Traductor

English French German Spain Italian Dutch Russian Portuguese Japanese Korean Arabic Chinese Simplified

this widget by www.AllBlogTools.com

07 enero 2012

La pequeña Mily


Aprendiz de bruja. 1.

Mily cerró los ojos lo más fuerte que pudo pero seguía siendo inútil. Estaba demasiado emocionada para dormirse.
Hoy era un día especial, su cumpleaños. Pero no un cumpleaños cualquiera. Hoy, como todas las chicas de su aquelarre familiar al cumplir los diez años, sería iniciada en la brujería. ¡Cómo para no estar emocionada! Si pasaba la prueba sería oficialmente una bruja. Una pequeña brujita.
Había soñado con ese momento toda su vida y no podía esperar más así que, a pesar de que Fergus, su padre, había insistido mucho en llevarla a una casa encantada de verdad, ella había decidido quedarse durmiendo todo el día. Si dormía, el tiempo pasaría más deprisa y antes llegaría el momento. Con ese razonamiento en la cabeza se había encerrado en su torre, metido en la cama y cerrado los ojos. Pero ya ves. Era inútil, no lo conseguía.
Sin previo aviso, una sacudida hizo temblar todo su dormitorio y unos polvillos un tanto picantes cayeron sobre su rostro. Mily no pudo hacer nada contra el picor de su naricilla y entre estornudo y estornudo, al fin se quedó dormida.

El grillo de la jaula de su mesilla de noche empezaron a cantar para despertarla. Mily había conseguido que su mamá los encantara para que anunciaran la llegada de la noche y, por tanto, la hora de la prueba. Saltó de la cama y de un brinco se plantó ante el armario. Sacó su mejor vestido negro y unas medias a rallas que le fueran a juego y mientras se calzaba sus botines decidió cual iba a ser la poción que realizaría esa noche. Rescató el sombrero puntiagudo que se había comprado a escondidas de debajo de la cama y se lo puso con cuidado de no despeinar su media melena. Ya estaba lista. O eso pensaba ella...  


03 enero 2012

5. Los malos llevan M

Capitulo 5 de ¡Ay Ana! Las cosas se ponen feas para nuestra protagonista. Disfrutad del capitulo ^^


¿Porqué no se podía haber puesto mala? Por qué no podía haberse quedado en casa... Ese día había resultado ser uno de esos en los que por nada del mundo tendrías que haberte levantado de la cama, pero allí estaba, teniendo el peor día de su vida. Parecía que la misión de todo el mundo era amargarle la existencia. 
Se arrastró como pudo hasta lo que últimamente se había convertido en su refugio, el almacén. Apoyó la espalda en la pared y se dejó caer hasta llegar al suelo donde la esperaba su ánimo junto a unas cajas de heineken. Al trabajar cara los clientes estaba forzada a ser simpática así que había estado toda la noche fingiendo estar de buen humor. No lo había echo mal del todo, incluso había veces que casi no le costaba gracias a las bromas de algunos clientes pero la cosa cambiaba cuando se cruzaba con Lucy. Cada mirada de odio era una punzada de dolor que la ponía a prueba. Fue duro pero consiguió mantener la entereza. Y ahora que estaba sola no tenía ganas de llorar ni de liarse a patadas con la pared ni de matar a nadie, solo tenía ganas de volver a casa con su hermano y dormir un día entero. 
No entendía por que Lucy la trataba así ahora. Últimamente se llevaban mucho mejor, al principio de la noche se llevaban bien y luego de repente... Ayana intentó recordar si había echo algo mal, algo que la hubiera molestado tanto que explicara su comportamiento pero no se le venía nada a la mente. No lo entendía. Espera... No, no podía ser eso. Ella sabía que de la única manera que quería ver a Morgan era bajo tierra. Pero por otra parte... No, se negaba a pensar que podía estar así por eso así que le siguió dando vueltas para ver si encontraba el motivo pero no consiguió nada. Tenía que hablar con ella. 
Eran las dos y media de la madrugada y ya se estaban preparando todos para cerrar cuando Ayana decidió ir a buscar a Lucy pero no fue fácil ya que ella la estaba rehuyendo. La buscó por todas partes: baños, almacén, el despacho de mega, backstage, el local en sí... pero era inútil en cuanto ella entraba en un sitio su amiga se las ingeniaba para salir de ahí sin ser vista. Al final, cuando ya estaba apunto de desistir, chocó con ella mientras salía de su preciado almacén, dándose un cabezazo. 

