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07 enero 2012

La pequeña Mily


Aprendiz de bruja. 1.

Mily cerró los ojos lo más fuerte que pudo pero seguía siendo inútil. Estaba demasiado emocionada para dormirse.
Hoy era un día especial, su cumpleaños. Pero no un cumpleaños cualquiera. Hoy, como todas las chicas de su aquelarre familiar al cumplir los diez años, sería iniciada en la brujería. ¡Cómo para no estar emocionada! Si pasaba la prueba sería oficialmente una bruja. Una pequeña brujita.
Había soñado con ese momento toda su vida y no podía esperar más así que, a pesar de que Fergus, su padre, había insistido mucho en llevarla a una casa encantada de verdad, ella había decidido quedarse durmiendo todo el día. Si dormía, el tiempo pasaría más deprisa y antes llegaría el momento. Con ese razonamiento en la cabeza se había encerrado en su torre, metido en la cama y cerrado los ojos. Pero ya ves. Era inútil, no lo conseguía.
Sin previo aviso, una sacudida hizo temblar todo su dormitorio y unos polvillos un tanto picantes cayeron sobre su rostro. Mily no pudo hacer nada contra el picor de su naricilla y entre estornudo y estornudo, al fin se quedó dormida.

El grillo de la jaula de su mesilla de noche empezaron a cantar para despertarla. Mily había conseguido que su mamá los encantara para que anunciaran la llegada de la noche y, por tanto, la hora de la prueba. Saltó de la cama y de un brinco se plantó ante el armario. Sacó su mejor vestido negro y unas medias a rallas que le fueran a juego y mientras se calzaba sus botines decidió cual iba a ser la poción que realizaría esa noche. Rescató el sombrero puntiagudo que se había comprado a escondidas de debajo de la cama y se lo puso con cuidado de no despeinar su media melena. Ya estaba lista. O eso pensaba ella...  


03 enero 2012

5. Los malos llevan M

Capitulo 5 de ¡Ay Ana! Las cosas se ponen feas para nuestra protagonista. Disfrutad del capitulo ^^


¿Porqué no se podía haber puesto mala? Por qué no podía haberse quedado en casa... Ese día había resultado ser uno de esos en los que por nada del mundo tendrías que haberte levantado de la cama, pero allí estaba, teniendo el peor día de su vida. Parecía que la misión de todo el mundo era amargarle la existencia. 
Se arrastró como pudo hasta lo que últimamente se había convertido en su refugio, el almacén. Apoyó la espalda en la pared y se dejó caer hasta llegar al suelo donde la esperaba su ánimo junto a unas cajas de heineken. Al trabajar cara los clientes estaba forzada a ser simpática así que había estado toda la noche fingiendo estar de buen humor. No lo había echo mal del todo, incluso había veces que casi no le costaba gracias a las bromas de algunos clientes pero la cosa cambiaba cuando se cruzaba con Lucy. Cada mirada de odio era una punzada de dolor que la ponía a prueba. Fue duro pero consiguió mantener la entereza. Y ahora que estaba sola no tenía ganas de llorar ni de liarse a patadas con la pared ni de matar a nadie, solo tenía ganas de volver a casa con su hermano y dormir un día entero. 
No entendía por que Lucy la trataba así ahora. Últimamente se llevaban mucho mejor, al principio de la noche se llevaban bien y luego de repente... Ayana intentó recordar si había echo algo mal, algo que la hubiera molestado tanto que explicara su comportamiento pero no se le venía nada a la mente. No lo entendía. Espera... No, no podía ser eso. Ella sabía que de la única manera que quería ver a Morgan era bajo tierra. Pero por otra parte... No, se negaba a pensar que podía estar así por eso así que le siguió dando vueltas para ver si encontraba el motivo pero no consiguió nada. Tenía que hablar con ella. 
Eran las dos y media de la madrugada y ya se estaban preparando todos para cerrar cuando Ayana decidió ir a buscar a Lucy pero no fue fácil ya que ella la estaba rehuyendo. La buscó por todas partes: baños, almacén, el despacho de mega, backstage, el local en sí... pero era inútil en cuanto ella entraba en un sitio su amiga se las ingeniaba para salir de ahí sin ser vista. Al final, cuando ya estaba apunto de desistir, chocó con ella mientras salía de su preciado almacén, dándose un cabezazo. 

- Lucy, te estaba buscando – dijo mientras se frotaba la frente 

- ¡Déjame en paz! 

La empujó y le dio la espalda dispuesta a irse pero Ayana la cogió del brazo. 

- ¿Se puede saber que coño te pasa conmigo? 

Lucy abrió los ojos como platos en muestra de que no podía creerse que no lo supiera. Abrió la boca para decirle de todo menos bonita pero justo en ese momento llegó Morgan con su don de la oportunidad llamando a Ayana desde lejos. Solo pudo poner los ojos en blanco, pegar tirón para liberar su brazo y largarse de allí cuanto antes. La fatídica teoría se confirmaba: todo era por Morgan. 

- Hey Ayana, te estado buscando ¿Donde te habías metido? 

