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14 diciembre 2011

Fanfic Siempre juntos


¡Hola! Después de un tiempo vuelo con un fanfic de uno de mis juegos favoritos ^^
 Kingdom Hearts 

Es un "one-shot" (creo que se dice así xD) sobre Riku, Sora y Kairi cuando son pequeños e inocentes y aun no 
saben nada de los otros mundos.

Espero que os guste ^^ 


La brisa salada entraba por mi ventana semi abierta. Hacia un tiempo muy bueno, soleado pero no muy caluroso, típico de los primeros días del verano.
Hacia unos días había tenido una idea genial que seguro que a los chicos les iba a encantar, así que empecé a bajar todas las mañanas a la playa a recoger las conchas que traían las olas a la orilla. Justo esta mañana termine de llenar el cubo de conchas bonitas así que ahora había que ponerse a trabajar. Nada más terminar de comer me encerré en mi cuarto, saqué del armario el cubo de conchas y el costurero y me puse manos a la obra.
Seleccioné las conchas más bonitas para unirlas con hilos entre sí formando una estrella, me llevó bastante tiempo pero no me quedó nada mal. Una vez acabado el primer regalo, lo miré sonriente y lo dejé encima de la mesa con cuidado. Ese era para Sora, y el siguiente sería para Riku.
Cogí dos conchas para empezar a unirlas con el hilo cuando de pronto una chinita impactó contra mi ventana. Al asustarme dejé caer las conchas al suelo con tan mala suerte que una de ellas se rompió. Las recogí y apretando los pequeños pedazos en el puño me asomé a la ventana para ver quién me llamaba. Era Sora, que me esperaba sonriente bajo mi ventana.

- ¡Ven a jugar Kairi! - gritó con energía nada más verme.

- No, hoy no puedo – su sonrisa desapareció levemente.

- ¿Por qué no? Yo quiero que vengas a jugar conmigo.

Su suplica no hizo más que ensanchar mi sonrisa y animarme a terminar los regalos.

- Es que ahora no puedo ir, ves a jugar con Riku

- Riku se ha ido a la isla sin mí y mi papá no me deja ir solo – me explicó dándole patadas a la arena – además, yo quiero jugar contigo – confesó sonrojándose.

- Ahora estoy ocupada pero luego más tarde iré a jugar contigo

- ¡¿De verdad?! - dijo entusiasmado

- ¡Sí! Y seguro que Riku ya habrá vuelto,  jugaremos los tres juntos  – a Sora se le volvió a escurrir la sonrisa.

- Vaaale – dijo mientras se metenía las manos en los bolsillos y se marchaba.

Me quedé un rato en la ventana mirando como mi amigo se alejaba hacia la playa mientras me daba el fresco aire marino en la cara haciendo revolotear mi pelo rojizo. Entonces noté un dolor punzante en la palma al apretar un poco el puño y recordé que las conchas de Riku se habían roto. Abrí la mano para encontrar los pedazos desperdigados por mi palma. Tenia que poner todo mi empeño en hacer su regalo. Volví a la mesa, dejé los pedazitos amontonados cerca del cubo y empecé de nuevo con el regalo de mi amigo. Escogí las conchas para que tuvieran todas el mismo tono y me fije en cada detalle a la hora de unirlas con el hilo. Tardé un poco más pero el resultado fue inmejorable. Ahora tocaba hacer el mio, escogí las conchas que tuvieran tonos más rosados. Esta vez no me fije tanto en los detalles y tarde menos pero igualmente me gustó mucho el resultado.
Junte los tres regalos en la mesa y me los quedé mirando un rato. La verdad, se veían geniales, me habían quedado muy bien para ser la primera vez que hacia algo parecido y estaba segura de que les iba a encantar. Esa misma tarde cuando estuvieramos juntos se los daría.

- Kairi, a venido Riku a verte.

Antes de que terminaran la frase ya estaban llamando a la puerta.

- E-espera un momento – dije para ganar tiempo.

Corriendo, busque una bolsa para guardar los regalos y la deje en el escritorio detrás de un marco de una foto de la playa de forma que no se viera. Luego, me arregle la ropa y el pelo y abrí la puerta de mi habitación.

- Hola Riku

- Hola kairi, has tardado un rato en abrirme

- ¿Eh? Que va, es que estaba... er... cambiándome de ropa

Se me da muy mal mentir, lo se, pero esta vez Riku se sonrojó un poco así que parecía que había colado.

- Sora me ha dicho que has ido solo a la isla – me apresuré a cambiar de tema.

- Si, es que tenía una cosa que hacer allí. ¿Sabes las frutas en forma de estrella que crecen en el árbol de la isla?

- Paopu, dicen que quienes la coman estarán siempre unidos.

- Kiari – Riku me tendió la fruta estrellada – comamos junt...

- ¡Riku! ¡Has traido el paopu! Es una idea genial, busquemos a Sora y comámosla los tres.

- ¿Qué? No... esp...

Cogí la bolsa escondida de los regalos y arrastré de la mano a Riku fuera de casa mientras balbuceaba alguna cosa que no logré escuchar. Estaba muy emocionada, con el paopu mis regalos tendrían mucho más efecto. Seguro. Encontramos a Sora cerca de su casa así que lo cogí de la mano y los llevé a los dos al muelle donde estaba la barquita que cogíamos siempre para ir a la isla.
Ya estaba anocheciendo y las primeras estrellas ya saludaban desde el cielo. Los chicos me miraban expectantes. Riku estaba muy serio, parecía algo desilusionado y Sora estaba desconcertado pero ambos pusieron cara de asombro cuando les mostré lo que había en el interior de la bosa.

- Esto son amuletos “siempre juntos” - les di a cada uno su amuleto en forma de estrella – Si los tres las llevamos no nos separaremos nunca.

Sora abrio mucho la boca, como queriendo decir algo pero no le salían las palabras, solo lo cogió y lo miró como quien contempla un gran tesoro.

- Es precioso Kairi – dijo Riku.

- Así que esto es lo que estabas haciendo esta tarde ¿verdad?

- Sip. Y ahora se que van a funcionar de verdad, Riku a traido la fruta con forma de estrella de la isla.

Durante unos segundos los dos amigos se miraron con los ojos entrecerrados, como discutiendo sin mediar palabra.

- La tomaremos los tres juntos

- ¡¿Qué?! - dijeron a lo unisono.

- Nos la comeremos los tres juntos. Morderemos a la vez, cada uno por una punta.

Los dos se miraron de nuevo pero esta vez sonreían. Me puse entre los dos ofreciendo la fruta. Yo mordería la punta de arriba y ellos cada uno la de un lado.

- A la de tres. ¡Tres!

Los tres mordimos a la vez. Nuestras cabezas se juntaron en el centro con la fruta. Tenía un sabor maravilloso, dulce y fresco y de pronto, una sensación de agradable calidez se instaló en mi corazón. Miré a uno y a otro y supe que ellos también la estaban sintiendo. Los tres nos abrazamos con fuerza y supimos, que pasara lo que pasara, siempre estaríamos juntos.