- Lucy, te estaba buscando – dijo mientras se frotaba la frente 

- ¡Déjame en paz! 

La empujó y le dio la espalda dispuesta a irse pero Ayana la cogió del brazo. 

- ¿Se puede saber que coño te pasa conmigo? 

Lucy abrió los ojos como platos en muestra de que no podía creerse que no lo supiera. Abrió la boca para decirle de todo menos bonita pero justo en ese momento llegó Morgan con su don de la oportunidad llamando a Ayana desde lejos. Solo pudo poner los ojos en blanco, pegar tirón para liberar su brazo y largarse de allí cuanto antes. La fatídica teoría se confirmaba: todo era por Morgan. 

- Hey Ayana, te estado buscando ¿Donde te habías metido? 

Ayana lo miró por unos segundos, ni siquiera se molestó en gastar saliva para soltar alguna perla de las suyas. Salió directa al callejón de atrás para pelearse con los cubos de basura. Descargando su rabia. 
Más tarde, cuando se hubo desfogado lo suficiente entró al local para recoger sus cosas y marcharse a casa de una vez por todas. ¡Por Dios, que ganas tenía de tirarse en plancha en la cama y terminar ese jodido día! Chaqueta en mano se dirigió a la puerta sin despedirse de nadie. Su hermano apareció por la entrada, tan elegante como siempre. La verdad es que no lo esperaba y la embargó la alegría y el alivió de encontrar a un aliado al fin... Bueno, aliado. Más bien traidor. Ayana levantó los brazos para recibirlo con un abrazo pero él pasó de largo dejándola sola con los brazos en alto como una estúpida. 

- Morgan, ¿preparado para la noche? 

- Preparadas tendrán que estar las chicas ahí fuera, colega – rió 

Morgan... De nuevo Morgan... Su propio hermano había pasado de largo por su culpa. Definitivamente la misión de todos era amargarla. 
Apretó los puños y la mandíbula. “Mrob” siseó antes de marcharse. 


- Estúpido Morgan, pretencioso, ladrón de amigos, cara culo – maldecía Ayana mientras iba de un lado a otro de la cocina de su casa. 

- Quieres estarte quieta, me estas poniendo nervioso. 

Rob se frotó los ojos y descasó la cabeza en la mano. Casi no podía mantenerse despierto pero tenía que hacerlo si no quería acabar con la cara metida en el plato que su querida hermanita le había puesto delante. Ella lo llamaba comida. Él seguía teniendo sus serias dudas de que quisiera envenenarlo. 

- ¿te estoy poniendo nervioso? - dijo en tono sarcástico – usted perdone, señorito marques de la casa. Olvidaba que anoche se corrió una juerga con el enemigo número uno. 

Justo cuando terminó de decir eso una chica desconocida atravesó la casa como un rayo con los zapatos en la mano y despeinada para irse con un portazo. A Ayana le calló la boca hasta el suelo de tanto que se le abrió y miró a su hermano pidiendo una explicación. Este solo bufó. 

- Has traído a una chica a casa, sin decirme nada... - en ese momento una segunda chica se marchó de la misma manera que la primera - ¡¿DOS CHICAS?! 

- Sí, dos chicas. Morgan es el mejor compañero de ligues que he tenido jamas. 

