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10 agosto 2011

Sephyr, mi dragón.


También puedes leer este relato aquí.


Estaba tumbado en mi prado favorito con los brazos en cruz entrelazando los dedos con la hierba alta. El viento soplaba hacia el este, llevándose los dientes de león consigo.
Eso era paz. Silencio y armonía acompañados por un agradable viento que te susurraba al oído. Lejos de la aldea. Lejos de la obligaciones y las preocupaciones...
Una llamarada pasó justo encima de mi quemando las puntas de la hierba que estaba tocando. Suspiré. Ese dragón no se cansaba nunca.

- Veo que ya has encontrado el mineral – dije aun tumbado. 

Sephyr, mi dragón, masticó sonoramente la roca en respuesta afirmativa. Luego resopló haciendo que el azufre de su aliento reaccionara con el mineral provocando una llamarada. 
Me levanté y puse lo brazos en jarra frunciendo el ceño, haciendo que estaba enfadado, Sephyr me miraba expectante con sus grandes ojos amarillos. 

- Tendré que esconderlo mejor, ya sabes que no quiero que me chamusques 

Sephyr gruño a mi comentario, pues es un dragón y por mucho que entendiera mi miedo al fuego su habilidad seguía siendo escupirlo. Aun que ya estaba medio acostumbrado a que lo hiciera aun seguían poniéndome los pelos de punta. Agachó la cabeza como disculpándose y luego aleteó un par de veces burlándose de mi. No pude mas que sonreír, ese dragón me toma el pelo cada dos por tres. 
Los dragones tienen fama de bestias feroces y asesinas, pero todo cambia cuando te crías con uno. Se crea un lazo muy fuerte entre los dos. 
Hice el amago de ir a por ella y sephyr me imitó, desafiándome. Salí corriendo hacia donde estaba pero el dragón ya trotaba prado abajo. Sabía que no la alcanzaría facilmente y menos con el flato que me estaba dando al reírme. Shepyr aminoró la marcha, ya la estaba alcanzado. Entonces paró en seco y me empotre contra su ala. Ella me cogió el tobillo con la cola y me levantó. 

- Muy graciosa – Sephyr lanzo pequeñas llamitas en señal de que se estaba riendo – ¡Bajame ya! 

Liberó mi tobillo dejándome caer al suelo. “Era peligroso eso de ser amigo de un dragón” me recordé sonriendo para mis adentros.

- Demos una vuelta. 

Al instante, Sephyr se tumbo boca abajo para que pudiera montar y desplegó las alas. Unas alas de dos metros cada una, ya que aun no era adulta, echas de tejido membranoso que acaban en unas afiladas garras en cada extremo. Eran maravillosas.
Cuando comprobó que estaba bien asegurado entre sus cuernos las batió y el vértigo se me atravesó en la garganta y me cerró el estomago. Odiaba despegar, pero me encantaba volar. El dragón lo sabía, por eso siempre emprendía el vuelo lo más rápido posible.
En un abrir y cerrar de ojos estábamos entre las nubes, cortando el aire. Le di un par de toques en el costado con el tobillo y ella captó el mensaje. Batió las alas con mas fuerza para coger velocidad. Eso me recordó que la próxima vez me tendría que coger las gafas de aviador. Entorné los ojos para protegerlos del aire, me agarre fuerte a sus cuernos y volví a darle un toque en el costado. Sin previo aviso Sephyr plegó las alas y caímos en picado. De mi garganta salió un grito que no quise reprimir y el dragón me acompañó con un rugido. A escasos centímetros del suelo las desplegó de golpe y planeó sobre la hierba alta donde había estado tumbado. Luego ganó altura y empezó a dar vueltas en el aire poniéndonos boca abajo y haciendo acrobacias. Me encantaban esos momentos, esa sensación. El cielo era nuestro. 
Después, más tranquilos, sobre volamos el prado, el bosque y el mar. A Sephyr le encantaba volar sobre el mar más que en ningún otro sitio. De vez en cuando se pegaba un chapuzón pero cuando volaba conmigo se limitaba a cortar la superficie del agua con las garras o a cazar algún pez que otro (solo por diversión, claro, ya que su raza era carnívora) así que me relajé. Me acomodé entre sus cuernos y cerré los ojos disfrutando del aire y el agua que salpicaba, ya que volábamos a poca altura. Estaba apunto de quedarme dormido cuando me tiró al agua. Cuando emergí Sephyr ya no estaba. A ese dragón travieso le encantaba jugar y me había vuelto a hacer una de las suyas. Nadé hacia la orilla y la busque entre las rocas pero tampoco estaba. 
A mi espalda escuche un crujido y luego una llamarada pasó rozarme la pierna. Sephyr me dio pequeños empujones en la espalda con el morro, acercándome a la hoguera que acababa de encender para mi. Me quité la ropa mojada y la puse en una roca cerca del fuego para que se secara, pues no podía volver a la aldea empapado y arriesgarme a que descubrieran mi secreto. En sus escamas se reflejaba el hipnotizante baile de las llamas. Apoyé la espalda en una de sus patas y ella me resguardó entre sus alas. 
Para mi no había nada mejor que pasar el tiempo con mi dragón. 









  
                                                                   Sephyr...

1 comentario:

  1. :O me encanta tu blog. esta muy guay q envidia jaja. te sigo
    y promoción xD http://elnidodelheden.blogspot.com/ pasate porfis

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