Ayana lo miró por unos segundos, ni siquiera se molestó en gastar saliva para soltar alguna perla de las suyas. Salió directa al callejón de atrás para pelearse con los cubos de basura. Descargando su rabia. 
Más tarde, cuando se hubo desfogado lo suficiente entró al local para recoger sus cosas y marcharse a casa de una vez por todas. ¡Por Dios, que ganas tenía de tirarse en plancha en la cama y terminar ese jodido día! Chaqueta en mano se dirigió a la puerta sin despedirse de nadie. Su hermano apareció por la entrada, tan elegante como siempre. La verdad es que no lo esperaba y la embargó la alegría y el alivió de encontrar a un aliado al fin... Bueno, aliado. Más bien traidor. Ayana levantó los brazos para recibirlo con un abrazo pero él pasó de largo dejándola sola con los brazos en alto como una estúpida. 

- Morgan, ¿preparado para la noche? 

- Preparadas tendrán que estar las chicas ahí fuera, colega – rió 

Morgan... De nuevo Morgan... Su propio hermano había pasado de largo por su culpa. Definitivamente la misión de todos era amargarla. 
Apretó los puños y la mandíbula. “Mrob” siseó antes de marcharse. 


- Estúpido Morgan, pretencioso, ladrón de amigos, cara culo – maldecía Ayana mientras iba de un lado a otro de la cocina de su casa. 

- Quieres estarte quieta, me estas poniendo nervioso. 

Rob se frotó los ojos y descasó la cabeza en la mano. Casi no podía mantenerse despierto pero tenía que hacerlo si no quería acabar con la cara metida en el plato que su querida hermanita le había puesto delante. Ella lo llamaba comida. Él seguía teniendo sus serias dudas de que quisiera envenenarlo. 

- ¿te estoy poniendo nervioso? - dijo en tono sarcástico – usted perdone, señorito marques de la casa. Olvidaba que anoche se corrió una juerga con el enemigo número uno. 

Justo cuando terminó de decir eso una chica desconocida atravesó la casa como un rayo con los zapatos en la mano y despeinada para irse con un portazo. A Ayana le calló la boca hasta el suelo de tanto que se le abrió y miró a su hermano pidiendo una explicación. Este solo bufó. 

- Has traído a una chica a casa, sin decirme nada... - en ese momento una segunda chica se marchó de la misma manera que la primera - ¡¿DOS CHICAS?! 

- Sí, dos chicas. Morgan es el mejor compañero de ligues que he tenido jamas. 

- Siempre “actúas” en solitario 

- Pues por eso es el mejor que he tenido nunca – la lógica aplastante calló sobre su hermana 

- Maldito Mrob... - siseó 

- ¿Mrob? ¿qué es eso? 

- ¡Tú! Tu eres Mrob. Todos los que os habéis empeñado en hacerme la vida imposible tenéis la inicial M menos tu, así que te la pongo yo. 

- … Explicate... - dijo cansinamente. Esto tenía pinta de ser otro de sus delirios... 


- Todo es culpa de Morgan. Desde que Megan lo contrató todo ha ido a peor. Ella no pierde oportunidad de tacharme de inutil y anoche me lo llamó en toda la cara. Morgan me ha robado a Lucy y tu le sigues el rollo. Eres un traidor. ¡Hacerle eso a tu propia hermana! Eres como ellos... 

- ¿No crees que estas exagerando un poco? 

- No. 

Ayana le sirvió su lata de atún al gato y éste, con su mal humor de siempre, le mordió la mano, haciendole una herida profunda. 

- ¿Lo ves? Hasta Michi la tiene tomada conmigo. 

- Vamos Ayana, tu gato siempre te ha tenido manía y yo no soy ningún traidor, sigo siendo tu hermano. Deja que te cure. 

- No, tu comete eso – señalo el plato – no lo has tocado aún. 

Rob puso cara de estar viendo una de esas peliculas gore que tanto odiaba. La comida de su hermana le causaba la misma sensación que ver tripas, le revolvía el estomago. Aprovechó que se quedó solo para echarle la comida a Michi, que no le hacía ascos a nada. Ayana volvió a la cocina con la mano vendada. 

- Estoy harta de todo Mrob 

- No me llames eso – dijo molesto, no le gustaba nada este ridículo mote. 

- Te llamare lo que quiera – vio que la comida había desaparecido del plato - ¿has vuelto a tirar la comida que te preparo? 

- Sí – dijo desafiante 

- ¿y como quieres que no te llame Mrob si demuestras que eres igual que ellos? 

- Deja tus paranoias Ana... 

La discusión se vio interrumpida por Michi, que estaba teniendo más arcadas de lo normal. Eso no era una bola de pelo... De pronto el gato calló al suelo desmayado. El ambiente tenso había cambiado de pronto por el de la preocupación. Ayana miró a Rob y éste puso los ojos en blanco. 

- Y querías que me lo comiera... - dijo en voz baja – Era una muerte anunciada. Llevalo al veterinario. 

Ayana no pudo decir nada, sabía que era culpa suya. Envolvió a Michi en una manta y se lo llevó a ver al doctor. 

- Apuntate a un curso de cocina. 

Fue lo ultimo que le dijo su hermano antes de marcharse.