- Siempre “actúas” en solitario 

- Pues por eso es el mejor que he tenido nunca – la lógica aplastante calló sobre su hermana 

- Maldito Mrob... - siseó 

- ¿Mrob? ¿qué es eso? 

- ¡Tú! Tu eres Mrob. Todos los que os habéis empeñado en hacerme la vida imposible tenéis la inicial M menos tu, así que te la pongo yo. 

- … Explicate... - dijo cansinamente. Esto tenía pinta de ser otro de sus delirios... 


- Todo es culpa de Morgan. Desde que Megan lo contrató todo ha ido a peor. Ella no pierde oportunidad de tacharme de inutil y anoche me lo llamó en toda la cara. Morgan me ha robado a Lucy y tu le sigues el rollo. Eres un traidor. ¡Hacerle eso a tu propia hermana! Eres como ellos... 

- ¿No crees que estas exagerando un poco? 

- No. 

Ayana le sirvió su lata de atún al gato y éste, con su mal humor de siempre, le mordió la mano, haciendole una herida profunda. 

- ¿Lo ves? Hasta Michi la tiene tomada conmigo. 

- Vamos Ayana, tu gato siempre te ha tenido manía y yo no soy ningún traidor, sigo siendo tu hermano. Deja que te cure. 

- No, tu comete eso – señalo el plato – no lo has tocado aún. 

Rob puso cara de estar viendo una de esas peliculas gore que tanto odiaba. La comida de su hermana le causaba la misma sensación que ver tripas, le revolvía el estomago. Aprovechó que se quedó solo para echarle la comida a Michi, que no le hacía ascos a nada. Ayana volvió a la cocina con la mano vendada. 

- Estoy harta de todo Mrob 

- No me llames eso – dijo molesto, no le gustaba nada este ridículo mote. 

- Te llamare lo que quiera – vio que la comida había desaparecido del plato - ¿has vuelto a tirar la comida que te preparo? 

- Sí – dijo desafiante 

- ¿y como quieres que no te llame Mrob si demuestras que eres igual que ellos? 

- Deja tus paranoias Ana... 

La discusión se vio interrumpida por Michi, que estaba teniendo más arcadas de lo normal. Eso no era una bola de pelo... De pronto el gato calló al suelo desmayado. El ambiente tenso había cambiado de pronto por el de la preocupación. Ayana miró a Rob y éste puso los ojos en blanco. 

- Y querías que me lo comiera... - dijo en voz baja – Era una muerte anunciada. Llevalo al veterinario. 

Ayana no pudo decir nada, sabía que era culpa suya. Envolvió a Michi en una manta y se lo llevó a ver al doctor. 

- Apuntate a un curso de cocina. 

Fue lo ultimo que le dijo su hermano antes de marcharse. 

14 diciembre 2011

Fanfic Siempre juntos


¡Hola! Después de un tiempo vuelo con un fanfic de uno de mis juegos favoritos ^^
 Kingdom Hearts 

Es un "one-shot" (creo que se dice así xD) sobre Riku, Sora y Kairi cuando son pequeños e inocentes y aun no 
saben nada de los otros mundos.

Espero que os guste ^^ 


La brisa salada entraba por mi ventana semi abierta. Hacia un tiempo muy bueno, soleado pero no muy caluroso, típico de los primeros días del verano.
Hacia unos días había tenido una idea genial que seguro que a los chicos les iba a encantar, así que empecé a bajar todas las mañanas a la playa a recoger las conchas que traían las olas a la orilla. Justo esta mañana termine de llenar el cubo de conchas bonitas así que ahora había que ponerse a trabajar. Nada más terminar de comer me encerré en mi cuarto, saqué del armario el cubo de conchas y el costurero y me puse manos a la obra.
Seleccioné las conchas más bonitas para unirlas con hilos entre sí formando una estrella, me llevó bastante tiempo pero no me quedó nada mal. Una vez acabado el primer regalo, lo miré sonriente y lo dejé encima de la mesa con cuidado. Ese era para Sora, y el siguiente sería para Riku.
Cogí dos conchas para empezar a unirlas con el hilo cuando de pronto una chinita impactó contra mi ventana. Al asustarme dejé caer las conchas al suelo con tan mala suerte que una de ellas se rompió. Las recogí y apretando los pequeños pedazos en el puño me asomé a la ventana para ver quién me llamaba. Era Sora, que me esperaba sonriente bajo mi ventana.

