionarla.
Una vez dentro del despacho, que por cierto, con esa decoración parecía más una sala de estar con escritorio, Megan ocupó su lugar en el sillón con reposa brazos e instó a Ayana para que se sentara en una silla cutre.

- Esc...

- ¿Cómo has podido contratarle? - le soltó de repente. Era la segunda vez que hablaba sin pensar. Megan arrugó tanto el ceño que se le juntaron las dos cejas. Se parecía a Blas, el de barrio sésamo. Si no hubiera estado tan centrada en su indignación hubiera tenido que reprimir una risita.

- Es la segunda vez que cuestionas a tu jefa en menos de cinco minutos – dijo muy seria – Necesitamos un empleado más para que el negocio prospere y Morgan es lo mejor que he encontrado. Me da igual que fuera del pub os matéis, pero estando aquí trabajareis codo con codo.

Ayana se quedó mirándola un rato.

- Así que ya no te acuerdas de tu promesa... - dijo con un hilo de voz

- ¿Qué promesa?

- ...Déjalo...Trabajaré bien con Morgan, descuida – se levantó de la silla para irse.

- Una cosa más. - la retuvo – Morgan ocupará tu puesto en la barra, a partir de ahora tu te encargaras de llevar las copas a las mesas.

- … Esta bien

No estaba de acuerdo pero no iba a replicarle, no tenía ganas.
Ayana se dirigió directamente al almacén, cerró la puerta y se sentó en el suelo cogiéndose las rodillas y poniendo la cabeza entre ellas. A su mente vino el día en que decidieron montar el pub.

Quedaban pocos días para acabar la universidad. Como todas las noches, la cuadrilla se había juntado en el cuarto de Lucy, que por entonces llevaba el pelo corto ondulado y de color verde, vestía un poco hippie y siempre estaba fumando maría.

Ayana sólo tenía cabeza para su querido Hiroshi, que hacía poco que había vuelto a japón. Lo añoraba tanto que últimamente sólo hacía cosas relacionadas con su cultura. Había empezado a leer manga y a escuchar rock japones. ¡Hasta se había cortado el pelo de la misma manera que Azumi! (La heroína del manga preferido de Hiroshi) Megan estaba celosa de que la cultura nipona la tuviera tan absorbida. Desde que conocieron al japones ya no le hacía tanto caso, así que para llamar su atención había decidido tontear con su hermano gemelo.
Por su lado, Rob era un seductor elegante, discreto y muy selectivo. Era consciente de que todas se morían por un simple cumplido suyo pero él no derrochaba su encanto con cualquiera. No era tonto, sabía perfectamente lo que pretendía Megan al tontear con él y no le hacía mucha gracia, pero ella siempre le había hecho algo de tilín. Era como “la mejor amiga de tu hermana que esta buenísima” que salen en las pelis americanas y, claro, no podía dejar pasar esa oportunidad. Decidió seguirle el juego aún que se haría el difícil.
Aquella noche era especial. Megan les había dicho que tenía algo importante que decirles y estaban todos muy intrigados.

Vamos Megan suéltalo ya – decía Lucy al tiempo que soltaba el humo de la calada.

- Mmm esta bien, ya os e hecho esperar mucho – intentaba disimular una sonrisa de oreja a oreja pero no tubo éxito – Escuchad – esperó a que todos tomaran posición expectante, Ayana se estiró en la cama para estar más cerca y apoyo la cabeza en las dos manos como si fuera a escuchar un cuento. Era la primera vez en mucho tiempo que tenía toda su atención así que Megan estaba encantada. Prosiguió sonriendo aún más – Hace un tiempo se me ocurrió una gran idea y he decidido que voy a hacerlo.

Pausa. Todos esperaron a que Megan soltara de una vez qué era. Ella hizo ademán de abrir la boca y los tres amigos se echaron hacia delante agachando la cabeza un poco, instándola a que hablara.

