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26 agosto 2011

4. El mundo contra mi


- ¡Increible! - suspiró.

“Sí, increiblemente estúpido” Pensó Ayana. 
Lucy y ella salían del almacén con un par de botellines cada una cuando el espectáculo que se estaba dando en la barra las hizo parar en seco. Morgan estaba preparando combinados haciendo malabares con las botellas de alcohol. Nunca habían visto algo parecido tan de cerca. Sus admiradoras, una panda de fans consumadas que lo seguían de local en local (chicas who, en opinion de Ayana), no paraban de gritar y saltar, animándolo.
Ayana puso los ojos en blanco. Había estado rezando todas las noches para que Megan lo despidiera hasta que se enteró de que justamente lo contrató porque ya sabía que era un camarero de éxito. La jefa no paraba de repetir que haber contratado a alguien tan profesional, guapo y experto era lo mejor que había echo hasta el momento. Y es que, por muy mal que le cayera y por muy pretencioso que fuera, Ayana tenía que reconocer que era todo un profesional y muy bueno en su materia. En casi un mes que llevaba trabajando allí había duplicado la popularidad y las ganancias del pub y se había integrado a la perfección. Tampoco dejaba que se le subiera a la cabeza el echo de tener fans. En eso le recordaba a su hermano: seductor y selecto. No le extrañó nada que se hicieran amigos tan rápido. A pesar de todo aún albergaba esperanzas.... que poco a poco se iban debilitando cada vez que veía a Megan haciendo planes de futuro que lo incluían. Ya tenia en mente cambiar el sistema de sonido por uno mejor y estaba decidiendo qué grupo contratar para el primer concierto. De todos era sabido que organizar conciertos era una de las cosas que mas deseaba y hasta el momento no había podido hacerlo. Los grupos decentes eran caros y no podía permitirselo pero ahora que había llegado Morgan eso iba a cambiar. Estaba muy ilusionada. 
El chico se giró hacia ellas y les dedicó una breve sonrisa. Lucy suspiró otra vez.

- Como sigas así se te va a salir el alma por la boca 

- Que se la quede, es toda suya – dijo más para si misma que para su compañera.

“¡Increíble!” bufó. Lucy estaba totalmente embobada mirándole. Desde hacia ya una semana se pasaba el día en su mundo fantástico de unicornios rosas y arco iris soñando con el chico y no podía culparla. La había atrapado en sus redes de miradas verde intenso y sonrisas profident. 
Ayana lo miró con los ojos entrecerrados. Morgan, que ya había terminado el espectáculo y despachado a sus chicas, la estaba escaneando de arriba a abajo hasta que se dio cuenta de que lo había pillado con las manos en la masa y clavó sus bonitos ojos verdes en los de su compañera. Ella le echo la mirada más asesina que pudo esperando que se cortara un poco pero nada más lejos de la realidad, él le dedico su sonrisa más descarada, desarmandola. 
Ayana, indignada, se marchó antes de poder ver lo celosa que se había puesto Lucy. 

“Guaperas descarado...” Maldecía Ayana más tarde, mientras recogía una mesa. Unas palmadas en el hombro la asustaron, sacándola súbitamente de sus pensamientos.

- Acompañame – dijo solamente.

Nunca había visto a Megan tan seria. Su mirada era dura y sus voz sonaba amenazante. Ayana, muy desconcertada, dejó la bandeja en la barra y la siguió. “Qué pasa...” Su jefa andaba rígida y con los puños apretados, sen silencio. Incluso una vez sentadas en el despacho, una enfrente de la otra, seguía sin decir nada creando una tensión en el ambiente que se podía cortar con cuchillo, o en el caso de Ayana, con mini katana. Megan seguía callada, con los dedos entrelazados delante de la boca y la mirada perdida, quieta, muy quieta. Parecía que estuviera meditando cuál era la mejor manera de dar una mala noticia. Que estuviera escogiendo las palabras adecuadas. La chica, muy nerviosa, rompió el silencio.