- ¡Ven a jugar Kairi! - gritó con energía nada más verme.

- No, hoy no puedo – su sonrisa desapareció levemente.

- ¿Por qué no? Yo quiero que vengas a jugar conmigo.

Su suplica no hizo más que ensanchar mi sonrisa y animarme a terminar los regalos.

- Es que ahora no puedo ir, ves a jugar con Riku

- Riku se ha ido a la isla sin mí y mi papá no me deja ir solo – me explicó dándole patadas a la arena – además, yo quiero jugar contigo – confesó sonrojándose.

- Ahora estoy ocupada pero luego más tarde iré a jugar contigo

- ¡¿De verdad?! - dijo entusiasmado

- ¡Sí! Y seguro que Riku ya habrá vuelto,  jugaremos los tres juntos  – a Sora se le volvió a escurrir la sonrisa.

- Vaaale – dijo mientras se metenía las manos en los bolsillos y se marchaba.

Me quedé un rato en la ventana mirando como mi amigo se alejaba hacia la playa mientras me daba el fresco aire marino en la cara haciendo revolotear mi pelo rojizo. Entonces noté un dolor punzante en la palma al apretar un poco el puño y recordé que las conchas de Riku se habían roto. Abrí la mano para encontrar los pedazos desperdigados por mi palma. Tenia que poner todo mi empeño en hacer su regalo. Volví a la mesa, dejé los pedazitos amontonados cerca del cubo y empecé de nuevo con el regalo de mi amigo. Escogí las conchas para que tuvieran todas el mismo tono y me fije en cada detalle a la hora de unirlas con el hilo. Tardé un poco más pero el resultado fue inmejorable. Ahora tocaba hacer el mio, escogí las conchas que tuvieran tonos más rosados. Esta vez no me fije tanto en los detalles y tarde menos pero igualmente me gustó mucho el resultado.
Junte los tres regalos en la mesa y me los quedé mirando un rato. La verdad, se veían geniales, me habían quedado muy bien para ser la primera vez que hacia algo parecido y estaba segura de que les iba a encantar. Esa misma tarde cuando estuvieramos juntos se los daría.

- Kairi, a venido Riku a verte.

Antes de que terminaran la frase ya estaban llamando a la puerta.

- E-espera un momento – dije para ganar tiempo.

Corriendo, busque una bolsa para guardar los regalos y la deje en el escritorio detrás de un marco de una foto de la playa de forma que no se viera. Luego, me arregle la ropa y el pelo y abrí la puerta de mi habitación.

- Hola Riku

- Hola kairi, has tardado un rato en abrirme

- ¿Eh? Que va, es que estaba... er... cambiándome de ropa

Se me da muy mal mentir, lo se, pero esta vez Riku se sonrojó un poco así que parecía que había colado.

- Sora me ha dicho que has ido solo a la isla – me apresuré a cambiar de tema.

- Si, es que tenía una cosa que hacer allí. ¿Sabes las frutas en forma de estrella que crecen en el árbol de la isla?

- Paopu, dicen que quienes la coman estarán siempre unidos.

- Kiari – Riku me tendió la fruta estrellada – comamos junt...

- ¡Riku! ¡Has traido el paopu! Es una idea genial, busquemos a Sora y comámosla los tres.

- ¿Qué? No... esp...