Esperad – suspiro profundamente. Los tres empezaron a abuchearla en broma con “venga hombre, dilo ya” y cosas por el estilo. Se rió, estaba muy emocionada. Abrió la boca otra vez y sus amigos volvieron a echarse hacia delante – cha-cha-cha-cha-cha-cha-cha-cha-chan... - le silbaron el redoble, estaban impacientes y contagiados de su emoción. Al fin, lo dijo – ¡Voy a montar un pub!

- ¡Wohuu! - grito Lucy levantando los brazos.

- ¿Pero uno de esos pub para los chavales “modernillos”? - preguntó Ayana un poco contrariada.

- ¡No! Mi pub sera un sitio agradable. Lo tengo todo pensado – levantó la cabeza en “mode soñador on” - tendrá mesas con sillones cómodos para que la gente este a gusto mientras bebe y ríe con sus amigos, y también tendrá pista de baile con sus luces y sus láseres... ¡Y pondré un escenario para los conciertos! Sí... - lo visualizó en su mente - organizaré conciertos con las jóvenes promesas de la buena música.... - se quedó mirando el techo mientras soñaba. Se estaba colocando por el humo del canuto de Lucy, ella era un poco “floja” y le subía todo en seguida.

- ¡Eso es genial! - gritó Ayana, devolviéndola a la tierra.

- ¿Entonces os gusta la idea?

- Si – dijeron todos a lo unísono

Megan se echó encima de los tres para abrazarlos, estaba más que contenta.

Bueno, bueno – se sentó, retomando la “calma” - yo seré la jefa, y necesito empleados así que... ¿cuento con vosotros? - contuvo la respiración y miró primero a Lucy.

- Claro, trabajo seguro y en familia. De cabeza.

- ¡Sí! - ahora miró a Ayana

- ¡Por supuesto que si! - dijo súper contenta

Megan no pudo contener la emoción y las abrazó a las dos otra vez, luego recuperó la compostura, se acercó a Rob y le preguntó con un tono bajo:

- Y tú, Rob ¿Qué dices?

El chico se puso las manos en la cabeza, se apoyó en la pared (en plan pasota) y la miró con los ojos entornados.

Yo paso.

- Oh... – no era la respuesta que esperaba pero no la desanimó – bueno, ya te convenceré – le guiñó un ojo discretamene

- Podría hacer un esfuerzo y ayudaros a montarlo – le devolvió el guiño – pero no trabajaré con vosotras.

- Mmm bueno, tendré que conformarme con eso. Por el momento.

- ¡Geniaaal! - Grito Ayana sacándoles de la burbuja del coqueteó en la que habían entrado. La chica se había emocionado un montón con la idea – Sera nuestro pub, sólo nosotros cuatro, y nadie más.

Megan le pasó el brazo por los hombros y juntaron cabezas.

Sí – rió – sólo nuestro

- ¿Lo prometes?

- Te lo prometo.

Sólo ellos, nadie más. Esa es la promesa que le hizo y que ahora acababa de romper... ¡Ni si quiera se acordaba! “Estúpida zorra” maldijo.
Desde aquella noche en el cuarto de Lucy, Megan se fue centrando cada vez más en el pub y en su gemelo y se fue olvidando de ella. Hasta llegar a hoy... Esa promesa era lo único que quedaba de su amistad, y ahora...

La puerta se abrió de pronto y ella, del susto, pegó un bote y se calló de lado.

- Pero... ¿Qué haces tirada en el suelo? - preguntó risueño

Morgan le tendió la mano para ayudarla a levantarse y ella la aceptó de mala gana.
Dentro del pub debemos llevarnos bien” dijo en su mente en tono de burla.

- ¿Qué hacías en el suelo? - insistió

- Estaba mirando los estante de abajo – mintió – y me has asustado.

- Perdona – siempre con esa sonrisa ladeada – Te asustas con facilidad.

Morgan le colocó uno de sus negros mechones de pelo detrás de la oreja, ella se apartó para que no la tocase. Podía fingir que se llevaban bien, pero tenía un límite.

- Vamos, acabamos de abrir – recuperó su sonrisa – Empieza la diversión, preciosa.



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