- ¿Q-qué pas...? 

- Ayana – la corto – ¿sabes por que te he llamado? - ella negó con la cabeza sin atreverse a abrir la boca, se quedó helada. Megan hizo una pausa antes de hablar – Hemos levantado este local con mucho esfuerzo. Trabajando sin descanso, dejándonos la piel. Hemos tenido que trabajar el doble... por ti. Eres torpe – sintió como si la acabara de abofetearla – no se te ha dado bien ninguno de los cargos que te encargaba. Se que te esfuerzas. Te he dado muchas oportunidades porque no quería recurrir a lo peor – los ojos se le anegaron de lágrimas. Iba a hacerlo. Iba a despedirla... – y ahora... 

Ayana empezó a balbucear cosas inteligibles mientras las lágrimas le rodaban mejilla abajo sin poder contenerlas pero Megan no las vio. Había saltado de la silla para tirar confeti por los aires.

- ¡Eres una buena camarera! - gritó muy efusiva. Todo el teatro de jefa enfadada había desaparecido para dar paso a la Megan loca de siempre - ¡Felicidades! 

- ¿Qué? - se quedó en shock 

- ¡Lo haces genial! - la abrazó fuerte pero Ayana no se movió – Camarera. ¿Cómo no se me ocurrió antes? No tienes que tocar cables ni botellas, ¡es perfecto para ti! - estaba emocionada y hablaba deprisa - ¿Y sabes qué? tienes un admirador, mira. - Abrió la puerta y metió en el despacho de un tiró a un chico rechoncho, feo y con gafas gruesas. Antes de que el nerd pudiera decir hola lo sacó de allí de un empujón – Bueno ya se que no es como las admiradoras de Morgan pero por algo se empieza. Eres guapa y tienes tu tipito, las camareras como tu son las que atraen a los clientes y eso es fantástico para el negocio. 

Ayana aún estaba perdida así que tras el discurso de la chica analizó la situación. Primero la iba a despedir. La había echo llorar, ofendiendola con palabras duras y luego le tiraba confeti... ¿Pero qué narices era eso? Por un momento vio el símbolo del dólar dibujado en los ojos de la despiadada Megan y no pudo más. Se levantó de golpe tirando la silla, estaba rabiosa pero se recordó que la que tenía delante era su jefa.

- Así que es eso... - dijo controlándose – Así que te alegras de que hayas encontrado algo en lo que te pueda dar más dinero. 

- Ayana, que est... 

- Me ibas a despedir – levantó la voz – me has dicho en pocas palabras que no sirvo para nada... 

- Mujer, era para darle dramatismo – se excusó – No te enfades 

- … y luego me tiras confeti a la cara ¡¿acaso te estas riendo de mi?! 

- Ayana... 

- No, Megan … - abrió la boca pero se lo pesó mejor y la volvió a cerrar, solo quería salir de ese despacho. 

- Espera, no te vayas 

- Tengo trabajo que hacer – fue lo único que dijo.

Ayana salió del despacho sin darle oportunidad de decir nada más. Estaba rabiosa. Morgan la sacaba de sus casillas y Megan se reía de ella. El cabreo era monumental pero no se dejaría llevar. El portazo había llamado la atención del personal, sus compañeros la miraban con curiosidad y ella los desafió a que le tocaran más las narices. Morgan bajó la cabeza y se concentró en los vasos que estaba secando, le había echo perder la sonrisa y eso la reconfortó por dentro de una forma perversa. Luego miró a Lucy para ver si aceptaba su desafío pero ésta hizo algo aun peor. La miró con odio y le dio la espalda. Un jarro de agua fría cayó sobre ella congelando su enfado, y, abatida, recuperó la bandeja y empezó a servir mesas. Tenía trabajo que hacer y una larga noche por delante.

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