Cogí la bolsa escondida de los regalos y arrastré de la mano a Riku fuera de casa mientras balbuceaba alguna cosa que no logré escuchar. Estaba muy emocionada, con el paopu mis regalos tendrían mucho más efecto. Seguro. Encontramos a Sora cerca de su casa así que lo cogí de la mano y los llevé a los dos al muelle donde estaba la barquita que cogíamos siempre para ir a la isla.
Ya estaba anocheciendo y las primeras estrellas ya saludaban desde el cielo. Los chicos me miraban expectantes. Riku estaba muy serio, parecía algo desilusionado y Sora estaba desconcertado pero ambos pusieron cara de asombro cuando les mostré lo que había en el interior de la bosa.

- Esto son amuletos “siempre juntos” - les di a cada uno su amuleto en forma de estrella – Si los tres las llevamos no nos separaremos nunca.

Sora abrio mucho la boca, como queriendo decir algo pero no le salían las palabras, solo lo cogió y lo miró como quien contempla un gran tesoro.

- Es precioso Kairi – dijo Riku.

- Así que esto es lo que estabas haciendo esta tarde ¿verdad?

- Sip. Y ahora se que van a funcionar de verdad, Riku a traido la fruta con forma de estrella de la isla.

Durante unos segundos los dos amigos se miraron con los ojos entrecerrados, como discutiendo sin mediar palabra.

- La tomaremos los tres juntos

- ¡¿Qué?! - dijeron a lo unisono.

- Nos la comeremos los tres juntos. Morderemos a la vez, cada uno por una punta.

Los dos se miraron de nuevo pero esta vez sonreían. Me puse entre los dos ofreciendo la fruta. Yo mordería la punta de arriba y ellos cada uno la de un lado.

- A la de tres. ¡Tres!

Los tres mordimos a la vez. Nuestras cabezas se juntaron en el centro con la fruta. Tenía un sabor maravilloso, dulce y fresco y de pronto, una sensación de agradable calidez se instaló en mi corazón. Miré a uno y a otro y supe que ellos también la estaban sintiendo. Los tres nos abrazamos con fuerza y supimos, que pasara lo que pasara, siempre estaríamos juntos.



25 octubre 2011

Dance with the devil



Me llevé a la nariz la copa con el liquido transparente. Parecía agua pero no me fiaba así que la dejé en la mesa. Estaba aturdida. Sentía el cuerpo entumecido y me costaba pensar. No entendía nada, me había despertado sentada en esa silla y nada más. No recordaba nada.
Miré a mi alrededor. Era una sala de baile poco iluminada y abarrotada de personas con ropas y peinados elegantes. Imperaban el color negro, blanco y gris. Solo esos tres colores por todas partes. La música era melodiosa y un tanto tétrica pero no sabía de donde salía, miré por todas partes pero no veía ningún músico ni ningún aparato que la reproduciese. Tan solo veía a gente riendo de forma siniestra y parejas bailando dando vueltas sobre si mismas en un eterno vals.

Me di cuenta que llevaba puestos unos guantes negros al apartarme un oscuro mecho de la frente. Me los quité al instante ya que no eran míos y entonces me fije que llevaba un vestido que no recordaba haberme puesto. Era de seda negra, largo hasta más abajo de las rodilla y ceñido al cuerpo. De cuello de camisa redondo y mangas cortas un poco abombadas. Al ser ceñido resaltaba mis pechos y una cinta también negra apretaba mi cintura. Tanto las mangas como la falda terminaban en encajes con motivos florales. La verdad es que me pareció un vestido precioso pero me desconcertaba cómo podía llevarlo puesto. Calzaba unos zapatos con un poco de tacón que me parecieron de esos que llevan las niñas buenas y en mis muslos notaba la goma de las medias blancas. Me llevé las manos a la cabeza. Viendo el estilo de las personas del baile esperaba encontrarme con un complicado recogido pero solo llevaba puesta una diadema y mi pelo caía lacio sobre mis hombros. La elegancia también puede encontrarse en la simpleza de una diadema, pensé, y me alegré de ello.

Aún me encontraba indispuesta y por mucho que me esforzara por intentar recuperar aunque fuera un vago recuerdo de cómo había llegado hasta ahí o de quién me había arrastrado hasta ese oscuro baile era inútil. Mi mente estaba vacía y agotada.
Me sentía realmente cansada y tan solo quería marcharme de aquel extraño lugar. Localicé las puertas dobles que me sacarían de la sala y me levanté con decisión, pero fuertes manos me agarraron por los brazos y me retuvieron en la silla. Barios hombres y mujeres hicieron un corrillo a mi al rededor mientras reían y decían cosas que no lograba entender. Iban enmascarados. Todos tenían puestas mascaras venecianas. Unas más simples, otras más elaboradas pero todas en tonos oscuros. Y a mi cansada mente se le ocurrió una pregunta más que añadir a mi mar de dudas. Si era un baile de máscaras, ¿por qué yo era la única que no llevaba una? No me molesté en buscar una respuesta, solo quería salir de ahí cuanto antes. Los enmascarados seguían haciéndome corrillo pero ahora ya no estaban pendientes de mi, reían y hablaban entre ellos así que decidí aprovechar la ocasión. Me volví a levantar y los sorteé, pero no llegué mucho más lejos de tres míseros pasos. Un hombre me cogió por la cintura arrastrándome a la pista de baile. El contacto de nuestras manos me reveló que sus guantes blancos también eran de seda, al igual que su chaleco negro sobre la camisa gris oscuro con las mangas remangadas. Intenté escabullirme pero no estaba lo suficientemente lúcida y mis movimientos eran lentos. A cada torpe intento me cogía otro hombre para dar vueltas al son de la música. Sin darme cuenta bailé la pieza entera de vals cambiando de pareja en cada giro. Me encontraba mareada. Por la situación y por haber pasado los últimos tres minutos dando vueltas, y las risas y las máscaras no me ayudaban nada. Me agarré al hombre con el que había terminado la ultima vuelta para no caer de bruces al suelo. Éste rió, y su risa me heló la sangre. Sin duda había algo extraño en esas personas, algo oscuro y peligroso.
La música cesó y los enmascarados se quedaron quietos como estatuas de sal. No más música, no más risas, no más parloteo. Por unos instantes todo quedó en silencio. El hombre me soltó y se alejó de mi en dirección a las puertas dobles, todos los demás lo siguieron. Les imité, pero nadie me dejó llegar a la salida, nadie me dejó avanzar un solo paso hacia las puertas. Una marea de vestidos elegantes y mascaras venecianas abandonó el lugar dejándome totalmente sola en esa sala grande, oscura y fría.

Estaba apunto de desplomarme cuando el sonido de una manivela me alertó. Alcé la vista para encontrarme con unas escaleras en las que no había reparado hasta el momento. Mármol, sin duda. Unas escaleras anchas de frío mármol blanco, y arriba del todo una mujer cerraba una puerta con delicadeza tras su espalda. Era alta, y llevaba un vestido de seda negra. Sin vuelo, la falda caía lacia hasta sus pies ocultando unas largas piernas de las que solo se podía advertir su blanca piel por el corte lateral de su vestido que se abría al caminar. El contoneo de sus curvas al bajar los escalones era hipnótico y sus generosos pechos se balanceaban levemente con cada paso. Se acercaba, y todo apuntaba a que tenía que huir de ese lugar, de esa mujer. Sin embargo, atraída por una fuerza extraña, fui a su encuentro en mitad de la pista. Su máscara ocultaba la mitad de su rostro pero supe que era hermosa. De rasgos afilados enmarcados por mechones claros de su corta cabellera y unos labios finos, bien dibujados.

La música volvió a sonar desde cuál fuese el lugar del que salía. Otro vals. La mujer hizo una reverencia y esperó a que la correspondiera. Sin ser dueña de mis actos, recogí mi falda y bajé la cabeza. Deslizó suavemente sus dedos por la palma de mi mano hasta estrecharla y posó la otra mano sobre mi espalda. Asintió a mi expresión desconcertada, desconcertándome aún más. Comenzamos nuestro baile dando vueltas y vueltas sobre nosotras mismas. Las notas de piano hacían que se movieran mis pies en pequeñas y lentas zancadas y la belleza de la mujer y el poder oscuro que desprendía en cada movimiento se encargaron de poner mi mente en blanco, dejándome totalmente a su merced.

No podía apartar la mirada de esa boca perfecta, extrañamente de color carmín intenso, rompiendo con la estética oscura. Ella sonrió y se relamió dejando ver una lengua puntiaguda que, muy lejos de horrorizarme, me excitó. Paró nuestro baile ¿se habría dado cuenta? Me sonrojé ligeramente al pensar en esa posibilidad y ella volvió a relamerse. Con parsimonia, se deshizo de su máscara dejando al descubierto unas largas pestañas y unos ojos negros sin pupila. Acortó las distancias entre nuestros labios y sin darme opción introdujo su lengua en mi boca. El rubor encendió mis mejillas al sentir su jugueteo. Bajó las manos lentamente hasta posarlas en la parte baja de mi espalda y me apretó contra su cuerpo. Nuestros pechos se juntaron y al moverse crearon una fricción deliciosa entre la seda y la piel. La mujer se separó unos centímetros para contemplar mis ojos brillantes y mi boca entre abierta pidiendo más de ella entre suspiros. Su amplia sonrisa me volvió loca. Bailamos la pieza de vals dando furiosas vueltas hasta que mi trasero dio contra un altar sobre el que me tumbó. La lujuria en su mirada hizo que mi rubor se concentrara en más partes a demás de en mis mejillas. Sus besos y sus caricias eran las más fogosas que había sentido jamás. No tardó en levantarme la falda y tirar de la goma de mis medias. El dolor en mis muslos me resultó terriblemente placentero y algo me decía que todo con ella iba a ser así.


18 septiembre 2011

Harley soul


El viento árido me pega en la cara y el sol destella en mis gafas de sol. El cuero de mis guantes cruje al acelerarla. Suerte que en ese desierto del infierno no este la pasma para tocarme las narices.
Hago un giro brusco para no despeñarme barranco abajo y el derrape levanta una nube de polvo bestial. La adrenalina corre rápida por mis venas y mi grito se alza triunfal por haberme reído de la muerte una vez más. “Algún día te mataras de verdad” es lo que me decía a menuda esa zorra de mi mujer. “Tranquila nena, no tendrás esa suerte” es lo que yo le contestaba siempre. Cuanto más me lo decían más disfrutaba de mis escapadas, más me acercaba al borde, más vivo me sentía. ¿Rebelde sin causa? Yo creo que sentirse vivo y libre es una causa más que buena. Me la suda que no lo entiendan. Solo mi pequeña me comprende, y yo la comprendo a ella. Gasolina de la mejor calidad, cuero del bueno para el asiento y un buen mantenimiento que la dejara siempre brillante y apunto. A nadie le dedico tanto tiempo como a mi harley.
You could be mine” sonaba en mi cabeza mientras sorteaba los cactus y volaba con los cambios de altura. Me encanta que este terreno hostil no sea llano. Es jodidamente perfecto. Aunque le pasa factura a la harley, no escatimo en mecánicos. Tengo a los mejores trabajando en mi pequeña. La gente dice que quiero más a mi moto que a mis propios hijos. Je, no saben cuanta razón tiene. Amenazaron con quitármela, cabronazos, han salido todos a su puñetera madre, de ahí que no les tenga demasiado aprecio. Su única misión es sacarme toda la pasta que gano en el taller de este maldito pueblucho dejado de la mano de Dios. Y mi única vía de escape es jugármela en este precipicio.
El sol se perdía entre las montañas. Hora de volver a casa. Aceleré una ultima vez antes de llegar a la carretera donde la pasma, que me tenían fichado, estarían esperando que tuviera un desliz para ponerme entre rejas.

Al llegar limpié la moto pero esta vez no la cubrí con la sabana para esconderla. La deje bien a la vista. Me sacudí el polvo de mi chaleco sin mangas y me pasé un trapo por las botas. De vuelta al hogar, si señor. Algo me decía que hoy iba a ser la noche definitiva. Abrí la puerta de una patada pero nadie se inmutó. Encontré a mi mujer y a mi hijo pequeño durmiendo en el comedor entre botellas de alcohol barato. Sin duda habían estado toda la tarde bebiendo mano a mano. Los gemidos de una extraña llegaban desde el dormitorio del mayor, no me hizo falta asomarme al pasillo para saber que se la estaba tirando a cuatro patas con la puerta abierta. Esa era la canción de todos los días. Me pregunté donde estaba el mediano y no tarde mucho en encontrarlo. No debió de escuchar mis botas entrar por la puerta y eso me dio la ventaja. El cabrón había abierto mi caja fuerte y estaba guardando los fajos en una funda de almohada. El muy canalla no tenía ni para una bolsa decente. Le cogí por la camisa y le descargue toda mi ira en la cara. Lo tumbe de un solo puñetazo.

Era cierto. Esa noche era la definitiva. Sin pensármelo dos veces llené el petate con mi ropa y guarde mis efectos personales y el dinero en los bultos de la harley. Me largaba de allí para siempre.

Podrías ser mía, pero estas fuera de linea. Con tus palabritas de puta y tu lengua de cocaína no tienes nada echo... Dije que tu... podrías ser mía”
You could be mine” Gran canción, aun seguía en mi mente sonando con más fuerza que nunca mientras me preparaba.

Debí hacer esto hace mucho tiempo pero bueno, mejor tarde que nunca. Al fin viajaría libre con mi pequeña sin estar atado a nada ni a nadie. Me apreté la bandana en la cabeza, me ajuste los guantes y la acelere un par de veces. Me daba igual que se despertaran y salieran a ver mi partida o que se quedan en casa como si yo no fuera nadie para ellos por que para mi ya no eran nada.

Encendí el faro y me alejé por el horizonte en busca de mi destino dejando volar alto mi alma de motero.  


29 agosto 2011

Nueva finalidad

¡Hola a todos!

Como dice el titulo, he decidido darle a este blog una nueva finalidad. 
¿Os acordáis que en la primera entrada dije que mi intención era publicar historias de vampiros y algún que otro drama? Pues bien, yo quería publicar sobre cosas paranormales y el único apartado que ha ido creciendo es de drama romántico... Me había ido del tema principal completamente y ya es hora de remediarlo.
Me he dado cuenta de que no puedo publicar sobre vampiros por que todo lo que tengo son historias largas que, o bien no continuo o no están bien montadas. Es una lástima pero es así y me niego a seguir siendo mono temática. Es un royo... A demás de que no me gustaba nada el tono que le estaba dando.

Aún así, después de meditar si dejarlo de lado o no, he decidido continuar. Aunque no sea muy comentado si que lo visitáis y eso me anima un poco. 
A partir de ahora publicare relatos cortos de cualquier cosa que escriba y continuaré subiendo capítulos de ¡Ay Ana! 

Y como he cambiado la finalidad también he cambiado el diseño y la distribución. Estaba un poco harta de verlo todo tan oscuro aunque sigo manteniendo la estética de negro y rojo. ¿Os gusta? 

En fin, espero que disfrutéis del blog ^^ 
Aprovecho también para traeros mi nuevo blog de temática fantástica "Bajo el ala de mi dragón" 


Gracias por leer ^^